Me uno al gozo y agradecimiento de la Iglesia por el Papa León XIV. Considero su pronta elección como un signo de comunión. Acojo su primer mensaje como la obertura de su pontificado. En él me resuenan las preocupaciones nucleares del Papa Francisco. Seguimos en camino juntos.
La noticia mundial es la muerte del Papa Francisco, que acontece en el tiempo litúrgico en el que la Iglesia celebra y anuncia la Resurrección de Jesucristo. Muerte y Resurrección, dos palabras inseparables para el creyente, una misma realidad personal vista desde su doble cara.
Yo llamo a San José, cuya fiesta celebramos, el "hacedor". Los evangelistas no recogen ninguna palabra suya, pero San Mateo nos dice tres veces que hizo lo que el ángel del Señor le mandó. Necesitamos hacedores del bien y no propagandistas o mitineros. Más obras y menos palabras.
Considero que el diálogo es asignatura pendiente, sobre todo en el ambiente político. No se escucha, no se reflexiona, no se argumenta serenamente. Se encasilla al que piensa de distinta manera, se etiqueta al oponente, se ridiculiza al que no sabemos rebatir con argumentos.
Ofender, insultar, denigrar, no refleja la personalidad del ofendido, insultado o denigrado sino la catadura moral del ofensor. De su boca salen "los sapos, culebras y alimañas" que hay en su corazón. Porque, como dice el refrán, "de la abundancia del corazón habla la boca".
La Conferencia Episcopal de Honduras, "valora y propicia la presencia de los obispos eméritos en sus Asambleas" (Estatutos 4). Por eso, participo en ellas. Y me adhiero a su declaración: "nuestro mayor interés está en los pobres". Dios, el evangelio, los pobres son mi motivación.
Lema del Jubileo: "peregrinos de esperanza". Me gusta, me inspira. Los pies en la tierra; la mochila de lo vivido en la espalda; la mirada en el horizonte; el corazón, apasionado por el deseo y el compromiso; y el caminar, personal y con otros. Y sobre todo, con Él y hacia Él.
Hay fechas al rojo vivo en la memoria del corazón. Hoy es una de ellas. Hace 30 años que fui ordenado obispo de la diócesis de San Pedro Sula. Doy las más sentidas gracias a Dios y a la Iglesia sampedrana por su acogida, su afecto, su colaboración y sus oraciones. Y aquí sigo.
He andado por tierras dominicanas y puertorriqueñas dando ejercicios espirituales a los misioneros claretianos. ¡Qué experiencia tan gozosa de acogida y afecto, cercanía y universalidad, identidad e interculturalidad me proporciona el ser miembro de una Congregación misionera!
He comenzado el nuevo año no como quien entra en el túnel oscuro del tiempo sino como quien camina a la luz de una estrella. Mis pasos tienen un sentido, una dirección, una esperanza. No soy un ente errático. Mi vida está orientada hacia una salvación. No soy "un caso perdido".
Los sabios de Oriente llegaron adonde estaba el Niño y lo adoraron. También nosotros nos acercamos hoy a Jesús y lo adoramos como nuestro Dios y Señor. Reconocemos con admiración y gratitud la divinidad en su humanidad, la realeza en su abajamiento, la gloria en su pequeñez.
Dejemos atrás con agradecimiento el camino recorrido en el año 2024 y comencemos la peregrinación del 2025, con esperanza gozosa y compartida, para acoger el don de cada jornada y colocar en su surco semillas de vida nueva.
El centro del jubileo ordinario 2025, que la Iglesia ha iniciado, es Jesucristo. Él es nuestra esperanza (1Tim 1,1), nuestra paz (Ef 2,14), nuestra reconciliación (Rom 5,10), nuestra libertad (Gal 5,1), nuestra vida (1Jn 1,2). Vivamos todo en, por, para y como Jesucristo.
Es Navidad. Te la deseo muy feliz en la fe que cree y confía aunque es de noche; en el amor que comparte venciendo al egoísmo; en la esperanza que se mantiene viva a pesar de las pruebas, porque nos ha nacido un Niño que es causa de alegría, paz, justicia y vida plena para todos.
El tercer domingo de Adviento nos invita a la alegría, porque la esperanza cristiana llena la vida toda de júbilo y de gozo. En medio de los sufrimientos, pruebas y fracasos de la vida escuchamos la exhortación del apóstol San Pablo: " vivan alegres en la esperanza" (Rom 12,12).
Y sigo con la esperanza. La necesito, la necesitamos, porque quien nada espera, nada hace. La verdadera esperanza es dinámica y creativa tanto en lo que se refiere a las actitudes de la persona que espera como en lo relativo a las actividades que emprende y promueve.
En este tiempo de Adviento la esperanza llama a nuestra puerta con insistencia. No nos dejemos seducir por las voces de la decepción, el desánimo o la fatalidad. La paradoja de la esperanza es que se hace más necesaria cuando las razones para desesperar parecen más convincentes.
"Mejor es prevenir que lamentar". Cada año, a causa de las tormentas, la misma historia: inundaciones, daños en los cultivos, vías de comunicación, viviendas, personas...Y cada año las mismas lamentaciones. Si "la experiencia es la madre de la ciencia", ¿cuándo aprenderemos?
"Escuchar" es un verbo que ha resonado con insistencia en el reciente Sínodo de la Iglesia Católica. Escuchar conlleva sosegar el apresuramiento, prestar atención al otro, dedicarle tiempo, valorar su forma de pensar y sentir, ponerse en sus zapatos para comprender y ayudar.
Sigo compartiendo pensamientos del Papa Francisco en su carta sobre el Corazón de Jesús. "Amando, la persona siente que sabe por qué y para qué vive. Por eso, frente al propio misterio personal, quizás la pregunta más decisiva que cada uno podría hacerse es: ¿tengo corazón?"