Hoy en la playa se me acercó un nene de no más de siete años. Sabía de antemano lo que me iba a preguntar:
—¿Você gosta de jogar penaltis?
Su piel morocha, su sonrisa ancha y el pelo corto con rulitos me causaron ternura.
—Gracias, amigo. Paso —rechacé la invitación.