El mundo está construído, literalmente, para las personas delgadas. Los espacios físicos, el transporte, la vestimenta y hasta el equipamiento hospitalario, están diseñados ignorando deliberadamente a las personas gordas. No es un accidente ni una coincidencia.
Las personas delgadas piensan que no solo es bueno, sino casi heróico, acercarse a las personas gordas para aconsejarnos sobre nutrición y deporte. Con ello están asumiendo que, tan solo por ser más delgades, saben más sobre nuestra propia salud que nosotres mismes.
El límite que tienes en tu cabeza de cómo es una persona gorda «aceptable», y en qué punto comienza a ser algo «malo», es totalmente arbitrario. El valor de una persona no tiene límite de peso.