—Agarró los dos sobres y los miró con aprobación antes de alzar la vista, sonriendo de lado mientras abría el primero.—
See. Tú sí entiendes que el café amargo es un fucking crimen.
—Toma la taza con ambas manos y la mira como si le acabara de salvar la vida.—
Azúcar. Please. Si voy a desarrollar una dependencia al café, I'm doing it properly.
—Se levantó detrás de ella, agarrando sus cosas mientras le lanzaba una mirada divertida al puchero.—
Ramen it is. Mira qué fácil era decidir, drama queen. Vamos antes de que cambies de opinión tres veces por el camino.
—Se apartó también sin hacerlo raro, metiéndose las manos en los bolsillos y sonriendo de lado.—
Sí, claro. I'm free. Pero eliges tú el sitio, sister. Y nada de decir me da igual porque entonces elijo yo y después no quiero complaints.
Obviamente, a los segundos se separó. Comenzaba a soportar el contacto, pero tampoco demasiado.
———— ¿Quieres que vayamos a comer? Si no estás ocupado, claro.
《 Me llamas primero.
Aunque sea para decirme D, tengo ganas de mandarlos a todos al carajo..Actually, esa llamada probablemente me guste bastante. Podemos hacer rankings.
—Una sonrisa traviesa apareció en su rostro.—
Top diez personas que queremos mandar al carajo esta semana.
Contenido premium.
—Mantuvo el meñique extendido, esperando que ella decidiera por sí misma si aceptaba el gesto. Después ladeó un poco la cabeza.—
Y sobre robarme tiempo.
Escúchame bien porque no pienso repetirlo otras cuarenta veces.
Bueno, mentira. Sí voy a repetirlo porque soy insufrible.
Pero escúchalo igual.
Mi tiempo es mío.
Yo decido a quién se lo doy.
Si te contesto una llamada a las cuatro de la mañana es porque quiero.
Si cierro un libro para escucharte es porque quiero.
Si me siento aquí contigo durante tres horas es porque quiero.
Tú no me lo robaste.
Yo te lo di.
There's a difference.
—Su expresión se suavizó todavía más.—
Así que deja de sentir culpa por recibir algo que alguien está eligiendo darte.
Especialmente conmigo.
Créeme, cuando no quiero hacer algo se nota.
Muchísimo.
No soy exactamente conocido por mi increíble talento fingiendo entusiasmo por obligaciones.
—Rodó los ojos y soltó una risa.—
Pregúntale a Lucifer.
Actually, no.
No le preguntes una mierda.
Nos ahorramos esa conversación.
—Volvió a observarla y la sonrisa se le quedó tranquila en los labios. Al verla algo más calmada, sus hombros también parecieron perder parte de la tensión que había acumulado.—
Y sí.
Me quedo.
Pero no porque seas frágil.
No porque necesites vigilancia.
No porque piense que no puedes sola.
Me quedo porque quiero estar.
That's it.
No hay misterio.
No hay deuda.
No hay puntos.
No hay factura después.
—Movió ligeramente el meñique otra vez, todavía esperando el cierre de aquel pacto improvisado.—
Así que hazme un favor.
Bueno, dos.
Primero, deja de darme las gracias cada treinta fucking segundos o voy a empezar a cobrarte cinco euros por cada gracias.
Y soy rico, así que imagínate lo mucho que tendría que estar molestándome para ponerme a cobrar cinco euros.
—Sonrió ampliamente.—
Segundo.
No empieces a despedirte antes de tiempo.
Ni de Raphael.
Ni de mí.
Ni de nadie.
Y muchísimo menos de ti misma.
Hoy estás aquí.
Pues hoy vivimos aquí.
Mañana vemos qué coño hacemos con mañana.
Deal.
—La sonrisa se volvió pequeña otra vez. Mucho menos provocadora. La clase de sonrisa que Damien reservaba para muy pocas personas. Se quedó cerca, sin intentar llenar inmediatamente el silencio, con el meñique todavía extendido entre ambos y los ojos puestos en ella. Después de unos segundos, como incapaz de permitir que aquello terminara demasiado sentimental, levantó una ceja y recuperó una pizca de su descaro habitual.—
Aunque aviso desde ya.
