"Escuchar esa voz exige, por supuesto, respetar la libertad del otro; pero exige también asumir una responsabilidad hacia él. No basta con reconocerlo como sujeto de derechos. Es preciso hacerse cargo de quien sufre, del pobre, de quien permanece situado fuera del sistema y, precisamente por ello, revela las limitaciones morales del propio sistema."
Los problemas que tienen los que promueven la “prioridad nacional”, son que al campo no se le pueden poner puertas y que la mano de obra barata de los inmigrantes la reciben los empresarios como agua de mayo.
Mi ciudad es un huevo frito
Por José Bejarano
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