Poco antes de morir mi gato todavía tenía la fuerza suficiente para resistirse a que lo metiera en la transportadora, y me rasguñó fiero un dedo. Durante varios días me arranqué la piel para que no se curara la herida. Me destruyó este texto de Leila.
La prostitución no es un ejercicio de libertad, sino la culminación de la violencia económica del capital sobre la mujer proletaria. No existe consentimiento allí donde impera la necesidad de supervivencia.