Señor, antes de pedirte algo, quiero agradecerte por todo. Gracias por no soltarme cuando me alejé, por hablarme cuando ya no escuchaba, y por sostenerme incluso en los días en que no oré. Eres tan fiel, tan constante, tan paciente conmigo. Me has dado más de lo que merezco y menos de lo que mis errores exigían. Hoy elijo vivir en gratitud, no en queja; en gozo, no en ansiedad; en generosidad, no en escasez. Que cada parte de mí testifique que eres bueno. Y que cada día, incluso en lo más ordinario, sea una proclamación de que Tú reinas en mi vida. Te pertenezco, soy Tuyo y nada podrá arrebatarme de Tus manos.
En el nombre de Jesucristo, Amén.
La abstinencia sexual, se vuelve muy fácil para una mujer cuando se da cuenta de que literalmente no hay ningún hombre con el que valga la pena involucrarse a menos que la ayude a mejorar su vida y la ame correctamente. Pueden pasar meses tras meses; en realidad no es nada.