ㅤㅤ⸻ 𝑂FERTA DE ℑNTERACCIÓN. Después de tantas idas y venidas con la cuenta, ¡me gustaría revitalizar las interacciones de Dalila! Fav aquí para que pensemos un vínculo por mensaje; emoji abajo para una mención relacionada. 🐀
Aún jadeaba del baile cuando deslizó detrás de Illana, moviéndose como entre melaza. Dejó caer su propio peso sobre una palma y esta, contra la mesa, al lado de la cor dentes. El alivio de descargarse así, aunque fuera sólo parcialmente, le hormigueó en todos los músculos; si »
le había preguntado cómo se llamaba aquella mujer a la que Dalila miraba tanto mientras bailaban. Ella había respondido “Elara” mientras giraba en sus brazos, y luego, cuando la música le había dado la oportunidad, no había dudado en dejarse robar por otra bailarina.
—Pero se »
—¿Seguro que no hay tortuga? —se entrometió con tono ligero cuando Alek mencionó los platos típicos.
El salón entero olía a una mezcla de alcohol, cuerpos y pescado frito y guisado y asado. Pese a su estómago revuelto, ella misma había estado buscando un manjar en »
detenerse antes de chocar contra el borde. Tenía las mejillas encendidas.
—No quiero comer —ofreció como explicación, en voz queda. El barullo de los festejos se tragaba su voz.
Aun con la sangre regresando a sus extremidades, Dalila se sentía pesada, desmañada, como hecha de metal y oxidándose bajo el salitre. Los nativos recibieron su torpeza entre risas. No pudo evitar reír con ellos (la carcajada le cayó a borbotones, quemándole la »
uvidenses, si Dalila era muy, muy afortunada.
Uno de sus compañeros —¿Nestor? ¿O Xanthe? La imagen se volvía un borrón— soltó su mano en pleno tirabuzón. El impulso la arrojó contra la mesa de los pupilos; apenas tuvo tiempo de alzar sus palmas, por reflejo, para »
bailarines comieran mientras danzaban. Así que se había arrojado a la pista, y ahora se dejaba pasar de mano mano, entre piruetas, e ignorando resueltamente las protestas de su estómago y las inquietudes de su cabeza.
Mientras tanto, Dalila había encontrado la forma de escabullirse del trío de muchachas que agasajaban a los pupilos con plato tras plato de delicias, divirtiéndose, al parecer, en verlos cambiar de púrpura-de-frío a un tono crecientemente verdoso. Nadie esperaba que los »
—Si te duermes —susurró—, no podrán ofenderse por que no comas.
Ella también había aterrizado sin gracia en su propio cuerpo, tras haber atravesado como flotando el último tramo hasta su destino. Su cuerpo entero protestaba contra el ruido y los olores, y sin embargo Dalila »
El muchacho tenía ya poco humor para las compañías reales, y menos todavía para aquellos salones llenos de gente conversando, cantando, y dando voces. Buscó de nuevo a Dalila, y dejó reposar la mejilla en su hombro.
—— Estoy agotado.
Y, ¡claro! de que se rían de sus historias, ¿gigantes? Pffff, niños del desierto, no saben de qué hablan.
Las habitaciones estarán listas en un rato, ¿cuanto rato? Imposible saber. Probablemente a la madrugada.
Se deshizo de sus prendas de abrigo. Les habían sido asignadas todavía en Toberon, en preparación para helor de Uvides, pero, encharcadas y goteando a sus pies, no hacían de barrera para nada sino para el calor de las llamas. Aún no se atrevía a probar bocado. El esófago le »