En mi pueblo —donde la derecha no ha gobernado jamás—, un marroquí golpeó a una mujer sin motivo alguno. Fue en un bar y la cámara de seguridad lo grabó. Todos en mi pueblo —ninguno ni de centro izquierda— son partidarios de colgar al marroquí de la rama más alta de un árbol, incluidos los emigrantes que viven aquí y se levantan cada día para ir a trabajar.
Este análisis no es muy sesudo: yo mismo he sido testigo de cómo a personas de izquierda y de extrema izquierda lo que el cuerpo les pide es mucha mano dura contra la inmigración que no trabaja y, además, viola y violenta.
Pero algunos medios de comunicación —y no pocos políticos— continúan viendo este tipo de reacciones como asuntos propios de la ultraderecha. De fascistas y de nazis. Muy bien, pero no va a colar. Lo sé porque lo veo. Pueden repetir la misma milonga un millón de veces, pero, como decía Rufián, al final, «yo tengo ojos en la cara».
¿Se me permite, entonces, afirmar que quiero que los inmigrantes violentos sean inmediatamente expulsados sin que digan que soy de ultraderecha? Lo cierto es que me lo han llamado tantas veces que me da igual, pero insisto en la pregunta: ¿Puedo apostar por la vida civilizada, por la no agresión, por los valores comunes a los europeos, que incluyen no degollar a mi vecino?
Advierto que la respuesta le da igual cada vez a más gente.
Que un proyecto sea éticamente superior no significa que se pueda realizar materialmente con un resultado ético aceptable.
Eso pasa con la inmigración.
Acoger, abrir los brazos, ser solidario: una postura éticamente superior. Pero que los "acogidos" terminen en condiciones materialmente nefastas, en infraviviendas, o trabajando en régimen abominable, o pidiendo en la calle, o compitiendo por las ayudas sociales con españoles pobres, como finalmente ocurre, es una realización material del proyecto éticamente superior que resulta éticamente inaceptable.
Este es el problema. Mucha gente parece que no se entera. Se quedan en el principio ético del proyecto (y se desentienden de la realización) o se recrean en la realización (y se desentienden del proyecto).
🔴 #FAUNA | TIBURÓN CASI CRIPTOZOOLÓGICO | Acaban de filmar vivo a un escualo del cual sólo se conocía su existencia por cadáveres y poco más | «Arrancando La Nave», (Programa 37 , temporada 21) | #CuartoMilenio, 7-VI-2026.
En una generación hemos pasado de artistas como Michael Jackson a Bad Bunny, juzguen ustedes mismos
Sin duda, la degeneración musical va de la mano de la social
Son feministas hasta que Bad Bunny les baila pegado.
Son socialistas hasta que descubren lo cómoda que es volar en primera clase.
Son ecologistas hasta que toca un fin de semana en yate o un vuelo a las Maldivas.
Son tolerantes hasta que se enteran de que votas a la derecha.
Son pacifistas hasta que alguien discrepa de ellos.
Son partidarios de la libertad de expresión hasta que escuchan algo que no les gusta.
Son antielitistas hasta que los invitan a un reservado VIP.
Son ciudadanos del mundo hasta que les toca tenerlos de vecino.
Son partidarios de repartir la riqueza hasta que les toca repartir la suya.
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Me suda la polla si el corrupto es del PSOE, del PP, de VOX o de su puta madre. Dinero público es dinero de todos; el que meta la mano, a la cárcel.
Lo que me revienta es el fanático que, en lugar de indignarse, se pone a justificar lo injustificable con el "y tú más".
No, Juan Carlos. Lo mataron por venganzas familiares y rencillas rurales granadinas, no por rojo ni por crítico de la Guardia Civil. Lo demuestra Miguel Caballero Pérez en "Las trece últimas horas en la vida de García Lorca" con documentación de archivo, pleitos desde el siglo XIX entre los García Lorca y los Roldán Quesada de Asquerosa por lindes y aguas, ganados por el padre de Federico con paralización de la fábrica rival. Los hermanos Roldán que eran primos del propio Lorca, instigaron el crimen y el ejecutor material, Trescastro, era abogado de los Roldán y pariente político de los Lorca. Manuel de Falla, amigo cercano, lo declaró desde Argentina, que "fue una venganza personal y yo sé quién fue el autor".
Y está bien además recordar que Lorca era un señorito de familia hacendada que escribió en sus páginas autobiográficas cosas como "hoy de niño campesino me he convertido en señorito de ciudad, los niños de mi escuela son hoy trabajadores del campo y cuando me ven casi no se atreven a tocarme con sus manazas sucias y de piedra por el trabajo". No era un "rojo" militante real, su izquierdismo era estético y romántico, no de clase, igual que lo fue el de Alberti, Picasso y otros muchos. Convertirlo en un mártir rojo nunca tuvo el más mínimo sentido y cada vez lo tiene menos.