Tu primera cosa por ti misma hoy va a incluir comida, descanso y probablemente algo de chocolate. Sí. Son tres cosas.
No. No puedes apelar.
Soy el fucking príncipe del fraude. Obviamente iba a manipular el contrato a mi favor. Te advertí que era tramposo.
—Durante unos segundos se quedó completamente quieto. La sonrisa que había tenido hasta entonces se le fue apagando poco a poco, no de golpe, sino conforme ella seguía hablando y ciertas palabras empezaban a pesar más que otras. No dijo nada cuando ella volvió a llamarlo su mejor amigo. Tampoco cuando aceptó el trato. Ni siquiera cuando habló de Raphael. La dejó terminar. Entera. Sin interrumpirla por una vez, lo cual, viniendo de él, ya era prácticamente un acontecimiento histórico. Solo movió ligeramente los dedos alrededor de uno de sus anillos, girándolo una vuelta, luego otra, y otra más. Había escuchado demasiadas cosas importantes juntas y necesitaba ordenarlas antes de abrir la boca y soltar la primera barbaridad impulsiva que se le ocurriera. Especialmente una frase. Cuando la enfermedad me lleve. Esa se le había quedado atravesada. Bajó la mirada un instante hacia sus propias manos y apretó la mandíbula. No podía saber qué iba a ocurrir. No podía prometerle algo que estaba fuera de su control. Y Damien, precisamente Damien, sabía demasiado bien lo que pesaban las promesas como para regalar una falsa solamente porque sonara bonita. Cuando volvió a levantar los ojos hacia ella, su expresión estaba mucho más seria. No fría. Muchísimo menos distante. Simplemente seria. Se acercó un poco y levantó una mano, atrapando con dos dedos la mano con la que ella acababa de secarse aquella lágrima antes de apartársela suavemente de la cara. Después le limpió con el pulgar la humedad que todavía quedaba junto al ojo. La observó durante un segundo y soltó aire lentamente por la nariz.—
Okay. Primero. No vuelvas a hacer eso.
—Señaló vagamente su rostro con un dedo, manteniendo las cejas ligeramente juntas.—
Eso de soltarme cuando la enfermedad me lleve y después seguir hablando como si me hubieras dicho que mañana va a llover. Nah. Absolutely not. Esa mierda conmigo no funciona, Char.
—No había enfado en su voz. Sí una firmeza inmediata, muy distinta del tono ligero que había utilizado unos minutos antes. Se pasó la lengua por el interior de la mejilla y negó lentamente.—
Puedes hablarme de que tienes miedo de morir. Puedes decirme que estás aterrada. Puedes decirme que estás cansada, que no sabes qué coño hacer con todo esto, que hay días en los que te despiertas y no quieres pensar en lo que viene después. Todo eso. Dímelo. Aunque sea horrible. Aunque llores. Aunque yo no tenga una respuesta bonita para darte. Pero no me lo metas en medio de una frase como si fuera una cosa que tengo que escuchar, asentir y seguir adelante.
Because I can't do that.
—Le soltó despacio la mano, aunque no se alejó. Durante un momento desvió la mirada, girando otra vez uno de sus anillos con el pulgar. La vulnerabilidad le resultaba muchísimo más incómoda cuando era propia. Podía sentarse durante horas delante de los problemas ajenos, analizarlos, acompañarlos e incluso encontrar exactamente qué decir. Cuando tenía que reconocer qué le provocaban a él, la cosa cambiaba bastante.—
Y no intentes protegerme alejándome antes. Esa parte también la escuché.
—La miró otra vez.—
No decides tú por mí cuánto dolor estoy dispuesto a soportar por quererte.
—Hizo una pausa corta.—
Eso me toca decidirlo a mí.
