¿De qué sirve acusar al Pdte Petro de dividir e incendiar el país, si cuando tiende la mano o convoca al diálogo también le dan la espalda?
La oposición no busca consensos, solo recuperar el poder que perdió en las urnas.
El 2 de marzo de 2018, en Cúcuta, estaba haciendo un live para registrar el momento de la llegada de Gustavo Petro al parque general Santander cuando de repente empezaron a sonar disparos, justo en la ventana en la que venía el candidato.
Todo quedó registrado en video. Nunca dejé de transmitir. En seguida la Fiscalía de NHM salió a decir que se trataba de piedras. Contraté expertos y me dijeron que una piedra jamás produciría un daño semejante en un blindaje 5.
La prensa jamás mostró indignación ni envió periodistas a ver el carro a preguntarles a los peritos si había sido un atentado o no.
Una de las balas pegó en el vidrio delantero con el carro en movimiento y a gran velocidad. Sin duda era un francotirador. Ninguna persona se atraviesa a una camioneta escoltada con motos para tirar una piedra, de frente.
En fin, solo quería decirles que ese día por poco matan a Gustavo Petro. La camioneta era polarizada y a la ventana por la que yo venía, nunca le dispararon. Sabían de qué lado venía el candidato desde que se subió en el parqueadero del hotel donde nos quedamos y por ese lado dispararon. Para bajar los ánimos, y sin conocer el veredicto de un perito, ese mismo día el candidato dijo que se trataba de piedras pero no fue así. Siempre han querido matar a Petro. Incluso ahora que está en la presidencia.
País inviable. Maldita violencia. Hagan Cuentas: Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro, Álvaro Gómez… Siete candidatos presidenciales asesinados en un siglo. Sin contar que varios se salvaron como Petro, Como Samper y ojalá, Dios quiera, Miguel Uribe.
Han asesinado a los ministros de justicia Rodrigo Lara Bonilla y Enrique Low Murtra y abalearon un tercero: Enrique Parejo González. Asesinaron al procurador Carlos Jiménez Gómez.
Y aunque no lo crean, los asesinos son los mismos.