El poder no cambia a la gente. Solo hace que se bajen sus máscaras. Cuando no hay consecuencias, su esencia sale a la luz. El poder multiplicó sus instintos y valores. No creó nada nuevo, solo reveló lo que ya estaba ahí.
Petro y la urgencia de la cordura
El poder cambia y al presidente Gustavo Petro, sí que lo cambió su paso por la Casa de Nariño. El Petro que llegó al poder hace cuatro años es muy distinto al que va a salir el 7 de agosto. El de hoy tiene más pelo, pero poco le queda de ese talante que le permitió leer el país y materializar la voluntad de cambio, acometiendo reformas sociales que por primera vez combatieron la inequidad. Lo mismo se puede decir de ese Petro digno y transparente, que fue capaz de decirle a la fiscalía que investigara a su hijo Nicolas y a su hermano Juan Fernando con todo el peso de la ley, cuando estallaron los primeros escándalos de corrupción que hasta hoy comprometen a varios miembros de su familia. De ese Petro estadista, disruptor, que incomodaba al establecimiento con su fuerza política y no con insultos, no queda ni la sombra.
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Obviamente los periodistas tienen visiones de vida y posiciones muy diferentes, pero no debían ser activistas de una causa. Su deber de informadores de hechos verdaderos tiene que imponerse.
Hay distancia entre una opinión enfática y un activismo de influenciador.