Consultarle a Dios antes de tomar una decisión para muchos es cosa de locos, pero créeme, es lo más cuerdo que puedes hacer. Sobre todo cuando de acertar en la vida se trata.
Ver después de 4 años a quien fue mi confesor y director espiritual por varios años y ser recibida con un abrazo, una mirada compasiva y complicidad genuina de un Padre e hija, no tiene explicación ❣️
¿Y qué caso tiene quedarse donde no valoran el amor con el que haces las cosas? ¿Y qué caso tiene quedarse donde no miden las palabras para no dañarte? ¿Y qué caso tiene quedarse donde moviste montañas, por quien solo te vio moverlas? ¿Y qué caso tiene? Si lo piensas, hay personas que pueden darte la atención necesaria para que no te vayas, pero no la suficiente para que decidas quedarte. Existe una enorme diferencia con la gente que te lleva consigo, aunque tú estés muy lejos.
Si bien la vida es una constante evolución y cada experiencia, cada encuentro, cada desencuentro, aporta algo a nuestra historia personal, ¿qué caso tiene quedarse anclado en un lugar donde nuestro arte, nuestra esencia, no es valorada?
Hay quienes, aun estando lejos, se llevan nuestra esencia consigo, tejen con detalles conexiones indelebles que se estiran pero no se rompen, que cruzan montañas y océanos para llegar hasta nosotros y recordarnos que no estamos solos, que somos amados y estamos presentes aun en la distancia. Esa distancia que se acorta con detalles.
¿Qué caso tiene aferrarse a situaciones que no nos permiten florecer, que no alientan nuestro espíritu y que, por el contrario, lo asfixian?
Cada uno de nosotros es portador de una luz única, pero para que esa luz alcance su máximo esplendor, es imperativo cultivarla en un ambiente de cuidado y valoración sincera.
Urge la valentía de tomar la decisión consciente de alejarse de aquello que no alimenta nuestro espíritu, que no nos permite crecer y expandirnos en nuestra plenitud. Porque la verdad es que somos seres que podemos portar la inmensidad cuando contamos con la capacidad de amar profundamente y tocar la vida de los demás de formas significativas.
No se trata de una huida, sino de un acto de autoconservación, una declaración potente de amor propio y afirmación de nuestro yo más puro.
#danielhabif