A exactamente 168 horas, una semana exacta una semana, del doble #terremoto que nos sacudió el alma, es momento de mirarnos a los ojos y hablar con el corazón en la mano, desde la más dura pero necesaria honestidad.
Sé perfectamente que la desesperación nos mueve a agotar hasta el último recurso, y que las redes sociales se convirtieron en nuestro primer refugio para buscar a los nuestros, especialmente a los niños. Pero a estas alturas, seguir inundando las pantallas con afiches de desaparecidos ya no está ayudando a quienes más lo necesitan.
Las familias que están en el terreno ya han caminado cada centro de salud y cada refugio. En el ámbito digital, lamentablemente, carecemos de una base de datos centralizada y confiable que haga eficiente esa búsqueda.
Además, muchos de nuestros niños en hospitales y albergues están a salvo y anotados en listas oficiales, pero muchos permanecen en silencio, asimilando el shock y el estrés postraumático. No pueden decir quiénes son.
A los hermanos que están fuera de Venezuela y que publican con el alma rota desde la distancia: con todo el dolor de mi corazón, debo pedirles que busquemos otra vía. El personal médico, los rescatistas volutarios están exhaustos, salvando vidas en el sitio; no están revisando teléfonos para identificar rostros.
La respuesta, hoy más que nunca, es presencial. Hay que estar allí.
A pesar de haber superado la ventana técnica de supervivencia, lo que estamos viviendo es milagroso. En medio de las inmensas limitaciones y adversidades que todos conocemos, se siguen rescatando personas con vida. Eso es pura fuerza humana y fe. Las cifras oficiales no reflejan la realidad, lo sabemos, y calcular estimaciones en este momento no sana ni ayuda a nadie.
Por respeto a ese milagro y al dolor ajeno, debemos detener la cadena de afiches en redes. En las últimas horas hemos detectado publicaciones falsas y, lo que es peor, intentos de estafa usando fotos de sobrevivientes para pedir recursos. No voy a ser cómplice de quienes lucran con la angustia, por lo que no difundiré más ese tipo de contenido.
Acompañar a un herido, identificar a un familiar que partió o abrazar a un niño o anciano para sacarlo de un refugio requiere de nuestra presencia física. Las autoridades y el personal médico necesitan verificar el parentesco cara a cara, con el respeto que la situación amerita.
Las redes y la tecnología nos han hecho la vida más cómoda y nos acercan, pero la vida real nos reclama en el sitio. Y la vida, con toda su belleza en los días felices y con todo su peso en la tragedia, se defiende y se transita estando presentes, cuerpo a cuerpo.
Fuerza, Venezuela 🇻🇪 Seguimos aquí🥥🙏🏼
Nos acaban de llamar de la clínica donde está Belkys. Su condición es muy estable. Sus médicos nos dicen que estemos tranquilos.
También nos informaron que ninguno de ellos cobrará honorarios. Un lindo gesto, como muchos otros que hemos visto todos los días en Venezuela 🇸🇻🇻🇪
Después de 86 horas de estar atrapada bajo los escombros, y luego de 11 horas de intenso trabajo, hemos logrado rescatar con vida a Belkys Josefina Barreto García, de 60 años, quien permaneció bajo los escombros del edificio Breogan, en Caraballeda.
Este logro fue posible gracias al esfuerzo y la perseverancia de nuestros rescatistas, quienes trabajaron sin descanso durante toda la noche y la madrugada, con el apoyo de rescatistas USAR peruanos.
Sin embargo, aunque nuestros médicos estabilizaron a Belkys en el campamento, su estado de salud aún es delicado. Por lo que contratamos un helicóptero privado y la trasladamos a una clínica privada en Caracas, donde ya está recibiendo la mejor atención posible.
Que Dios la bendiga y le dé fortaleza 🇸🇻🇻🇪
IMPORTANTE:
Solo una de las delegaciones de rescatistas se encuentra a la deriva. Están a la intemperie.
44 bomberos de Perú y una perrita de rescate necesitan urgente 4 carpas grandes y plantas eléctricas.
Quien pueda ayudar es urgente.
Están en Caraballeda, cerca del Karting.
Pero si usted no se siente seguro de salir de su casa hoy, no salga… o espere más tarde. 🤷🏽♂️ no se deje morir esperando que una autoridad le “autorice” si ahogarse o no.
Toda la razón estimado. Pero hay una diferencia abismal entre "no juego para un continente, juego para mi país" y "tu país de muertos de hambre mira no tienen pan".
La desproporción en la ofensa de @matiasgarciard es escandalosa.