Me saqué un peso de encima el día que realmente entendí que hay personas que son pasajeras y que no vale la pena insistir, o peor, sentirse mal por ya no saber cómo mantener algo que en realidad se construye y sostiene de a dos.
Te quiero, pero ya no voy a insistir. Voy a hacer mi vida, dejar que tú hagas la tuya y si el universo decide volver a cruzarnos, que así sea. Estoy demasiado cansada, por dentro y por fuera, y ya no puedo seguir luchando.
Nunca fuerces a nadie a elegirte, si alguien cree que puede encontrar algo mejor en otro lugar, déjalo ir, no retengas a quien no quiere quedarse, la vida es demasiado corta para insistir en quien no está seguro.
Tranquila, porque sé que soy una mujer que suma y que no atrasa.
Mi corazón, mi personalidad, mi esencia no pueden compararse con nada ni nadie, y eso me hace feliz.
Hay personas que no saben valorar lo que tienen, y esa es su propia carga. Tienen a gente noble a su lado y la tratan como si fuera reemplazable, como si siempre fuera a estar ahí. Pero cuando por fin reaccionan, ya no queda nadie esperando, porque incluso la paciencia se agota y hasta el corazón más leal termina por romperse. Esa es la verdadera tristeza de quien nunca aprendió a agradecer.
Retírate de la misma forma en que llegaste: alegre, genuina, con buenas intenciones y en paz. Seguramente fuiste el golpe de suerte que jamás volverán a tener.