Y con todo Smith se deja por identificar uno de los grandes problemas de base de algunos psicólogos evolucionistas: su compromiso radical con la selección a nivel de genes u organismos y su rechazo a la selección multinivel.
Merece la pena leer este capítulo de Barbara Herrnstein Smith donde critica a la psicología evolucionista (mainly Pinker) en su libro "Scandalous knowledge". Muchos de los problemas que señala son monopolio de algunos autores y de naturaleza epistemológica. El programa aguanta.
The first time I felt that Argentina had a very high opinion of itself was in 1996 when this happened to me, described in my Substack piece:
“For a country with this level of economic hardship and holding its head high, I have a personal experience. Many years ago, I was invited to a conference in Buenos Aires. I did not go because Argentinian consulate in New York denied my visa application on the ground that I harbored an intention to immigrate to that country. I have no idea how they arrived at this reading of my intention but here are the facts at their disposal: I was a citizen of a country that grew its GDP every year by 8 to 9 percent; I had a green card of a country that was the sole superpower in the world after the collapse of the Soviet Union, and I was a faculty member at one of the best universities in the world, on top of the fact that I was completely illiterate in the wonderful language of Spanish.” To this day Argentina is the only country that has denied me an entry visa.
I have never been a big fan of two-round voting systems because they can easily lead to odd outcomes.
Yesterday, I put together a hypothetical example for a discussion about electoral reform in Spain, in which a two-round system is supported by some commentators.
Imagine a country with 100 single-member districts, each with 1,000 registered voters. The districts are drawn by a computer algorithm following a well-defined rule (say, a measure of geographic compactness), so there is no gerrymandering. Whoever wins a district takes the seat.
To be concrete, I will use the French electoral rules:
1) To win outright in the first round, a candidate needs an absolute majority of the votes cast and at least 25% of the registered voters.
2) If nobody clears that bar, the leading candidates go to a second round. To qualify, you need votes worth at least 12.5% of the registered voters.
3) The second round is decided by simple plurality: the most votes wins, no majority required.
There are three parties: A, B, and C.
Party B is popular. In 48 districts it takes 100% of the vote on 100% turnout — 1,000 votes, an overwhelming first-round win.
In the 49th district, Party B is still strong but falls just short of a majority: 499 votes for B, 499 for C, and two for A. In the runoff, C stands aside and its voters move to B, so B wins its 49th seat with 998 votes.
In 51 of the remaining districts, turnout is low: only 510 of the 1,000 registered vote. Party A is lucky and gets exactly 126 votes in each, just over the threshold to reach the second round. Party B gets 254, right below the majority, and C gets the rest. In the runoff, C again stands aside and its voters move to A. Final tally in each: A 256, B 254.
The result is comic. Party A wins 51 seats, an absolute majority of the chamber, on 6,428 first-round votes, about 8.6% of the total. And in this first round, it is actually the party with the fewest votes of the three! Party B, despite gathering 61,453 votes in the first round (nearly 82% of the total), ends up with just 49 seats.
But it is worse: in the second round, Party B wins a majority (51.7%) of the popular vote, but takes only one of the 52 runoffs.
The key is voter efficiency. Party B stacks up enormous majorities in its strongholds, while Party A wins each of its seats by the narrowest margin.
None of this is realistic, of course. But that is what a thought experiment is for: an extreme case that strips the mechanism bare.
Finally, note that the idea is the same if, instead of parties, we have groups of candidates of roughly the same ideas: candidates supporting a set of ideas A win a majority despite being supported only by a small fraction of voters.
Also, this does not mean that two-round systems are never the right choice for a country. Every electoral rule has flaws (we have the theorems to prove it), and in practice, we are only ever choosing the least bad among bad options. For most countries, though, I doubt a two-round system is the choice.
Juan José Linz es el español que más ha contribuido al estudio de los sistemas políticos. Sus obras ya son clásicas y, con toda razón, existe un instituto que lleva su nombre en la Universidad Carlos III de Madrid.
Uno de sus trabajos más célebres es “Los problemas del presidencialismo” (“The Perils of Presidentialism”, Journal of Democracy, 1990), en el que formula la hipótesis de que las democracias presidenciales son más inestables que las parlamentarias.
