Conor McGregor ganó 30 millones de dólares por una pelea que duró apenas 30 segundos. Una locura.
Pero ese cheque no se explica por esos 30 segundos. Se explica por todo lo que hizo durante años. Fue el primer campeón simultáneo en dos divisiones de la UFC, revolucionó el negocio, vendió como nadie y se convirtió en la mayor estrella de las artes marciales mixtas.
Sí, después llegaron el dinero, la fama y un rendimiento muy lejos del que alguna vez tuvo. Incluso perdió varias de sus últimas peleas. Pero cada regreso seguía siendo un evento y seguía cobrando cifras que ningún otro peleador podía alcanzar.
Al final, esa fortuna no la construyó en 30 segundos. La construyó durante años. Y por eso con McGregor queda perfecta una frase: el que siembra, cosecha.