Cada mimo a su cuerpo era un regalo, casa prenda que retiraba con suma delicadeza, mas cuando quiso perderse entre sus curvas, se vio sucumbida al cuerpo de la mujer, acostándose sobre él.
—Mi amor…
En su hombro se apoyó besándolo.
>
Sonrió viéndola retirarle la ropa, cómo procuraba ir con cuidado con ella, y los besos que le dejaba por la ennegrecida piel.
──────Podría verte toda la noche así... ──────reconoció, echándose ligeramente hacia atrás mientras la rubia le desabrochaba los botones de +
< retirar los tacones para sacar los pantalones del lugar.
—El dios del sueño no opina igual, pero puedo compartiros si me deja observarte toda la noche…
Se alzó desabrochando la camisa, qué mujer tan hermosa, fuerte y atractiva.
—Me conformo.
Sus manos buscaron el pantalón, retirándolo en lo que sus labios dejaban pequeñas marcas en el rostro ajeno a besos.
—Tú siempre serás el padre de todos.
Y aquello estaría por encima de todo.
Se agachó a besar la oscura piel, sus muslos y rodillas, acercándose a >
Con chaleco fuera, ella misma se desabrochó las mangas, sonriendo ante la sutil pero cierta broma de la rubia.
──────Tú eres la favorita de todos ──────convino, sentándose en el borde de la cama, tal y como le pidió la otra.
Dejaría que le retirase el pantalón, +
< con mucho pequeñín —bromeó—. Aunque, al menos, para uno de ellos, yo soy su favorita.
Otro beso dejó en sus labios antes de que sus manos retirasen el cinturón de la mujer.
—¿La adorable reina gustaría de sentarse para poder retirarle bien la ropa?
Sus ojos cerró a pesar de que sus manos seguían trabajando, descendiendo el chaleco a la par que sus labios disfrutaban del roce de los besos.
Sus mejillas se sonrojaron, no estaba acostumbrada a ser llamada así, quedaba tan lejos de ella…
—No es verdad… te comparto >
Se dejó hacer, desacostumbrada a aquel tipo de gestos con ella, pues siempre era al revés.
Se le hacía curioso cuando Navia la cuidaba con tanto mimo.
Con la mujer en frente, tomó su rostro para besarla, dejándola hacer con el resto de su traje hasta que no quedase más que la +
< chaleco, con sumo tacto y mimi, como si ante ella estuviese el jarrón más caro de Teyvat y no a uno de los seres más poderosos que conocía Fontaine.
—Relájate, yo me encargo, mi amor.
Al escucharla, la nuca volvió a besar, guiando sus manos hasta atrapar los botones de la chaqueta, ayudándola a ello, terminando por quitársela a la par que giraba para quedar ante ella.
—Los niños son parte de mi vida, nace de mí.
Ambas manos llevó a aflojar su >
Hacía poco que se levantó del escritorio para ponerse algo más cómo, dejando, al menos por lo que quedaba de día, el papeleo de lado.
A medio desabrochar de su chaqueta, encontró la figura de Navia entrando por su puerta, pero no dijo nada.
Dejó que la mujer se acercase, con +
La albina mujer pasó por delante del cuarto donde a los pequeños acostaba tras leerles un cuento. Sorprendida porque no la hubiese visto, supo de lo cansada que estaría.
Hasta su cuarto fue con tal de poder abrazarla por la espalda.
—¿Mucho trabajo hoy? —preguntó >
< ¿qué venía ahora? ¿Cómo debía esperarla? Estaba tan cansada que no paraba de dudar sobre si estaría o no a la altura.
La sábana tomó para cubrirse, un segundo, ¿estaba en su cama desnuda…?
< ¿qué venía ahora? ¿Cómo debía esperarla? Estaba tan cansada que no paraba de dudar sobre si estaría o no a la altura.
La sábana tomó para cubrirse, un segundo, ¿estaba en su cama desnuda…?
Estaba perdida en los movimientos de la mujer, cada caricia por su cuerpo secándolo, el suave tacto de sus manos que de vez en cuando rozaban su piel, el mimo extremo en un acto tan posesivo y devoto como solo ella sabía tener.
—Iré al…
+
No fue la única incapaz de apartar sus ojos de la otra, fijándose en cómo el agua resbalaba por sus curvas, y el cabello se le interponía en aquellas partes que le resultaron dignas de un estudio mucho, mucho más a fondo.
Claro que no comentó nada, limitándose a responder a su +
+ Sus palabras se vieron cortadas por aquella petición sobre no vestirse, ¿perdón…?
Sus mejillas se sonrojaron, su corazón se aceleró y, a pesar del agotamiento de su cuerpo, asintió.
—No tardes…
Anduvo hasta la cama, donde se dejó caer, una pequeña pataleta dio, >
< rodeaba, casi tan posesivo como su padre.
—Estoy bien, has cuidado muy bien de mí, porque… me trajiste tú los dulces, ¿verdad?
El asentimiento del niño respondió por él.
—Gracias, te has portado muy bien…
Maldita sea, ¿no puede quedárselo ella?
Aquel beso en su frente le supo a poco, realmente podría haberse alimentado solo de sus labios, sin embargo aquel descaro no era algo que soliese acompañarle, más ante el cansancio de su cuerpo.
—No me moveré, puedes estar tranquila.
Verla marchar le saco un suspiro, >
──────Precisamente por ello será mejor que descanses ahora... ──────comentó, viendo con cierta preocupación cómo se sentaba por su cuenta, pero se estuvo quieta en el sitio.
La Cuarta hizo lo propio, besando la frente de Navia tras salir de la cama.
En cuanto a +
+ —¿Vas a dejar a… —Aire tomó.— ¿Vas a dejar a mamá sola?
Casi como si de un estímulo fuese, el niño reaccionó subiendo rápidamente a la cama.
—“¡No!” —Exclamó buscando abrazarla.
La cabeza del pequeño acarició. Lo dejó descansar en su pecho el lo que aquel bracito la >
¿Cómo podía ser tan leal? Una sonrisa apareció en su rostro al ver la devoción por su cuerpo, cómo besaba su mano en tan puro gesto.
—Demasiadas... —murmuró.
Un leve asentimiento le dio con la cabeza. Su estómago se encontraba vacío tras tanto tiempo descansando, +
No solía pensar lo mismo de las lágrimas, pues según quién las viera, podían volverse en contra de uno mismo.
Aun así, le permitió ese pequeño momento a la rubia.
──────Está bien, te creo ──────repuso, tomando la mano de Navia para besarle la palma, la muñeca y +
+ tras el esfuerzo que realizó al defender a los niños.
—Voy a sentarme... —advirtió para que no la detuviese.
Ambas mano colocadas sobre el colchón se alzó con cuidado, dejando que el cabezal de la cama se volviese su respaldo.
—No aguantaba más tumbada... +