Esa hipótesis recibió un sólido apoyo empírico en “Democracy and Development: Political Institutions and Well-Being in the World, 1950–1990”, de Adam Przeworski, Michael E. Alvarez, José Antonio Cheibub y Fernando Limongi. Con datos de 135 países entre 1950 y 1990, las democracias parlamentarias muestran una probabilidad de supervivencia mucho mayor que la de las presidenciales.
El resultado no es tan concluyente como nos gustaría, porque hay un problema de endogeneidad: los sistemas presidenciales suelen surgir tras dictaduras militares y en contextos golpistas. Pero, controlando por ese efecto lo mejor que se puede, sigue habiendo evidencia bastante clara de que las democracias presidenciales son más inestables. Trabajos posteriores lo cuantifican: con datos de 1946 a 2002, la vida esperada de una democracia presidencial rondaba los 24 años, frente a los 58 de una parlamentaria.
El motivo es sencillo. En una democracia presidencial hay dos fuentes de legitimidad, la del presidente y la del parlamento, y, en ausencia de un árbitro claro, esas dos legitimidades tienden a chocar. A ello se suma la rigidez de los mandatos fijos: cuando el conflicto estalla, no hay válvula de escape.
Incluso en Estados Unidos, con un Tribunal Supremo dotado de gran auctoritas, los enfrentamientos entre el presidente y el Congreso son constantes y, más de una vez (como los cierres de la Administración o las crisis del techo de deuda pública), han estado a punto de provocar problemas serios.
Las democracias parlamentarias están, además, claramente asociadas con un mejor desarrollo humano y económico y con menos corrupción (Gerring, Thacker y Moreno, “Are Parliamentary Systems Better?”, Comparative Political Studies, 2009), aunque, de nuevo, arrastramos problemas de endogeneidad. En general, son más eficaces para evitar personalismos e imponer la rendición de cuentas.
A fin de cuentas, todos estaremos de acuerdo en que no hay mejores democracias en el planeta que las de Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia o Nueva Zelanda, y todas son democracias parlamentarias sin “separación de poderes” ni sistemas mayoritarios uninominales.
Por eso, yo estoy en contra de tener una elección separada de presidente del gobierno (a una o dos vueltas) o de cambiar en exceso la ley electoral, y mi reforma favorita sería debilitar el cerrojo de protección que nuestro presidente tiene en este momento en la Constitución de 1978, con la necesidad de una moción de censura constructiva (por ejemplo, forzando unas elecciones si los presupuestos no salen adelante).
A usted puede que no le guste la situación actual en España. A mí tampoco. Pero podría ser peor. Cambiar no significa mejorar.
Pero sea cual sea la posición que uno adopte en estos debates, la lección principal que quiero transmitir hoy es otra.
Los sistemas electorales, el grado de división de poderes, la relación entre ejecutivo y legislativo, etc., no son cosas que debamos diseñar a partir de razonamientos filosóficos a priori, sino a partir de la evidencia histórica e internacional y de modelos cuantitativos en los que los agentes (votantes, políticos, partidos) toman decisiones respondiendo a los incentivos y las restricciones a los que están sometidos.
Esto lleva, claro, a muchas decepciones. Es mucho más fácil escribir un libro de 300 páginas teorizando sobre la necesidad de una estricta separación de poderes o sobre “la representatividad” que arremangarse y estudiar durante años los detalles empíricos de si un sistema mayoritario sirve de verdad para rendir mejor cuentas a los votantes.
En España, donde la formación siempre ha sido de letras (incluso hoy, en buena medida), esto de mirar la evidencia histórica e internacional o de resolver un problema de interacción estratégica resbala mucho. En dos años completos de Derecho Político en la carrera (años de los que no me puedo quejar: tuve dos profesores excelentes, al menos dentro de la tradición de la que venían), leímos todo lo leíble de filosofía política y teorizamos todo lo teorizable sobre “la representatividad”, pero no miramos un solo dato.
