Hayatım boyunca birçok insanın özgürlükten söz ettiğini duydum. Fakat aynı insanların önemli bir kısmının, belirsizlik karşısında ne kadar huzursuz olduğunu da gördüm.
Özgürlük sadece seçim yapabilmek değildir. Seçimin sorumluluğunu üstlenmektir. Yanılma ihtimalini kabul etmektir. Bazen de yanlış bir kararın sonuçlarıyla tek başına yüzleşmektir.
İnsanlar özgürlüklerini çoğu zaman bir gecede kaybetmezler. Daha güvenli görünen bir düzen karşılığında, farkına bile varmadan ondan yavaş yavaş vazgeçerler.
En ilginç olan ise bunun çoğu zaman zorla gerçekleşmemesidir. İnsan bazen ait olmak için susar. Kabul görmek için uyum sağlar. Huzur bozulmasın diye itiraz etmez. Küçük gibi görünen bu vazgeçişler zamanla alışkanlığa dönüşür.
Gerçekte hiçbirimiz tamamen özgür değiliz. Ailelerimize, dostluklarımıza, sorumluluklarımıza, değerlerimize ve vicdanımıza bağlı yaşıyoruz. İnsan zaten boşlukta var olamaz.
Mesele özgür olup olmamak değil, hangi bağlılıkların bizi biz yaptığı ve hangilerinin bizi kendimizden uzaklaştırdığıdır.
Her bağlılık bir zincir değildir. Bazıları köktür. Bazıları yön verir. Bazıları insanı kendisi yapar.
Özgürlüğün karşıtı her zaman baskı değildir. Bazen düşünmeyi bırakmaktır. Bazen muhakemesini başkalarına emanet etmektir. Bazen de sırf yalnız kalmamak adına, doğru olduğunu bildiği bir şeyi söylememektir.
İnsan hayatı boyunca birçok şeye bağlanacaktır. Fakat karakterini, muhakemesini ve vicdanını başkalarının ellerine bıraktığı gün, özgürlüğünün en önemli kısmını da teslim etmiş olur.
Kalabalığın içinde yaşamak kaçınılmazdır. Kalabalığın içinde kendini kaybetmemek ise bir tercihtir.
@D_S_Iglesias
gracias, David.
algunas conversaciones también terminan convirtiéndose en palabras
🤍✨
kendi 📸 Sonbahar 2024, Barcelona
Genel başkan olduğu 13 seçimde seçim yenilgilerinin müsebbibi Kılıçdaroğlu değil, bütün CHP’liler. Ama genel başkan olmadığı ilk seçimde gelen birinciliğin tek mimarı Kılıçdaroğlu… Bir akıllı sizsiniz.
Öyle bir işbirlikçi ve hain çete ki, adamı arkadaşının ölüm yıldönümünde mezarında olmak yerine korsan toplantılarını önlemek için mecliste olmak zorunda bıraktılar.
David, cada día consigues acercarnos historias distintas y mujeres distintas, pero siempre con algo en común: mujeres que no renunciaron a intentarlo.
los diálogos son fruto de la imaginación, pero las mujeres que los inspiran fueron reales y muchas veces no tan conocidas como deberían.
es una frase que aprendí en mi familia: cuando una mujer aprende, aprende también toda una sociedad.
gracias, por seguir acercándonos estas historias y por recordarnos que muchas veces el camino existe porque alguien se atrevió a dar el primer paso 🤍🫂✨
6 beldede yapılan ve 3 tanesinde CHP’nin aday bile çıkarmadığı seçimler üzerinden büyük siyasi sonuçlar çıkarmak pek anlamlı değil. Özel’in mutlak butlan sonrası bu beldelerde kampanya yapması heyecan yarattı; ama çoğu AKP’nin kalesi olan, idari değişikliklerle seçmen yapısı dönüşmüş küçük belde seçimlerine aşırı anlam yüklememek gerekiyor. Seçim sonrası yaşanan tartışmalar, somut bir siyasi durumdan ziyade muhaliflerin bir an evvel kazanmak istemesinin yarattığı ruh haliyle ilgili.
Halbuki CHP’nin meşru yönetiminin asıl odaklanması gereken üç kritik soru var:
1) Mutlak butlan kararına karşı ortaya çıkan toplumsal tepki nasıl diri tutulacak ve CHP içindeki mücadeleye anlamlı biçimde kanalize edilecek?
2) Yargının büyük ihtimalle kurultayı engellemesi durumunda nasıl bir yol izlenecek? Yedek parti dahil alternatif senaryoların şimdiden hazırlanması gerekiyor.
3) CHP içindeki mücadeleyi çökertmek için, başta Özgür Özel olmak üzere, meşru yönetime dönük gelebilecek yeni yargı müdahaleleri nasıl savuşturulacak?
Bu sorulara verilecek cevaplar, birkaç belde seçiminin sonucundan çok daha önemli.
Kılıçdaroğlu için "Maskesi düştü" diyen Şehit Anaları Derneği Başkanı Pakize Akbaba, Erdoğan'a yönelik, “Bir yüzükle geldin dünya zenginlerinin arasına girdin. Benim bu helal sütle büyüttüğüm çocuğumun hakkı sana haram olsun.” ifadelerini kullandı.
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⚔️A Filo y Arcabuz🔥
🪶Picotazo|👁️
SOPORTA Y RENUNCIA
Hay épocas que no caen por falta de inteligencia.