Y sí. Si las cosas salen mal, me va a doler. Obviamente. I'm not gonna lie to you. No voy a hacerme el cabrón invencible porque sabes perfectamente que sería mentira. Me va a doler muchísimo. Probablemente me ponga insoportable. Más de lo normal, que ya es decir. Probablemente beba más de lo que debería, me encierre, mande a medio mundo al carajo y diga que estoy perfectamente mientras tengo una cara de mierda que demuestre exactamente lo contrario.
—Una sonrisa mínima apareció durante apenas un instante, pero desapareció enseguida.—
Pero ¿sabes qué sería peor?
Que tú decidieras desaparecer poquito a poquito ahora para supuestamente ahorrármelo después. Eso sí me jodería.
Porque entonces no solo tendría que enfrentarme a lo que pase después. 》
《 sentencia.
Y si algún día lo dice...
Entonces estaremos aquí.
Te romperás un poco.
Te enfadarás.
Llorarás..Probablemente dirás cosas horribles.
Yo probablemente diré otras peores porque tengo cero autocontrol cuando alguien que quiero está sufriendo.
Y después iremos viendo qué coño hacemos. Un día cada vez.
Pero no vas a vivir hoy el dolor de una respuesta que todavía no tienes.
Eso es pagar una deuda antes de saber siquiera si existe. Y como demonio del fraude, I'm offended.
Terrible business.
—Hizo una mueca de desaprobación exageradamente seria y después dejó escapar una pequeña sonrisa. Sin embargo, cuando regresó al miedo a la muerte, la broma desapareció sola. Se quedó mirándola unos segundos. Esta vez no intentó arreglarlo. No tenía cómo. Simplemente acercó la mano y tomó la suya, entrelazando los dedos con naturalidad.—
Y lo otro...
Lo de que no estás preparada.
—Tragó saliva y miró durante un instante sus manos antes de continuar.—
No sé si alguien está preparado de verdad.
No tengo una frase brillante para eso.
Y tampoco voy a insultarte diciéndote que no tengas miedo.
Claro que tienes miedo.
I'd be fucking terrified too.
—Apretó suavemente sus dedos.—
Pero estar asustada no significa que tengas que empezar a despedirte.
Todavía estás aquí.
Ahora.
Conmigo.
Estás respirando.
Me estás llamando exagerado.
Me estás pegando en el hombro.
Me estás discutiendo.
Eso es lo que tenemos ahora.
Entonces yo voy a estar aquí ahora.
Mañana ya veremos mañana.
—Se encogió ligeramente de hombros, pero los ojos permanecieron fijos en ella.—
No puedo prometerte qué va a pasar..No puedo prometerte cuánto tiempo. No puedo prometerte finales porque no controlo esa mierda.
Pero puedo decidir qué hago yo con el tiempo que sí existe.
Y no pienso gastarlo tratándote como si ya te hubieras ido.
No voy a mirarte como una despedida.
No eres una despedida.
Eres Char.
Mi mejor amiga.
La pesada que insiste en darme las gracias después de que le diga como quince veces que pare.
La que aparentemente es superorganizada pero necesita que un demonio de dieciocho años le explique que dormir es importante.
Which is embarrassing for you, by the way.
—Finalmente volvió a sonreír, esta vez con un poquito más de vida. Le dio un apretón suave en la mano.—
Y sí.
Eres organizada.
Te concedo esa.
Eres responsable.
También.
Pero eres un desastre contigo misma.
No cambies mis palabras para ganar el argumento porque eso es literalmente mi especialidad y vas a perder.
—La miró con una expresión descaradamente satisfecha.—
Fraude.
Octavo Círculo.
Hello.
Tengo ventaja profesional.
—Soltó una carcajada bajita y después negó varias veces.—
Y ahora vamos a revisar este supuesto trato porque ya empezaste fatal.
Prometo no fallar demasiado.
¿Qué clase de cláusula de mierda es esa?
Nah.
No quiero que prometas no fallar.
Quiero que prometas intentarlo.
Eso sí puedes prometerlo.
Porque vas a fallar algún día.
Yo también.
Habrá un día en que no hagas nada por ti.
Habrá otro en que te encierres otra vez.
