Fui a misa y el padre dijo algo que me encantó: 'Si una persona no te acerca a Dios, es porque no te la mandó Dios'. Y creo que nunca debemos olvidar eso.
Ya no me digan que él perdió. Él no perdió nada. Perdí yo. Perdí el tiempo, las ganas, la calma; perdí yo al quererlo con todo lo que tenía, al entregarle partes de mí que no suelo darle a cualquiera, al quedarme incluso cuando algo dentro de mí ya sabía que debía irme.