Desarrollar un gusto propio hoy en día es un acto de rebeldía. Con tan poco tiempo, dejamos que otros moldeen nuestros gustos y, en consecuencia, parte de nuestra identidad. Vivimos en piloto automático.
Se aferran a los buenos momentos, a las promesas de cambio, a la idea de que si aguantan un poco más, todo mejorará. Y así van acumulando decepciones, pero siempre con la esperanza de que “el verdadero amor” al final triunfará.