Os presento a Marcos Senna.
Fue el pivote de la Selección Española en el Mundial de 2006 y la Eurocopa de 2008. En esta última, España fue campeona y Senna fue elegido en el once ideal del torneo.
A diferencia de Lamine Yamal y Nico Williams, él no nació en España, sino en São Paulo y no llevaba ni cuatro años resiendo en suelo español cuando debutó con La Roja.
Y, sin embargo, nadie necesitó convertir cada partido de Marcos Senna en una campaña de integración cultural.
No hubo discursos impostados, vídeos aleccionadores ni generadores de opinión explicándonos constantemente lo importante que era aceptar como español a un futbolista español.
Porque el debate no tiene que ver con el color de piel. Tampoco con el origen de los padres de Lamine Yamal o Nico Williams. La cuestión es que una parte de los actuales creadores de opinión vive de fabricar conflictos donde no existen.
Necesitan encontrar racismo en cada esquina, dividir a la gente en bloques y presentar como una batalla social algo que para la mayoría de los aficionados es mucho más sencillo: once futbolistas defendiendo la misma camiseta.
Marcos Senna llegó desde Brasil, se nacionalizó, jugó con España y fue uno de los hombres más importantes del primer gran título de aquella generación. La gente lo celebró como celebró a Xavi, a Casillas o a Fernando Torres. Sin tutoriales morales y sin que nadie tuviera que recordarnos cada cinco minutos que también era español.
Hay opinadores tan acomplejados y tan enganchados al conflicto que prefieren fabricar una batalla racial antes que asumir una verdad mucho menos rentable: cuando juega España, a (casi) nadie le importa cuál es el origen de sus jugadores. Aunque, como en todo, tontos hay en todas partes.
🖥️💥 Cobardía absoluta del VAR en el Francia - Marruecos.
👉🏻 Mbappé se deja caer antes de producirse el contacto con Mazraoui.
❌ 𝗡𝗢 𝗘𝗦 𝗣𝗘𝗡𝗔𝗟𝗧𝗜.
▪️ De hecho, es un piscinazo tan descarado que debió conllevar tarjeta amarilla para el francés.
Lo de la Ley de nietos cómo va?
Que alguien que vive a 10.000km, no paga impuestos en mi país, ni responsabilidad ni obligaciones ni nada; pero su voto es exactamente igual que el mío?
Significa eso? Pregunto porque estoy leyendo cosas y no entiendo nada
Si España tiene una mínima posibilidad de ganar el Mundial es por Lamine Yamal.
Si España no tiene al mejor entrenador de la actualidad, Luis Enrique, es por gente como tú.
No hace falta decir nada más.
Los campos tienen que estar sembrados de cereal, con sus rebaños de ovejas y con sus vacas pastando. En los campos tiene que haber tractores gordos arando con un señor con su gorra de Caja Rural preparando cosechas. No a los huertos solares. SÍ a la Energía Nuclear. SÍ al campo.
🚨🚨Comunicado de todas las asociaciones de jueces y fiscales profesionales e independientes , ante los gravísimos hechos de acoso, denigración y hostigamiento a la magistrada Beatriz Biedma, que se están publicando en los medios de comunicación, que contrastan con la vergonzosa y tibia nota del CGPJ y con el
impresionante silencio de algunos.
Creo que este duro comunicado debe ir acompañado de otras actuaciones que se intuyen en su párrafo final, y que deberían pasar por la inmediata comunicación a las instituciones europeas de lo que aquí está ocurriendo e incluso, cuando la investigación avance y se concreten las imputaciones, por el ejercicio de las oportunas acciones legales.
A ti que lees esto y te indignas, te pido que retuitees y difundas 👇👇
Blas de Lezo derrotó a la mayor flota británica de su época…
y aun así, mucha gente jamás ha oído hablar de él.
¿Por qué?
Porque hay derrotas que ciertas potencias prefieren borrar de la memoria colectiva.
En este extracto de conferencia reflexiono sobre cómo, tras comprender que el mundo hispano no podía ser destruido fácilmente por las armas, comenzó también una batalla cultural y política destinada a fracturar la unidad hispánica desde dentro.
La batalla de Cartagena de Indias no fue solamente una victoria militar.
Fue una demostración de la enorme fuerza estratégica, naval y organizativa del mundo hispano.
Pero de eso se habla poco.
Muy poco.
