Jamás, ni por descuido o por venganza, se tocan las heridas de los demás. Las vulnerabilidades siempre se respetan y nunca se aprovechan porque somos lo que hacemos con la confianza que nos dan.
Ese momento de mamá en el que miras a tu bebé y solo pensas en las ganas de querer que se queden así de chiquitos, para poder cuidarlos y protegerlos de todo.