Y resbala, además, porque cuando uno trabaja en serio en un problema descubre muchas veces que lo que creía que era la respuesta no lo es. A mí me ocurre constantemente; por eso escribo trabajos académicos. Diría que en al menos la mitad de lo que tengo publicado el resultado no era el que esperaba cuando empecé. Sospecho que a los filósofos de salón que escriben grandes tratados no les pasa nunca: su opinión es siempre la misma, porque ya conocen la “verdad”.
Por eso, cuando leo las decenas de comentarios que me dejan sobre que “esto es más democrático” o “esto funcionaría mejor”, sin una sola referencia histórica e internacional (o, en el mejor de los casos, con un conocimiento superficial de cómo funcionan los sistemas políticos de otros países o la repetición de tópicos infundados), siento que es difícil mejorar el debate en España.
Pero miremos los datos. De hecho, es mucho más divertido que leer otro libraco de filosofía política.
@UnDandyCantabro Y me gustaría saber qué pasa en las especies animales que practican "funerales" cuando uno de los miembros del grupo no cumple. ¿Hay castigo social?
@UnDandyCantabro Que los rituales animales no tengan una justificación abstracta no quita que estos tengan un sentido emic (i.e. para los propios animales) en el marco de la socialización. Si un gorila macho no se postra ante otro eso tiene un significado social.
Echenique, persuadido por la supuesta evidencia numismática, ya se ha lanzado a comprarle el bulo sobre Recópolis al vendechanclas de Arce Sainz. La excavación la financiaron los nazis.
@velmolan Es que tu comentario es contradictorio y empíricamente ridículo. 1) Si las calles se designan en virtud de hitos geográficos, negocios o vecinos notables eso es un nombre. 2) Asimismo, las calles siempre se designaron de algún modo, y por tanto, siempre tuvieron nombre.
@Jasortele Por lo que he visto el tal experto del CSIC se dedica a esparcir la duda sobre yacimientos bien conocidos a la expectativa de causar algo de impacto en el proceso.
Un amigo, @lm_guirola, me pasa esta encuesta sobre la opinión de los españoles con respecto al sistema de seguridad social:
https://t.co/qvtbjIk1uN
El 49,4% de los españoles cree que gastamos demasiado poco en pensiones y el 42,1% que gastamos lo necesario. Es decir, un 91,5% piensa que no hay que reducir el 60% de excesiva generosidad del sistema contributivo.
Cualquier ley electoral, sea la que sea, va a generar partidos que respetan el deseo insensato e irresponsable de ese 91,5% de los españoles.
Todos los que creen que el problema de España es la ley electoral o que las televisiones nos cuentan solo una parte de la verdad se hacen trampas al solitario. El problema de España es que llevamos décadas implementando las políticas que una mayoría abrumadora de los españoles quiere. Y cuando no sale bien, buscamos algo, en un ejercicio de infantilismo, a lo que echar la culpa (“¡Las listas cerradas!”, “¡la corrupción!”).
España salió del desastre de la autarquía franquista gracias al Plan de Estabilización de 1959. Sin ese plan, hoy seríamos económicamente como Marruecos o Turquía. Si en 1959 hubiésemos tenido un referéndum sobre el Plan de Estabilización, con todas y cada una de las garantías democráticas, con partidos legalizados, etc., habría ganado el NO de manera abrumadora. Ni los dirigentes de la dictadura, fuera de los ministros económicos, querían el plan, que se tuvieron que tragar por una crisis de reservas y porque EE.UU. y el FMI nos dijeron que hasta aquí habíamos llegado.
¿Sirven para algo mejores instituciones? Sí. Fundamentalmente, para que al sistema político le resulte más fácil ignorar lo que quiere el 91,5% de los votantes.
@marcelvilaros@Vizconde654432@UrkoGarLop Pero el inglés en ningún caso puede ser considerado como un dispositivo de estandarización cultural del Estado, y en consecuencia de dominio, sino que supone una herramienta irrenunciable para el desarrollo laboral e intelectual de cualquier estudiante
@marcelvilaros@Vizconde654432@UrkoGarLop Podría negociarte que el castellano se impone en algunos municipios de las mismas CCAA que en paralelo imponen su lengua sobre otros municipios de su jurisdicción que no la hablan.