Si tengo la fé que mueve montañas y no tengo amor de nada me vale, si doy lo que tengo, incluso mi vida y no tengo amor de nada me vale, de nada me vale, sin amor la vida es arar el aire, sin amor las manos no ayudan a nadie…
En su obediencia activa Jesús vivió la vida que nosotros deberíamos vivir, pero en su obediencia pasiva Jesús tomó el castigo que nosotros merecíamos y murió la muerte que nosotros deberíamos morir.