Habrá otro donde me digas estoy bien y yo te mire con cara de bitch, please porque claramente no lo estás.
Eso no invalida todo lo anterior.
No conviertas un mal día en una excusa para abandonar el trato entero.
—Le soltó la mano únicamente para extender el meñique delante de ella con una solemnidad completamente ridícula, como si estuviera presentando el contrato infernal más importante de toda su existencia.—
Nueva versión.
Sin letra pequeña.
Bueno.
Eso me duele decirlo profesionalmente, pero fine.
Cada día intentas hacer una cosa por ti.
Una.
No tiene que ser productiva.
No tiene que servir para nadie.
No tiene que mejorar el mundo.
Puede ser una estupidez.
Si un día lo haces, brutal.
Si un día no puedes, no te castigas.
Al siguiente vuelves a intentarlo.
Y cuando te den ganas de desaparecer porque crees que así nos estás protegiendo...
—Movió el meñique hacia ella.— 》
《 —Al mencionar el grimorio, su expresión se endurece ligeramente.—
Especialmente el Liber Deceptionis. Ese fucking libro está metido en demasiadas cosas que no entiendo todavía.
—Se queda unos segundos callado antes de continuar.—
Y no siempre veo exactamente lo mismo. A veces son imágenes. Alas. Luz. Sangre. Una caída. Otras veces no veo prácticamente nada y solamente escucho.
—Traga saliva y vuelve a mirar hacia ella.—
Lo de aún puede pedir perdón es de las frases que más recuerdo porque... fuck, se quedó. No sé quién la dijo. No sé a quién se la estaban diciendo. No sé si era antes de la caída, durante, después... nada.
—Niega lentamente.—
Y ahí está el problema. Tengo pedazos de un puzzle y ni siquiera sé si todos pertenecen al mismo fucking puzzle.
—Se queda pensativo unos segundos más.—
Nombres sí. Algunos. Pero muchos aparecen como... ecos. A veces los escucho una vez y desaparecen. Otros siento que debería conocerlos aunque conscientemente no los conozca. That's the creepy part. No es escuchar un nombre extraño y pensar quién coño es ese. Es escucharlo y que algo dentro de mí responda antes que yo.
—Se toca ligeramente el pecho con dos dedos.—
Como si mi sangre supiera algo que mi cabeza no.
—La expresión se le vuelve más seria.—
Eso fue exactamente lo que pasó en la capilla. Por eso cuando digo que la sangre recordó no estoy intentando ponerme poetic. Literalmente se sintió así. Yo no estaba recordando una experiencia mía. No podía. Pero mi cuerpo reaccionaba como si hubiese estado allí. Me dolían cosas que nunca me habían pasado. Sentía las alas aunque yo no tenía alas desplegadas. Sentía el calor. La caída. El miedo... bueno.
—Hace una pequeña pausa y frunce el ceño.—
No sé si miedo. Esa emoción todavía no sé fucking identificarla bien. Era algo aquí.
—Se lleva una mano al centro del pecho y presiona ligeramente.—
Como... presión. Rabia. Dolor. Algo enorme. That's as specific as I can get.
—Baja la mano.—
Y sí, también pensé en mi padre. Obviamente. Una figura cayendo con las alas ardiendo no es precisamente subtle cuando eres hijo de Lucifer Morningstar.
—Una sonrisa sin demasiado humor cruza brevemente su rostro.—
Pero no quiero asumir que era él solamente porque sería la respuesta fácil. Podría serlo. Probablemente tiene relación. Pero si algo aprendí estudiando Forense y ahora Derecho es que decidir la conclusión primero y después intentar obligar a las pruebas a encajar es una manera fucking excelente de equivocarte.
—La mira de reojo.—
Mira eso. Me salió el estudiante responsable. Screenshot it. No vuelve a pasar.
—La broma apenas dura antes de recuperar el hilo.—
Lo que dijiste de que puede ser una advertencia... yeah. También lo pensé. Y esa posibilidad me gusta bastante menos.
