Llévame entre el viento y tu boca;
en la boca se disuelven las palabras
y el viento recorre mundos
sin ti,
sin mí,
sin nadie.
Llévame entre el recuerdo y tus letras,
ahí,
donde puedes hacerme aparecer
en una noche de lluvia
con sólo nombrarme.
A veces pasa que te sueño, que existes dentro de un universo posible, que convivimos en un espacio factible, algo parecido a una línea del tiempo paralela. Tu ternura infinita me da cobijo y yo me dejo arropar por ella.
La vida me arrojó un grano de arena a los ojos;
lo abracé con lágrimas
hasta que el dolor aprendió
a transformarse en perla.
El agua salada se cuela por las grietas
y ayuda a sanarlas.
Hoy me desperté con tu mirada anclada en mi pecho, tus pisadas en el traspatio ardieron de nuevo, pero el riachuelo de mis ojos amortiguaron tu visita.
Hasta nunca… Otra vez.
Tengo un par de letras bailando entre mis dedos. Aún no quieren aterrizar en la papeleta pero el silencio se hace cada vez más hueco, invitándome a definirme entre un nudo, una diagonal o un cráter.