13 posiciones s3xual*s que toda pareja debería probar al menos una vez.
Las parejas más felices saben que las grandes relaciones requieren una gran intimidad, diversión y variedad.
Si tu dormitorio se ha vuelto predecible, empieza con estas 13:
1. La Mariposa
Me invitaron a una fiesta en casa de amigos y decidí irme al extremo: vestidito corto, escote sutil pero provocador, maquillaje que gritaba “mírame”. Sabía que iban a estar varios chicos guapos de la uni, pero había uno que me tenía loca desde hace semanas: un moreno alto, de piel perfecta y esa mirada que te desnuda sin decir nada. No soy el tipo de chica que se acuesta con muchos chicos, apenas he tenido dos parejas sexuales, pero esa noche me sentía linda, deseada y un poquito perra
La noche fluía rica: tragos, risas, música alta. Bailaba con mis amigas y sentía las miradas clavadas en nosotras, en mis caderas, en cómo se movía el vestido. Me erizaba la piel de pura anticipación.
De pronto una mano firme me tomó de la cintura y me giró. Era él. Sin decir nada me pegó a su cuerpo y sentí, clarito, su verga dura apoyada justo entre mis nalguitas mientras bailábamos. El roce era descarado, caliente, y yo solo podía apretar los muslos para calmar el cosquilleo que ya me estaba volviendo loca.
No aguantamos ni quince minutos más. Me tomó de la mano y me llevó a una de las habitaciones del fondo. Cerró la puerta, me empujó contra la pared y me besó con hambre mientras manoseaba todo mi cuerpo a su antojo.
Cuando se bajó el pantalón y la vi… joder. Gruesa, larga, venosa y parada apuntando directo a mí. Nunca había tenido algo así tan cerca. Me dio un nudo de nervios y morbo al mismo tiempo. “Tranquila, despacito”, murmuró con esa voz ronca que me deshacía.
Me puso en la cama, me abrió las piernas y empezó a entrar. El primer centímetro fue puro fuego, una mezcla de dolor rico y placer que me hizo gemir fuerte. Siguió empujando, lento pero sin parar, abriéndome más y más hasta que sentí que me llenaba por completo. Dolor y placer se mezclaban con cada embestida, mi coñito apretándolo como si no quisiera soltarlo nunca.
Él solo gemía bajito, concentrado, posesivo. Puso una mano enorme en mi abdomen, casi alcanzando toda mi cintura, y empezó a follarme más rápido, más profundo. Yo empujaba queriendo más, queriendo sentirlo reventar dentro.
“Me voy a correr adentro”, gruñó contra mi oído.
Y yo solo alcancé a jadear un “sí… lléname… por favor”.
Sus embestidas se volvieron erráticas, duras, y entonces lo sentí: esa pulsación gruesa, caliente, mientras se vaciaba entero dentro de mí. Veinte centímetros deshaciéndose en chorros que me llenaban hasta el fondo, goteando después por mis muslos mientras los dos temblábamos intentando recuperar el aire.
Quedamos ahí, pegados, sudados, con su verga todavía dentro latiendo suave… y yo pensando que nunca había sentido algo tan rico y tan sucio a la vez.
Habíamos hablado mucho de esta fantasía en nuestros juegos de cama, en cada susurro en el sexo, y hoy avanzábamos a este mundo desconocido de ELLA... una MUJER es ardiente como el hombre, y no por ello debe de ser malo, al revés, solo deben existir unas reglas entre ambas partes.
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