COMO ARGENTINO LE HABLO AL MUNDO; "Esta gente NO NOS REPRESENTA. El Pueblo Argentino NO ES ESTO". Sionistas Judíos repartiendo kipás a hinchas argentinos durante el partido de Egipto contra Argentina buscando provocar a los Egipcios y mostrar al mundo lo que en realidad NO SOMOS
@Reng0o Seamos serios, no alucines. Perón y Evita buscaban lo mejor para la Argentina por el medio que fuera. Por eso en el último gobierno de perón, el mismo entabló conversaciones con Kissinger y Nixon, para que apoyen contra los subersivos.
En febrero de 1994, Andrés Escobar estacionó su carro en la puerta de su colegio: el San José de Calasanz. “Vengo a hablar con el rector”. Siga, siga....
“Señor rector, es que yo quiero ayudar a los niños más pobres para que puedan venir a estudiar. Solo tengo dos condiciones: que las becas no necesariamente tienen que ser para los mejores estudiantes y la otra que no sepan quién les ayuda, tampoco me interesa saber quiénes son”.
Así pensaba Andrés Escobar, a punto de cumplir 27, y de jugar el Mundial de USA 94. Ya empezaba a escribir columnas en El Tiempo. Y Maturana y Sacchi hablaban entre ellos, era un hecho que en julio se iría al Milan a reemplazar a Franco Baresi. Pero pasó lo que pasó. Éramos favoritos en ese Mundial, pero lo que no te cuentan es que antes de ese autogol todo el entorno relacionado a la selección estaba mareado, sucio. Después del 5-0 a Argentina, entre enero y junio, la selección hizo una gira de cash por el mundo: jugó 21 partidos, algunos cada 48 horas.
En el Mundial, dentro del hotel de concentración, había representantes, periodistas, empresarios. Vampiros dando su opinión, buscando su tajada y succionando la sangre del equipo. Horas antes del partido, en los televisores del hotel, llegó una amenaza: si jugaba Barrabás por encima del Pitufo, Maturana y él se morían. El narcotráfico estaba en el fútbol y había intereses por vender ciertos jugadores. Y el día anterior, en un accidente de tránsito, se había muerto el hermano del Chonto Herrera.
No hubo ni siquiera charla técnica. El equipo estaba psicológicamente muerto por toda la polución alrededor de la selección.
Andrés regresó a Medellín. No salía a bares, pero ese día llamó a dos amigos y fue a Pádova, ubicada en la vía Las Palmas. A la madrugada, saliendo de la discoteca, escucharon un grito: “Felicitaciones por el autogol”.
En el parqueadero se les acercaron los hermanos Gallón, dos narcotraficantes de Medellín. Andrés seguía avanzando de espaldas, uno de ellos lo agarró por detrás y lo llamó m@ricón. Andrés siguió caminando y se montó a su Honda Civic con su esposa. Pero cuando salió bajó el vidrio de su carro y pidió que no le faltaran el respeto.
No había terminado de hablar y el guardaespaldas de los narcos le metió seis tiros. Andrés Escobar estaba en el momento y lugar equivocados.
Ambos hermanitos estuvieron 11 meses en la cárcel. Hace cuatro meses, en febrero, Santiago Gallón, que seguía delinquiendo, fue asesinado a tiros en un restaurante en México.
El cierre de la última columna que escribió Andrés tras el autogol es poético, trágico por las circunstancias que venían en las próximas horas. “Hasta pronto, porque la vida no termina aquí”.
A Andrés Escobar la gran mayoría de nosotros no lo conocimos, no habíamos nacido, pero sus valores, su educación, su inteligencia, su escritura, la extrañamos sin tenerla, la opinión pública quedó huérfana sin su voz. Una voz para analizar la particular anatomía de nuestro país y de nuestra selección. ¿Qué estaría diciendo hoy de este Mundial? Seguramente habría escrito libros y hecho un carrerón como periodista.
A 32 años. Con Andrés siempre nos quedamos cortos.