Wanderlust / Nothing is what it seems. Be smart, enjoy your time.
Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même.
El amor es un regalo envenenado. Ø
“Contención de amenazas biológicas”: la Argentina tiene el primer laboratorio de máxima bioseguridad de la región
Funciona en el @ANLIS_Malbran ; manipular microorganismos de alto peligro para la salud pública, uno de los objetivos
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Charlie Kirk was an unrepentant racist, transphobe, homophobe, and misogynist who often wrapped his bigotry in Bible verses because there was no other way to pretend that it was morally correct.
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"Laje y Márquez generan la fantasía maravillosa de que personas absolutamente carentes de sentido estético, tanto en la vida como en la escritura y en las ideas, como es su caso, puedan soñar con ser trendsetters que dirimen quién es feo y quién no"
Del discurso en Davos no va a quedar nada. Salvo una cosa: los silencios.
Ninguna palabra indignada superará la incómoda complicidad de los silencios. La voz muda de los que miran para otro lado, con cara de "yo no fui".
Los que asienten callando dicen mucho. Los escuchamos.
Los griegos, que inventaron la democracia, estaban en contra de la votación popular para elegir los funcionarios. Decían -como lo hemos visto en los últimos dos siglos- que los que más dinero tienen pueden hacer mejores campañas y comprar los votos, ya sea directamente, o por mostrarse mejores ante los ojos de los votantes (gracias, justamente, al dinero que poseen para ello).
En Atenas se los elegía por sorteo. Todos los años se sorteaban 1000 ciudadanos varones que iban a gestionar la cosa pública y esos ciudadanos no podian volver a ser reelectos hasta pasado muchos años. La mayoría nunca tenía un segundo mandato.
Solo unos pocos cargos se votaban; pero solo entre un grupo de gente conocida por su idoneidad para ese cargo: por ejemplo, para manejar el Tesoro Público se votaba entre los ciudadanos -muy pocos- que hubieran demostrado una gran capacidad para administrar eficientemente mucho dinero.
También los cargos muy técnicos (ser jefe de una embarcación de guerra o Almirante de la Armada o Jefe del Ejército) se votaba entre los que mejor se habían desempeñado en el pasado y aun estaban en condiciones de ir a la guerra (lo que era muy frecuente).
Las leyes generales y la orientación de las medidas principales se discutían en el ágora, la asamblea popular en la que podía participar todo ciudadano varón libre.
Aunque técnicamente estaban autorizados unos 30.000 a 35.000 ciudadanos para participar en las asambleas, lo común era que participaran unos 2500 a 3000, de los que una ínfima minoría hablaba (con lo que esos pocos se transformaban en "jefes de bando o partido"). Luego todos los presentes votaban entre las propuestas que estos voceros habían planteado y ganaba la más votada.
Cuando se decidían temas de suma importancia (como ir a la guerra o aumentar el número de barcos de la flota) la cantidad de participantes en las asamblea crecía mucho, pudiendo llegar a contarse unos 8000 o 9000 participantes.
Si bien la idea abstracta de democracia nos viene de la Grecia clásica (con el agregado de la república romana), las formas actuales de la democracia occidental surgieron en la Revolución Francesa y en la Revolución Norteamericana. La idea de construir tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y las votaciones que le den el control por un tiempo del Ejecutivo al partido que más votos consigue es moderna.
La idea de que un partido que obtiene la mayor cantidad de voto es el autorizado a gobernar no se relacionó -al menos hasta hace un par de décadas- con la asunción de que ganar una elección hacía que las ideas del partido ganador fueran las verdaderas o las mejores. Hasta hace poco tiempo la democracia moderna se sustentaba en la legitimidad de origen: el voto popular concedía poder para gobernar (le daba apoyo a tal o cual propuesta), pero no le daba garantía de infalibilidad ni, menos aún, de verdad.
En los últimos 20 años (y en los países con menos debate democrático), por el contrario, se comenzó a decir que el que gana una elección se lleva a su bando el sentido del mundo y que el bando que ha perdido la elección ya no tiene ninguna razón de ser.
En la idea original de democracia, la tarea de gobernar es colaborativa. Por lo tanto, más o menos votos solo sirven para tener las riendas del poder temporal en tales manos, pero no para anular el debate de cómo se debe gobernar ante cada situación.
Para los griegos clásicos, para los romanos de la república, para los padres fundadores de la democracia norteamericana una frase como la de la ministra Petovello ("Ganamos las elecciones, aguanténselas") serían claramente antidemocráticas porque suponen que el que gana una elección puede hacer lo que quiera en cada caso en el que actúe y que los ciudadanos que piensan distinto no pueden decir nada y menos aun hacer nada hasta que ganen una elección futura.
Occidente lleva 20 años de guerra contra lo más prístino de la tradición republicana y democrática. Y eso ha acostumbrado a la mayoría de las personas a creer que si votaron al partido que ganó pueden hacer lo que quieran sin límites y sin que nadie les pida explicaciones.
Pocas ideas son más antidemocráticas, pero es cada vez más difícil que la mayoría comprenda cuán salvajemente tiránica es esa concepción del poder.
Principio de asimetría de la estupidez: sólo es necesario un segundo para decir una tontería, pero puedes necesitar horas para refutarla. Cuanto más absurda sea la misma, más esfuerzo requiere desmantelarla.