👉 Más contenido y estudio histórico en mi club privado:
https://t.co/AbjxJ8Zyiz
#historia #derecho #hispanidad #felipeii #juicioderesidencia #corrupcion #historiadelDerecho #imperioespañol #cesarperezguevara #historiareal
Cosas que pasan en el mundo editorial. Saca libro nuevo Etgar Keret, quizá el mejor cuentista del mundo. Ni caso en suplementos, ningún ruido, me cruzo con el libro (de milagro, porque tampoco está ahí destacado) en una librería. Pasó lo mismo con el anterior.
Leed a Keret.
El mapa imposible dentro de tu cabeza
Hay imágenes que producen una impresión extraña incluso antes de entenderlas. Esta infografía del cerebro humano pertenece a esa categoría.
Al principio parece un exceso visual, una maraña imposible de líneas, colores y nombres técnicos. Recuerda al plano eléctrico de una central industrial, al mapa de metro de Tokio o al panel de conexiones de una nave espacial donde alguien ha intentado meter una civilización entera.
Pero después llega la verdadera sacudida.
Eso no representa una máquina externa. Representa a una parte de ti.
Cada recuerdo de infancia, cada canción que te emociona, cada miedo nocturno, cada rostro que aún eres capaz de reconocer, cada intuición, cada enfado, cada sueño extraño y cada frase que estás leyendo ahora dependen de una arquitectura parecida.
Dentro de tu cráneo hay unos 86.000 millones de neuronas. No millones. Miles de millones. Y cada una puede conectarse con miles de otras a través de sinapsis. Las estimaciones suelen hablar de alrededor de 100 billones de conexiones. Es decir, una cifra tan grande que empieza a parecer más astronómica que biológica.
Y todo eso funciona consumiendo unos 20 vatios, similar que muchas bombillas antiguas. Ese es el primer escándalo.
El cerebro humano es probablemente el objeto más complejo conocido del universo y, al mismo tiempo, es el instrumento con el que intentamos comprender el universo. Es la herramienta que está intentando entenderse a sí misma.
Una ciudad construida sobre sus propias ruinas
La primera reacción normal ante una imagen así es pensar que el cerebro parece diseñado de forma caótica. Y, en cierto sentido, lo es.
No se parece a un ordenador moderno construido desde cero con módulos limpios y rutas perfectamente ordenadas. Se parece más a una ciudad milenaria que nunca dejó de crecer. Roma sobre aldeas antiguas. Londres sobre caminos medievales. Madrid sobre capas de muralla, arrabales, ensanches, túneles, rotondas y apaños.
La evolución no trabaja como un ingeniero que derriba el edificio antiguo para levantar otro mejor. Trabaja reutilizando, adaptando y parcheando. Si una estructura funciona lo suficiente para sobrevivir, se conserva, aunque no sea elegante.
Por eso el cuerpo humano está lleno de rodeos y redundancias. El ojo tiene un punto ciego porque el cableado de la retina sale por delante. La espalda paga el precio de haber convertido a un antiguo cuadrúpedo en bípedo.
Y el nervio laríngeo recurrente de la jirafa hace un recorrido absurdamente largo, bajando hacia el tórax y volviendo al cuello, por una herencia evolutiva antiquísima. El cerebro también carga esa historia. No es una máquina perfecta. Es una máquina superviviente.
Tiene zonas antiquísimas dedicadas a la respiración, la alerta, el hambre o el miedo. Tiene circuitos de recompensa que nos empujan hacia comida, sexo, vínculo y novedad. Tiene regiones corticales más recientes que permiten lenguaje, abstracción, cálculo, planificación y memoria autobiográfica.
Y aun así, de esa acumulación de capas, remiendos y soluciones improvisadas emergieron el lenguaje, la música, las matemáticas, el humor, la religión, la ciencia y las civilizaciones enteras.
El cerebro visto por un ingeniero
La infografía resulta todavía más fascinante cuando descubres quién está detrás. Su autor no procede del mundo médico tradicional, sino de la ingeniería aeroespacial y los sistemas de guiado.
Esto explica por qué el cerebro aparece representado como una gigantesca red de señales, sensores y rutas de procesamiento. No parece una lámina anatómica clásica. Parece un sistema de navegación militar, una placa base descomunal o la arquitectura interna de una infraestructura tecnológica que nadie se atrevería a desmontar.
Y, en el fondo, hay algo profundamente acertado en esa mirada. El cuerpo humano no solo siente el mundo. Lo mide constantemente.
