La enchilada ya existía desde antes; solo la amargaron en la 4T y Morena.
Despierta, México, que no te engañen.
Siempre fuimos mejores y te atendimos con dedicación, amor y cariño.
Hoy en día el nacionalismo barato y el fanatismo cochino están más fuertes que nunca
La gente ya no escucha, defiende, Ya no analiza idolatra,
Ya no piensa… repite.
El pensamiento crítico se fue al carajo.
Si algo se pone de moda, hay que aplaudirlo, Si millones lo consumen, hay que decir que es bueno.
Y si te atreves a cuestionarlo, te quieren linchar en la plaza pública como si pensar diferente fuera un delito.
Pero qué quieren que haga.
Yo no nací para aplaudir por presión social Y aunque me quieran caer arriba, aunque me digan viejo, amargado o lo que sea… esto es lo que pienso.
Antes para que millones escucharan a alguien,
ese alguien tenía que cantar bien y escribir mejor, decir algo importante.
Hoy, para que millones te escuchen,
solo necesitas marketing, escándalo y algoritmo.
Ese es el verdadero récord.
No de talento , sino de embrutecimiento masivo ,
Porque romper récord de audiencia con contenido vacío
no habla grande del artista…
habla pequeño de la época ,
“si ese tipo rompe récords… entonces el problema no es él… es la cantidad de cerebros vacíos que hay consumiendo basura ,
Hay noticias que no celebran nada.
Se anuncian como triunfo,
pero en realidad son diagnóstico , Récord de audiencia.”“Cientos de millones escuchándo al cantantaso de la epoca ”“Fenómeno global.”
Y la prensa aplaudiendo
Yo no.
Porque cuando un producto mediocre convoca multitudes históricas,
eso no habla grande del artista
habla pequeño de la época,
Nunca antes hubo tantos cerebros conectados.Y, tristemente,
nunca antes hubo tantos cerebros pensando tan poco.
Ese es el verdadero récord.
No el de Bad Bunny.
El récord es la cantidad de gente dispuesta a tragarse cualquier cosa si viene envuelta en luces, premios y propaganda
Antes, para que millones te escucharan,
tenías que cantar De verdad,
Tenías que decir algo, Tenías que doler, amar, denunciar, contar la vida del barrio, la injusticia, el hambre, la esperanza.
Un cantante era un comunicador social.
Hoy basta con balbucear dos frases,
poner un ritmo repetido,
y tener un ejército de marketing gritando “genio”, Y millones obedecen, Sin preguntar, Sin comparar ,Sin pensar
Eso no es éxito artístico
Eso es domesticación cultural
Porque cuando la mediocridad rompe récords,
no estamos frente a una cima…
estamos frente a un hundimiento colectivo,
Es como aplaudir que la Mier.. huela fuerte y llamarla perfume,
Como premiar el ruido de una obra en construcción y decir que es sinfonía.
Como confundir volumen con talento, Y lo peor , no es el artista , El artista solo vende lo que le compran.
Lo preocupante es la multitud,
La multitud que ya no exige poesía, Ni mensaje, Ni alma,
Solo distracción ,Solo anestesia, Solo algo que haga mover el cuerpo
mientras el cerebro se queda sentado, Así que no,
yo no felicito récords así.
Porque no son logros culturales,
Son estadísticas del deterioro,
Si eso es lo más grande que puede producir nuestra generación,
entonces el problema no está en la música.
Está en la cabeza.
Y duele decirlo,
pero nunca antes hubo tantos cerebros… tan llenos de nada.
Por: Michel Miguel
Estimada Claudia:
Reciba usted mi más entusiasta felicitación por haber alcanzado el máximo encargo como funcionaria pública de este país. No es poca cosa; convertir un logro personal en una debacle colectiva requiere talento, constancia y una disciplina admirable. En ese sentido, su administración ya es un caso de estudio.
México entero ha sido testigo de cómo su incompetencia, su incapacidad y sus errores a la hora de intentar gobernar han logrado algo que parecía imposible; retroceder décadas en desarrollo, crecimiento económico y madurez democrática en tiempo récord. Donde otros gobiernos apenas tropiezan, usted ha perfeccionado el arte de la caída libre.
López Obrador ya había iniciado el retroceso, es cierto. Pero en su caso casi era un acto coherente con su biografía; un fósil universitario de calificaciones mediocres, formación limitada y una visión política alimentada por resentimientos añejos.
Lo suyo, en cambio, resulta verdaderamente sorprendente. Con maestría, doctorado y credenciales científicas, ha conseguido demostrar que la educación avanzada no inmuniza contra la pésima gestión pública. Es, hay que admitirlo, una sorpresa histórica; pésima, pero sorpresa al fin.
Probablemente nadie —ni usted misma— imaginó que podría ser tan incompetente, tan indolente y tan fría frente a las consecuencias de sus decisiones. Gobernar guiada por principios oxidados, inspirados en un socialismo reiteradamente fracasado y empobrecedor, no es terquedad: es una apuesta experimental con millones de personas como sujetos de prueba.