—Se frota la nuca.—
Porque si son recuerdos, okay. Horrible, traumatic celestial family movie night, pero recuerdos. Algo que ya ocurrió. Puedo investigar qué pasó y por qué coño lo estoy viendo.
—Su mirada se endurece ligeramente.—
Pero si no estoy viendo solamente el pasado...
—Deja la frase suspendida un segundo.—
That's different.
—Niega despacio.—
Y todavía no tengo suficiente para decirlo. Así que no voy a empezar con profecías y fin del mundo porque bastante dramática es ya mi fucking familia sin mi ayuda.
—Cuando ella insiste en que no piensa dejarlo solo con aquello, Damien se queda callado otra vez. Esta vez la pausa dura más. La mira, después mira la mano que ella había acercado antes y finalmente vuelve a sus ojos. Sonríe apenas.—
¿Ves? Eso.
—Hace un gesto pequeño hacia ella.—
Eso es lo que me jode contigo.
—Antes de que pueda interpretarlo mal, niega enseguida.—
Not in a bad way. Es que dices no voy a dejarte solo como si fuera la cosa más normal del mundo. Como si ni siquiera hubiera que discutirlo.
—Se ríe por lo bajo, incómodo.—
Y para ti probably lo es. Para mí no.
—Mete una mano en el bolsillo y con la otra continúa jugueteando con un anillo.—
—Durante los primeros segundos se limita a mirarla con esa expresión de falsa indignación que utiliza cuando sabe perfectamente que la otra persona tiene razón, pero todavía pretende discutir por deporte. Cuando ella asegura que acostumbrarse a que alguien se preocupe por él tampoco sería tan malo, abre la boca dispuesto a responder, aunque termina cerrándola otra vez. Se pasa la lengua por el interior de la mejilla y desvía la mirada un momento. El comentario le toca un lugar incómodamente preciso. No porque le moleste que ella esté ahí, sino porque acostumbrarse a la presencia de alguien siempre significa concederle la posibilidad de notar su ausencia. Y esa parte nunca se le ha dado particularmente bien. En lugar de explicarlo, hace lo que mejor sabe hacer: vuelve a esconderse detrás de una sonrisa pequeña. La acusación de ser agotador consigue que esa sonrisa crezca. Cuando recibe el golpecito en el hombro, baja la vista hacia el dedo como si acabara de ser víctima de una agresión gravísima y se lleva una mano al pecho con dramatismo. Está a punto de montar el teatrillo completo cuando escucha la pregunta sobre si confía en ella. Ahí se detiene. La mira directamente. Ya no hay exageración en su expresión. Tampoco una respuesta inmediata. La pregunta parece sencilla, pero para él no lo es. Sus dedos encuentran uno de los anillos casi automáticamente y lo hacen girar una vez. Dos. Después deja la mano quieta. La conoce lo suficiente para saber que responder con una broma sería esquivarla, y después de todo lo que acaba de contarle no tendría demasiado sentido fingir ahora.—
Okay, first of all, qué fucking dramática eres. No tienes que estar pendiente veinticuatro siete de que no me muera. Tengo cierto instinto de supervivencia.
—Hace una pausa mínima y ladea la cabeza.—
Uno cuestionable. Bastante cuestionable, actually. Pero existe.
—La sonrisa le dura poco antes de bajar ligeramente la voz.—
Y sí. Dolió un poquito. Pero no porque hayas dicho algo malo. Fue más como... fuck, alguien se dio cuenta. ¿Sabes? Porque yo hago esa mierda muchísimo. Veo algo que probablemente termine mal y mi cabeza no piensa esto puede salir mal. Piensa ya veremos cómo lo arreglo cuando salga mal. Es diferente. Y hasta ahora me ha funcionado suficientes veces como para que mi cerebro haya decidido que aparentemente es un método fucking válido.
—Se encoge de hombros, haciendo una mueca.—
Spoiler. No lo es.
—La mira nuevamente cuando vuelve a llamarlo idiota y resopla una risa.—
Y deja de disfrutar tanto diciéndome idiota. You're way too happy about it.
