Lo "real" es un mundo en llamas. Una tristeza inmunda. El horror sin dosificación ni medida.
Lo "real" es un cadáver ardiendo en mitad de la noche. Un desmembramiento horrible en cualquier rincón oscuro.
Abel y Caín repitiéndose eternamente, sin descanso ni sosiego.
Un día no te despiertas más.
Y te vas, como cosa cotidiana.
Un día no sufres más. No se acumula más la angustia en tu pelo blanco. En tu barriga fofa. En tus orejas caídas.
Un día devienes recuerdo en la triste memoria de alguien que te quiso.
Sucesivamente.
Saber poco como declaratoria de frustración... Escribir poco como monumento a la frustración... Andar viviendo y devenir, por sí mismo, toda frustración.
Habitamos los fondos de la tristeza. Como si nada...
Somos la tristeza simulando la vida. Como si nada...
Pasan los días y las temporadas. Tan tristes. Como si nada...
Supongo que nuestra generación se levantará por fin un día, se mirará al espejo y encontrará el patético rostro de su idiotez. Y será tal vez muy tarde...
También somos esas vidas rotas. La desgracia de los días y las temporadas vacías. La inercia de un caos siniestro esparciéndose tristemente en cada rincón del universo.