Despiertas, la miras. Y entonces todos tus errores anteriores no importan nada, porque todo te ha conducido a ese momento. A despertar y tenerla a tu lado.
No sé quedar bien,
decir esas frases premiadas
que todos aplauden y que nadie siente.
Sólo he sabido desgarrarme,
mar adentro de mis fracasos,
contar mi letargo,
lo que no hice bien,
lo que puedo hacer
si me levanto.
Hablemos hasta el anochecer de lo que nos preocupa,
tú diras las cosas razonables que siempre dices,
yo te acariciaré hasta no saber cuál es mi piel.
Hablemos hasta que la ansiedad sea un país remoto
al que no sabemos ni queremos volver.
Normalmente, cuando te dicen "yo te entiendo, pero entiéndeme tú a mí también", lo que quieren decir es "yo te entiendo, pero me la suda, lo que importa es que me entiendas TÚ a MÍ".
Cuando no sé lo que me pasa, cuando no quiero hablar con nadie... sé que estarás al otro lado, esperando a que te cuente mi silencio, a que te explique lo que no entiendo.
Nunca imaginé que llegaría a quererte tanto. Entraste sin hacer ruido y encendiste poco a poco todas las luces. No querías deslumbrarme. Querías iluminarme.
A veces parecía que sí.
Te acercabas cautelosa,
te traicionaban las ganas.
A veces parecía que no.
Cortaba el filo de tus palabras.
Te ibas antes.
A veces parecía que sí,
que íbamos a ser capaces.
A veces parecía que no,
y me cansé de esa cárcel.