—Entonces vuelve la pregunta importante. Esta vez no la esquiva. La sostiene con la mirada durante unos segundos y asiente una sola vez.—
Sí.
—La palabra sale sencilla, sin dramatismo. Después respira por la nariz y añade, porque evidentemente una respuesta de una sílaba le parece demasiado vulnerable por sí sola.—
Confío en ti. Like... de verdad. Y no me hagas repetirlo porque ya bastante fucking emocional está siendo esto para mí.
—Se ríe bajito, pero no aparta la mirada inmediatamente.—
Yo no cuento estas cosas porque sí. Puedo hablarte seis horas seguidas, literalmente. Puedo contarte veinte estupideces que hice, qué estudié, qué música escucho, con quién discutí, qué desayuné y probablemente hasta qué cabrón me cayó mal esa mañana. Eso no significa que te esté contando cosas importantes.
—Mueve ligeramente los dedos, buscando cómo explicar algo que nunca ha sabido verbalizar demasiado bien.—
Hay una diferencia entre hablar mucho y... abrirme. I'm fucking great at the first one. La segunda me cuesta un huevo.
—Señala vagamente hacia ella.—
Así que sí. Si sabes lo de Aurelius, las visiones y todo eso, es porque confío en ti. Y si te estoy diciendo explícitamente que confío en ti, congratulations, porque eso no pasa mucho.
—La sonrisa vuelve cuando ella promete guardar el secreto de su sentimentalismo y levanta inmediatamente un dedo, recuperando algo de su actitud habitual.— 》
+ vaya, de que en verdad sea una de esas amistades que se quedan.
¿Dictadura de cafeína? ¿De verdad? Pero que concepto tienes sobre mí misma… pero dos cafés me parece algo razonable.
Anda vamos entonces.
-y le tomó de la mano para tirar de él y dirigirse al lugar-
《 Good. Porque tengo una imagen pública que mantener. Soy un príncipe infernal, coño. No puedo permitir que vaya circulando por ahí que tengo emociones y quiero a mis amigos. Absolutely devastating for the brand.
—La seriedad se rompe durante unos segundos cuando vuelve el asunto de la cafeína. Al escuchar doctora oficial, abre la boca con indignación y después la señala repetidamente.—
No, no, no. Hold on. Tú serás doctora, pero yo no firmé ningún consentimiento para que te autoproclamaras supervisora de mi café. Eso jurídicamente me parece suspicious as fuck.
—Cruza los brazos.—
Y antes de que empieces, sí, ya sé que estudio Derecho y todavía no soy abogado. Déjame utilizar mis argumentos cuando me convienen.
—La mención de los ocho cafés le hace poner los ojos en blanco. Intenta mantener una expresión seria, pero termina soltando una risa.—
Además, eight coffees sounds worse cuando lo dices así seguido. Fueron distribuidos durante el día.
—Se queda callado un segundo.—
Más o menos.
—Otro segundo.—
Okay, no me mires así. Fueron demasiados. I know.
—Levanta ambas manos en rendición.—
Y lo de escuchar colores probablemente fue una señal de que debía detenerme, yeah. Message received. El amarillo seguía sonando fucking horrible, though.
—La risa se le escapa otra vez, aunque termina negando para sí mismo.—
Dios, no puedo creer que te haya contado eso.