El oído interno, por ejemplo, funciona como un sofisticado sistema de navegación inercial. Sus canales semicirculares detectan giros de la cabeza. Los órganos otolíticos detectan aceleración y gravedad. Gracias a ese sistema puedes caminar, girar, bajar escaleras o mirar hacia un lado sin que el mundo se convierta en una cámara temblorosa.
Cuando mueves la cabeza, tus ojos se compensan casi de inmediato mediante el reflejo vestíbulo-ocular. Es una especie de estabilizador biológico, anterior a cualquier cámara deportiva. No piensas “voy a corregir la imagen”. Simplemente ocurre.
Mientras caminas, giras la cabeza o esquivas un bordillo, millones de correcciones microscópicas ocurren en tiempo real. Ojos, músculos, cerebelo, médula, oído interno y reflejos trabajan coordinados antes incluso de que seas consciente de ello.
El cuerpo corrige errores constantemente sin pedir permiso a la conciencia.
El error del ordenador biológico
Durante décadas se popularizó la idea de que el cerebro era una especie de ordenador biológico. La comparación sirve para ciertas explicaciones sencillas, pero se queda corta muy rápido.
Un ordenador clásico separa funciones y ejecuta instrucciones precisas. El cerebro mezcla química, electricidad, hormonas, emociones, memoria y percepción en una red viva y cambiante.
Una neurona no es simplemente un cable. Puede disparar impulsos eléctricos, recibir señales químicas, reforzar conexiones, debilitarlas, reorganizarse y modificar su comportamiento según la experiencia. El cerebro no solo procesa información. Se reescribe mientras vive.
La dopamina no significa simplemente placer. También participa en movimiento, aprendizaje, motivación, expectativa y búsqueda. Por eso aparece en circuitos de recompensa, pero también en enfermedades como el párkinson, donde se altera el control motor.
La amígdala no es solo miedo. Funciona como un detector de relevancia emocional. El hipocampo no almacena recuerdos como archivos cerrados. Reconstruye escenas y contextos constantemente cada vez que recordamos algo. Recordar no es abrir una carpeta intacta. Es volver a montar una escena con piezas disponibles.
Incluso la visión funciona de forma menos intuitiva de lo que imaginamos. La corteza visual no recibe una película terminada. Reconstruye bordes, profundidad, movimiento y color a partir de señales parciales. La retina ya empieza a procesar información antes de que llegue al cerebro. No somos cámaras. Somos intérpretes.
De hecho, una parte enorme de la corteza está dedicada a procesar visión, directa o indirectamente. No porque ver sea fácil, sino porque ver es dificilísimo. Reconocer una cara en medio segundo, leer una expresión, calcular distancia, detectar movimiento y distinguir un objeto de su sombra exige una maquinaria brutal. Y eso conduce a una idea inquietante.
No existe un pequeño “yo” sentado dentro de la cabeza mirando pantallas. No hay una cabina central de mando. Lo que llamamos identidad parece emerger de miles de procesos parcialmente sincronizados.
El gran misterio que la imagen no puede mostrar
Y aquí aparece el verdadero abismo. La consciencia no aparece representada de forma directa en ninguna parte de la infografía.
Puedes señalar regiones relacionadas con memoria, atención, lenguaje o emoción. Puedes rastrear neurotransmisores y redes neuronales. Puedes estudiar el tálamo, la corteza prefrontal, las redes frontoparietales, el tronco encefálico o el llamado “modo por defecto”, esa red que se activa cuando la mente divaga, recuerda, imagina o construye una narrativa sobre sí misma.
Pero no existe una flecha que diga que es aquí o allí donde ocurre la experiencia subjetiva.
La neurociencia moderna puede correlacionar actividad cerebral con estados mentales. Puede observar qué zonas se activan cuando reconoces una cara, escuchas música, sientes dolor o recuerdas la casa de tu infancia. Puede incluso detectar patrones que permiten adivinar, con cierto margen, qué tipo de imagen está viendo una persona. Pero sigue intacta la pregunta decisiva.
¿Por qué todo eso se siente desde dentro?
Podemos describir impulsos eléctricos y patrones de activación con enorme precisión. Sin embargo, eso todavía no explica por qué existe la experiencia subjetiva del rojo, de la nostalgia, del miedo o de una melodía que te deja callado.
Sabemos mucho sobre la infraestructura. Sabemos bastante sobre los cables, las estaciones y los circuitos. Pero la pregunta de quién está en casa sigue siendo uno de los mayores misterios intelectuales de la humanidad.
