Hay un texto en El País que lo explica.
Cito: Hay una pregunta que desde hace algunos años parece inquietar a una parte de la población mexicana: ¿por qué chingados me va tan bien en la literatura si no tengo talento, no tengo técnica y soy una pinche vieja “verguera” y problemática que vende “pornomiseria”?
Mis libros han conseguido una combinación extraña. Tienen prestigio, premios, traducciones, tesis, artículos académicos y toda esa parafernalia, pero también circulan por cárceles, barrios y periferias donde hay personas que los leen, los recomiendan y se enamoran de ellos.
Sí, mis libros se traducen, aparecen en listas de premios importantes y se leen fuera de México, pero eso también lo consiguen otros autores. Yo tengo algo adicional que pocos podrían decir y que un rapero mexicano sí: a mí la calle me quiere.
Como dice Metrika: soy perfecta, xoxo. Y eso genera suspicacias.
Porque si no tengo técnica y soy una pinche vieja verguera y problemática, tiene que haber otras explicaciones que no sean talento, disciplina y aferrarse al sueño.
Y vaya que las han encontrado.
Soy un producto de marketing. Nací en una cuna de oro con diamantes. Tengo contactos poderosos. Una élite editorial decidió fabricar mi carrera. No vendo tantos libros como digo, inflo las cifras. Hice un pacto con una deidad para tener éxito. Y mi explicación favorita: mi carrera está financiada por un cartel de la droga mexicano.
Aunque cueste trabajo entenderlo no soy un personaje de internet.
Soy una persona real que comparte algunos aspectos de su vida, problemas, polémicas, tristezas y pensamientos.
Pero en general mi vida es bastante menos interesante de lo que algunas personas quisieran y bastante más absurda de lo que otras consideran verosímil.
Puedo comer ceviche en un mercado popular y unos días después estar mirando Las meninas en el Museo del Prado con guía privado porque las filas me dan ansiedad.
No estoy construyendo una narrativa con esas escenas. Me están pasando.
Pero parece que una vida así necesita explicación. El éxito de una mujer que pasó de vender en el tianguis a ser una “estrella literaria”, que tiene tatuado el cuello, que cita más raperos y corridistas que autores literarios necesita una explicación científica, mística o religiosa.
Como mis explicaciones sobre el trabajo, la disciplina, el sacrificio, las lágrimas, el talento y el construir una comunidad lectora no bastan.
Internet inventó muchas Dahlias. La niña rica que se apropió de una identidad barrial para vender libros. La muerta de hambre que vive en un chiquero. La discapacitada que no puede moverse y se caga encima. La satanista. La protegida del narco.
Algunas de estas Dahlias no podrían coexistir en el mismo universo, pero en internet ninguna necesita ser compatible con las otras porque ninguna necesita ser cierta: nomás necesitan servirle a quien las escribió para chingarme o para menospreciar lo que he logrado.
Al principio intenté desmentirlas..
Hasta que me cansé. Decidí que si iban a escribir el libro sin mí por lo menos que me dejaran meterle mano al manuscrito. Entonces empecé a participar.
Mi figura pública se convirtió en un cadáver exquisito. Yo escribo una parte. Mis lectores agregan otra, la de los afectos alegres. Mis haters, que son muy trabajadores, escriben capítulos enteros. Y la obra es perfecta porque tiene de todo lo que me gusta: sangre, brotes psicóticos, delirios místicos, brujería, conspiraciones, delincuencia y mala fama. Pero también tiene otros elementos que no me gustan, como que me cago encima.
Lo interesante es que la novela no se comió a la escritora. Mientras en internet puedo ser una proxeneta satanista financiada simultáneamente por el Gobierno y el crimen organizado, mis libros siguen traduciéndose y estudiándose.
La persona soy yo.
Pero Dahlia de la Cerda, la figura pública, tiene demasiados autores. Unos muy hábiles y otros muy pendejos.
Angela Davis es tendencia pero no por su poderoso discurso sino por la obsesión que tienen conmigo.
¿Es de a huevo ponerme en el centro de toda discusión? ¿No pueden simplemente ignorarme?
Quiero dejarlo claro porque lo sostengo: sí existen las feministas antiderechos y son las que están en contra de la ILE sin límite de semanas.
Las que están en contra de que las trabajadoras sexuales tengan derechos laborales.
Las que dicen que las mujeres trans no son mujeres y que los hombres trans no son hombres.
También las que quieren resolver absolutamente todo desde el castigo y escarnio.
Están las policías del tono y de los modos que salen con “esas no son formas” y “podrías pedirlo por favor” y “no hace falta ser grosera”.
Las mismas que se escandalizan con el bloque negro y con la acción directa radical y con las activistas que queman cosas.
Las que se escandalizan porque alguien incendia una fiscalía o le avienta una piedra a un policía o simplemente les habla con groserías y no les contesta de la manera políticamente correcta que ellas consideran aceptable.
Y muchas de ellas quieren ir a escuchar a Angela. Estoy segura de que a Angela Davis le daría asco saber que ustedes van a estar ahí.
Si son TERF y odian a las trabajadoras sexuales y participan alegremente en linchamientos sociales, entonces no mamen y no vayan a verla.
No vayan a quitarles el espacio a las mujeres trans y a las trabajadoras sexuales y a las abolicionistas del sistema penitenciario.
Fúnenme todo lo que quieran porque sostengo lo que digo.
Es más háganlo viralísimo porque en una de esas la UNAM termina invitándome a conocer a Angela Davis y aprovecho para que me firme el libro suyo que Akal su editorial en México me regaló justo antier.
Los bots solían ser anti-AMLO, luego por ahí del 2024 quedaron catatónicos, casi silenciados. Más recientemente se volvieron libetarios, de derecha rancia, particularmente misóginos, groseros y numerosos. Esto obviamente tiene que ver con quién los financia.
Esa gente que odio Malcolm In the Middle por lo “Woke”, se están dando cuenta que se convirtieron en señoros rancios que no eran tan punks como creyeron en su adolescencia/infancia. https://t.co/VvtctNcAAI