—Sin embargo, la ligereza desaparece de forma gradual cuando ella vuelve a hablar de Eterna Lux. Damien no la interrumpe. La escucha mencionar la autoridad, la religión y finalmente a Aurelius. Al oírla decir que aquel hombre no merecía llamarse sacerdote de Dios, sus ojos bajan durante un instante. No responde enseguida. Hay demasiadas cosas mezcladas en esa parte de su historia como para reducirlas a una reacción sencilla. Nunca ha tenido problema con la fe. El problema siempre ha sido aquello que ciertas personas hacen utilizando su nombre. Cuando ella da un paso hacia él y afirma que no está perdiendo la cabeza, la mandíbula se le relaja apenas. No se había dado cuenta de que la tenía tensa. Sus dedos vuelven al anillo, pero esta vez no lo gira tan rápido. Cuando menciona la gran guerra y la caída de Lucifer, su expresión cambia de inmediato. No es miedo exactamente. Es reconocimiento. Algo incómodo. Familiar. Porque esa posibilidad también se le había ocurrido. Muchas veces. Demasiadas. La deja terminar todas sus preguntas antes de responder. Incluso cuando podría bromear sobre la cantidad de ellas, espera. La pregunta sobre si ha hablado con alguien más hace que mire brevemente hacia un lado. La siguiente, sobre las circunstancias de las visiones, lo obliga a pensar. La de los nombres hace que permanezca inmóvil un instante. Finalmente deja escapar el aire lentamente.—
Yeah. Ahí está.
—La señala con una expresión entre resignación y cariño.—
La puta interrogadora compulsiva. I knew she was still there.
—Pero no parece molesto. Al contrario. Se pasa una mano por el pelo y empieza a caminar despacio junto a ella mientras ordena lo que quiere decir.—
He hablado de algunas partes. No de todo. Y definitivamente no con mucha gente. Porque intenta decirle a alguien oye, sometimes tengo recuerdos de una guerra celestial que ocurrió antes de que naciera y dime cuánto tarda en buscar discretamente el número de un psiquiatra.
—Suelta una risa seca.—
Y honestamente, I wouldn't even blame them.
—Mira hacia delante durante unos segundos.—
Pero las visiones no empezaron random. Eso sí lo tengo claro. La primera fue con Aurelius. Él estaba hablando de orgullo, caída, naturaleza, condena... y boom. Fue como si hubiera dicho la combinación correcta de palabras para abrir algo.
—Se lleva dos dedos a la sien.—
Después empezaron a aparecer fragmentos sin que él estuviera cerca. Nunca conseguí encontrar una regla perfecta. Sometimes pasa cuando estoy bajo mucho estrés. Otras cuando algo tiene que ver con mi padre. Con religión. Con ciertos textos. Con el Liber. 》
—Lo mira con los ojos entrecerrados y señalo directamente hacia donde pueda acostarse.—
Pues duerme. Go. Antes de que entres en esa fase donde tienes sueño pero decides pelear contra él por ninguna fucking razón.
—No afloja el abrazo todavía. Baja un poco la mirada y se queda callado un segundo, incómodo con el cumplido de esa forma tan suya, antes de acariciarle la espalda una vez más.—
Don't thank me for that, sister. Ser bueno contigo no debería ser algo raro.
Ella sólo suspiró, entendiendo a la perfección lo que trataba de decirle, y asintió, pero se mantuvo unos segundos más en aquel abrazo, para poder tranquilizarse del todo.
———— Gracias… Por ser bueno conmigo…
—Suelta una carcajada y asiente como si la petición fuera perfectamente razonable.—
Exactly. Que Satanás tenga fucking modales. Si va a venir por ti, mínimo que mande un mensaje media hora antes. Uno no recibe al mal absoluto con la casa hecha un desastre.
—El abrazo lo toma un poco por sorpresa, pero enseguida deja de bromear y la rodea con los brazos, apoyando suavemente la barbilla sobre su cabeza. No intenta separarse ni llenar el silencio por llenarlo; simplemente se queda ahí con ella.—
Yeah... lo sé, sister. Es fucking difícil. Y no te voy a decir que no tengas miedo porque sería una estupidez.
—Le acaricia despacio la espalda.—
Pero Laia todavía ni está aquí. No sabes qué va a pensar cuando crezca. Tener miedo de que algún día te lo recrimine no significa que vaya a hacerlo. Y si algún día pregunta por su padre, pues... you'll deal with it cuando llegue ese día.
———— Es que… Temo que Laia me recrimine por no tener un padre…
Murmuró, volviendo a girarse para mirarlo, y simplemente lo abrazó. Quizás porque necesitaba ese abrazo, pero simplemente lo hizo.
———— Ser madre soltera es demasiado duro…