The Holdovers es una anomalía dentro del cine navideño, y justamente por eso, una de las mejores. No habla de quienes viajan para reencontrarse con sus familias y cumplir el ritual de las fiestas, sino de quienes se quedan atrás: los que no son esperados en ningún lugar. En ese margen, lejos del entusiasmo obligado, la película encuentra algo más honesto: un espacio para el afecto, para el encuentro inesperado y para aquello que más falta en Navidad: la posibilidad de no fingir, de no tener que estar bien, y de simplemente ser, en paz.