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Hay una frase de Carlos Mazón que es muy relevante jurídica y políticamente:
“No pedimos la declaración de emergencia nacional porque el presidente de mi partido me lo aconsejó”.
Esa confesión es jurídicamente explosiva.
Si el presidente de una comunidad autónoma admite que no pidió una medida de emergencia —que podía haber movilizado recursos estatales— por indicación política de su partido, lo que describe no es prudencia: es obediencia partidista en un contexto de crisis.
Y surgen las preguntas obvias para la fiscalía:
¿Cuándo se produjo esa conversación con el presidente de su partido?
¿A qué hora?
¿Qué argumentos le dio exactamente su presidente para disuadirle?
¿Hubo contacto con algún representante del Gobierno central?
¿A qué hora?
¿Y cuándo, con quién y en qué términos se descartó formalmente la “emergencia nacional”?
¿A qué hora?
Según Mazón, el gobierno le contestó que la solicitud de Emergencia no habría traído más efectivos ni habría acelerado los despliegues. Bien. Pero entonces,
¿Qué representante del gobierno le dijo esto?
¿A qué hora?
Mazón afirma que “nos quisieron dejar solos por estrategia política”.
¿En qué se basa para sostener eso?
¿Tiene pruebas, comunicaciones, o es solo una sospecha útil para su relato partidista?
Y aquí entra Feijóo.
El líder del PP asegura que desde el 28 de octubre Mazón le informaba “en tiempo real” de que la situación era muy compleja, y que el 29 ya estaba perfectamente al tanto de todo.
Entonces, señor Feijóo:
¿En qué momentos hablaron exactamente? ¿A qué horas?
¿Y qué decidió usted hacer tras recibir esa información?
Porque lo que se deduce de todo esto no es una coordinación institucional en una emergencia critica, sino una estrategia política: no actuar para culpar al Gobierno.
Y si no llega a ser por la jueza de Catarroja —que forzó la investigación de los hechos—, medio Gobierno central estaría hoy empantanado en el fango legal de la DANA, y no solo en el mediático.
No hay mas preguntas señoría.
Esta portada no muestra un ídolo: muestra a un hombre colgando de sí mismo.
No hay público,ni ruido,ni pose.
Solo el silencio dorado del que se atreve a mirar hacia abajo.
“2002: Robbie dejó de ser un escapista.
Aprendió que escapar no es huir…
es rendirse para poder seguir.
Álbum 5 - Escapology (2002): el disco del colapso y la confesión.
Después del éxito, vino el silencio.
Después de las luces, la soledad.
Escapology no es un disco de pop:
es una carta desde la cama donde Robbie intentó salvarse.
La imagen recuerda al arcano XII del tarot: El Colgado.
Un hombre suspendido, quieto, transformándose.
No muere, renace.
Escapology es ese momento entre el colapso y la redención.
El cuerpo no lucha. El alma se reordena.
“No estoy cayendo. Estoy aprendiendo a soltarme.”