Felicidades, Claudia. Lo ha logrado. Pasará a la historia como el error más costoso cometido por quienes depositaron su voto en usted. Justo en una era de oportunidades globales y relocalización económica, eligió usted aferrarse a ideas retrógradas que espantan inversión y futuro con la misma eficacia.
Mientras buena parte de América Latina gira su timón político buscando pragmatismo, usted irrumpe como reliquia ideológica, orgullosa abanderada de una izquierda que ha demostrado su capacidad para repartir escasez con eficiencia admirable. Es una hazaña contracorriente que merece, al menos, reconocimiento retórico.
Felicidades nuevamente. Es un triunfo que, sin duda, se celebrará con gran entusiasmo… aunque seguramente fuera de Palacio Nacional, sola en la sala de su casa; muy probable y por el bien de México, antes del 2030.
Atentamente,
Una ciudadana que observa la historia en tiempo real.
Robado de Facebook
Brutal el deseo de @brozoxmiswebs para 2026:
“Mi mejor deseo para el nuevo año es que los mexicanos despertemos cabrón, que asumamos el dolor que nos corresponde y defendamos como fieras nuestro derecho a gritar : ¡Basta! ¡Ya no más! México es mucho más que una pandilla de narcos y corruptos. Méx es cada uno de nosotros, la sociedad civil es la última esperanza y está por verse de qué tamaño tenemos el cerebro, el corazón, los ovarios y los 🥚🥚¡Órale!
¡Humillación internacional a la populista y rabiosa Sheinbaum!
Cayetana Álvarez se le fue a la yugular al gob de la 4T: criticó el autoritarismo del régimen, la censura y los programas asistenciales.
Además, llamó a los jóvenes a resistir con coraje y nadar contra corriente.
AMLO: EL SALVADOR DE LOS RESENTIDOS Y PERDEDORES
¿Alguna vez te has preguntado por qué te cuesta tanto aceptar que AMLO se equivoca?
¿Por qué cada crítica te enoja, te hiere, te arde… como si se metieran contigo directamente?
Porque no lo ves como un presidente. Lo ves como un espejo emocional.
No lo elegiste con la cabeza. Lo elegiste con las tripas.
Y él lo supo desde el primer día.
Desde el principio, AMLO no vendió ideas: vendió consuelo.
No ofreció reformas: ofreció redención.
No prometió un país mejor: prometió que tú no eras el culpable de nada.
¿Fracasaste en tus estudios? Fue culpa del “neoliberalismo”.
¿No tienes un buen trabajo? Es porque “la mafia del poder” te lo arrebató.
¿Estás atrapado en una vida que no querías? Tranquilo, no fue tu responsabilidad: el sistema te jodió.
Así empezó todo.
Transformó el resentimiento en virtud.
Convirtió el estancamiento personal en orgullo ideológico.
Y llamó “justicia social” a lo que no era más que revancha emocional.
¿Por qué crees que dividió al país entre “los de arriba” y “los de abajo”?
Porque no necesitas argumentos cuando tienes una dicotomía moral.
Basta con repetir: ellos son los malos, tú eres el bueno.
Y así nació la narrativa perfecta para quien no quiere hacerse cargo de sí mismo.
Una narrativa donde el culpable siempre es otro.
Una donde el esfuerzo personal es irrelevante y el mérito ajeno, sospechoso.
¿Te das cuenta de lo cómodo que es eso?
No necesitas mejorar.
No necesitas competir.
No necesitas estudiar más, ni trabajar más, ni superarte.
Solo necesitas indignarte.
Y él te dio razones nuevas cada mañana.
¿Ves ahora por qué la crítica a AMLO se siente como un ataque personal?
Porque si él está equivocado, entonces tú también.
Porque si su discurso es falso, tu excusa también lo es.
Y eso duele más que cualquier insulto.
Entonces te aferras más.
Te radicalizas.
Suspende el juicio crítico.
Y en nombre de “los pobres” justificas cualquier cosa: censura, militarización, destrucción institucional, ataques a la Corte, manipulación electoral.
¿No es eso lo más antidemocrático que existe?
Pero como te dijo que tú eras “el pueblo bueno”, te lo creíste.
Y te volviste su cómplice emocional.
Porque no estás defendiendo a un presidente.
Estás defendiendo tu derecho a no responsabilizarte.
Tu derecho a culpar a otros de lo que no has querido enfrentar.
Tu derecho a seguir igual… pero sentirte moralmente superior.
¿Y si lo que más odias de los “fifís” no es su riqueza, sino que no te necesitan para nada?
¿Y si lo que más te irrita no es su privilegio, sino su autonomía?
¿Y si por eso necesitas tanto a AMLO?
Porque sin él, el fracaso dejaría de ser un mérito.
Y la envidia, dejaría de ser virtud.
Entonces no. No te enoja que critiquen a tu presidente.
Te enoja que te quiten la coartada.
Y eso, querido, se llama despertar.