Fear not, friends, as we will show them no mercy. We never said "easy", we said "beautiful", and those are exactly the moments we train for. This is why we do this job. High stakes game, good opponent. What a privilege to be the one taking down China's first seed.
To battle!
Worlds es el torneo más importante del mundo de los esports. Un behemot que trasciende al mainstream al colaborar con artistas como Linkin Park o llenar míticos estadios. Pero, por encima de todo, la cita marcada en rojo en el calendario por cualquier aficionado a League of Legends.
No importa cuánto tiempo lleves sin ver o echar una partida. Tampoco que la competición te pille en medio de clase, en la oficina o te lleve a perder el horario de sueño que tanto te habías esforzado en establecer como parte de las responsabilidades de una rutina adulta.
Todo queda en segundo plano cuando algo prende en tu interior nada más escuchar el himno, ver uno de los épicos teasers o cruzarte con el primer highlight que te incita a recrear un outplay que probablemente sabes que eres incapaz de emular. Antes de darte cuenta, movido por un resorte, acabas de sintonizar la retransmisión mientras metes cola en el cliente.
De repente, en tus mensajes aparece el compañero de batallas al que le habías perdido la pista tras alejarte de la Grieta del Invocador. Aquel grupo olvidado en el que se quedaba cada noche para unas flex entra en ebullición. De la nada, aunque no sepas ni lo que hace el último campeón, vuelves a ser un erudito del macro capaz de hacerle un peritaje a los mejores del mundo.
Poco a poco, el que ni siquiera conocía el formato del torneo se encuentra maldiciendo los cruces del sorteo de Vicente. Tanto los que no han visto un partido en todo el año como los que no se han perdido una serie están con el alma en vilo ante un amenazador flanqueo. Quien normalmente se muestra imperturbable se sorprende a sí mismo al saltar de la silla después de una apoteósica teamfight. Hasta los corazones de piedra se ablandan cuando los campeones del mundo se funden en un abrazo, bañado tanto por sonrisas como lágrimas, tras caer el nexo con el que han soñado toda una vida.
Y, nada más concluir la emisión, una indescriptible sensación del que es consciente de haber sido testigo de un acontecimiento que le acompañará hasta la tumba. Una suerte de vacío que, de vuelta a la cotidiana realidad, solamente puede llenarse con la próxima edición del mundial.
Por más que lo intente, no es algo que pueda explicar con unas líneas de texto. Hace falta estar viendo una partida a escondidas en la universidad, de reojo en medio de una reunión, disfrutándolas con tus seres queridos o simplemente con el corazón en un puño en tu habitación para entenderlo de verdad.
En un mundo a menudo despiadado, en una industria que atraviesa un invierno que ha mermado la fe, ser capaz aunque sea durante un mes de despertar el brillo de las miradas es un triunfo con más peso que cualquier trofeo.
Aunque sólo un equipo levante la copa, el verdadero éxito de todos los que forman parte de #Worlds2024 es darle a millones de personas un motivo para mantener la ilusión. Un motivo para creer.
@ToadAmarillo "No pienso opinar de un jugador contra el que nunca he jugado" Pausa de 2 segundos y procede a soltar mierda como un desquiciado. El nuevo astro belga.