La realidad como una reconstrucción útil
El cerebro tampoco percibe el mundo de forma pasiva. Lo interpreta, lo simplifica y lo anticipa constantemente.
Tus ojos tienen puntos ciegos y limitaciones. La imagen que llega a la retina está invertida, fragmentada y llena de información incompleta. El cerebro rellena huecos, corrige errores y construye una versión operativa de la realidad suficientemente fiable para sobrevivir.
Eso significa que no ves el mundo bruto. Ves una reconstrucción útil del mundo.
Y esa reconstrucción está llena de trucos. Por eso funcionan las ilusiones ópticas. Por eso a veces ves movimiento donde no lo hay. Por eso puedes leer una palabra aunque falten letras. Por eso reconoces una cara conocida incluso con mala luz, de perfil o envejecida veinte años.
El cerebro no espera a recibir toda la información. Predice. Apuesta. Rellena. Luego corrige.
En cierto sentido, vivimos dentro de un modelo generado por nuestro propio sistema nervioso. No vemos la realidad como es en sí misma, sino una versión compatible con nuestras necesidades de criaturas que deben moverse, comer, recordar, evitar peligros y reconocer a los suyos.
Y cuando dormimos, esa misma maquinaria puede fabricar universos enteros sin estímulos externos directos. Sueños, imágenes, recuerdos deformados y narraciones absurdas aparecen dentro de un cráneo completamente aislado del exterior. La mente no solo registra la realidad. También la ensaya.
La pequeña central eléctrica del cráneo
Hay otro dato que parece casi cómico. El cerebro pesa alrededor de 1,3 o 1,4 kilos, apenas una pequeña parte del peso corporal, pero consume cerca del 20 % de la energía del organismo en reposo. Es un órgano caro.
El cuerpo lo alimenta como quien mantiene encendida una ciudad de noche. Glucosa, oxígeno, riego sanguíneo continuo. Si falla el suministro durante unos minutos, el daño puede ser irreversible.
Y pese a esa fragilidad, su eficiencia es insultante para nuestras máquinas. Con unos 20 vatios mantiene la respiración, regula el cuerpo, procesa sentidos, sostiene memoria, produce lenguaje, anticipa riesgos, sueña, calcula, se emociona y puede preguntarse por Dios, por la muerte o por el origen del cosmos.
Un superordenador necesita salas, refrigeración y cantidades enormes de energía para realizar ciertas tareas específicas. Tu cerebro, en cambio, hace reconocimiento visual, control motor, intuición social, imaginación y lenguaje mientras tú caminas por la calle pensando en qué vas a cenar.
No es perfecto. Se equivoca, se sesga, se fatiga, se obsesiona y se engaña a sí mismo. Pero como sistema biológico es una obscenidad de eficiencia.
El cableado que escribió sinfonías
Quizá esa sea la idea más impresionante de todas. La infografía parece un desastre de cableado biológico, un “bad cable management” construido durante cientos de millones de años de improvisación evolutiva.
Y sin embargo, de ahí salieron Bach, Miguel Ángel, Shakespeare, las matemáticas, las catedrales, la teoría de la relatividad y los viajes espaciales.
Ese amasijo de carne eléctrica descubrió el fuego, domesticó animales, inventó la escritura, levantó ciudades, midió el tiempo, pintó bisontes en cuevas, compuso réquiems, diseñó vacunas, construyó telescopios capaces de observar galaxias remotas y desarrolló ecuaciones para describir el origen del universo. Después utilizó todo eso para hacerse una pregunta todavía más extraña.
¿Qué significa ser consciente?
Quizá nunca hayamos contemplado algo más extraordinario que eso. Porque al final, esta infografía no muestra simplemente neuronas y conexiones. Muestra una de las rarezas más increíbles del cosmos conocido.
Es materia que ha llegado a preguntarse qué es la materia. Un laberinto biológico que sueña. Una red de impulsos eléctricos capaz de mirar al universo y sentir vértigo.
🚨 ESCANDALAZO MUNDIAL 🚨
💥Despues del MAYOR ESCANDALO ARBITRAL EN LA HISTORIA DE UN CLASICO...
‼️‼️Hernández Hernández PITARA EL DECISIVO DEL DOMINGO‼️‼️
😳ENCERRONA ASEGURADA
💣💣RT MASIVO💣💣