Que se equivoquen contigo, no tienes nada que demostrar. Que juzguen, que hablen, que inventen, que retuerzan la historia. Da igual cuánto expliques: siempre creerán lo que quieran creer. No le debes tu verdad a todo el mundo. Quien te conoce no necesita explicaciones, y quien no, nunca estuvo preparado para entenderte. Cuida tu paz y deja que la verdad hable sola.