Caen por falta de carácter.
Eso es lo que no entiende el hombre moderno, ese bicho blando, subsidiado, emocionalmente inflamable, que llama trauma a cualquier rozadura de la vida y opresión a toda forma de límite.
Así comienzo esta prédica de picotazo de hoy tras venir a la memoria una conversación en Zurich con mi amiga Lili, unas tónicas y nuestras amadas Montblanc sobre la mesa junto al libro de Dan Brown "El último secreto"
Los antiguos lo resumieron mejor que todos nuestros manuales de autoayuda con portada de color pastel:
Sustine et abstine.
Soporta y renuncia.
No lloriquees.
No mendigues compasión.
No conviertas tu herida en ministerio.
No hagas de cada frustración una pancarta.
Soporta lo que venga.
Renuncia a lo que te degrada.
Úsalo como aprendizaje y catapulta.
Ahí empieza la libertad.
Porque la libertad no consiste en hacer siempre lo que uno quiere, sino en no ser esclavo de lo que uno desea.
Europa lo olvidó y parece que quiere olvidarlo.
España lo olvidó dos veces, por si la primera no bastaba y así nos fue.
Y ahora tenemos generaciones enteras educadas no para resistir, sino para reclamar. No para templarse, sino para exhibirse. No para gobernarse, sino para ser gestionadas por psicólogos de guardia con tarifas 3x2, pedagogos de saldo, tertulianos con pulsera y políticos que han confundido el Estado con una madre sobreprotectora con presupuesto infinito.
El resultado está a la vista:
más derechos declamados que deberes cumplidos;
más emoción pública que conducta privada;
más víctima profesional que ciudadano entero;
más lágrima televisada que columna vertebral.
Antes se educaba el carácter con forja y hondura.
Ahora se acolchan las esquinas de la realidad para que nadie se dé un golpe con la verdad no sea que acabe como Feijóo, traumatizado.
Y claro, luego llega la vida —esa vieja dama sin protocolo y un buen collar de perlas— y reparte bofetadas como si estuviera cerrando un bar de mala muerte a las cuatro de la mañana.
Ahí se ve quién tiene eje de abscisas y ordenadas.
Ahí se ve quién lleva dentro una plomada.
Ahí se ve quién es hombre, quién es mujer, quién es ciudadano y quién solo era un expediente emocional con zapatos de Maripaz.
Dan Brown, en El último secreto, vuelve a poner a Robert Langdon ante lo de siempre: un símbolo enterrado, una ciudad llena de claves, un manuscrito peligroso, una mujer brillante desaparecida y una pregunta que muerde por debajo de la trama:
¿qué demonios somos cuando nos arrancan las certezas?
La respuesta no está solo en Praga, ni en los códigos, ni en las sociedades ocultas, ni en los relojes astronómicos.
Está en esa cámara secreta que cada cual lleva dentro.
La conciencia. Dichosa conciencia.
Ese último templo sin turista ni apartamento con reserva en Airbnb.
Ese sanctasanctórum donde no entra el algoritmo, ni el partido, ni el juez, ni el periódico, ni la jauría digital.
Ahí, en ese cuarto interior, uno decide si se mantiene erguido o si se arrodilla ante la primera intemperie.
El último secreto no es una conspiración.
El último secreto es que casi nadie quiere ser libre.
Porque ser libre exige renunciar.
Renunciar al aplauso fácil.
Renunciar a la coartada.
Renunciar al victimismo rentable.
Renunciar a tener siempre razón.
Renunciar al placer miserable de culpar al mundo de la propia flojera que sube por las piernas y llega al ombligo apretando a su vez la garganta.
Soportar, en cambio, exige otra cosa:
silencio,
disciplina,
humor,
templanza,
un café bien fuerte,
una mirada limpia,
y ese orgullo antiguo de quien no necesita gritar su dignidad porque la lleva puesta como un abrigo inglés en mitad de la niebla de Londres.
Nos dijeron que el viejo mundo era hipócrita, rígido, elitista, intolerante.
Puede ser, no cabe duda por ese pergamino de la historia.
Pero también sabía una cosa que este siglo de plastilina ha extraviado:
no hay comunidad sin carácter.
No hay libertad sin dominio de sí.
No hay futuro sin gente capaz de apretar los dientes sin convertir cada dolor en una rueda de prensa.
La nueva liturgia sentimental ha sustituido la virtud por el espectáculo.
Todo se confiesa.
Todo se exhibe.
Todo se dramatiza.
Todo se monetiza.
Hasta la tristeza quiere patrocinador con banderola.
Y mientras tanto, la mediocridad avanza con zapatillas cómodas Converse, discurso de tú más y una alergia terminal a la exigencia.
Pero el compás no miente.
La escuadra tampoco.
La vida mide.
La historia pesa con poso de buen café.
Y al final, cuando se apagan los focos, cuando el ruido se retira, cuando la plaza queda vacía y solo queda la piedra fría bajo los pies, la pregunta es brutalmente sencilla:
¿fuiste eje o fuiste espuma?
¿Fuiste carácter o queja?
¿Fuiste columna o decoración?
Porque el mundo no lo salvan los blanditos con manifiesto leído en Pinterest.
Lo salvan quienes soportan sin envilecerse y renuncian sin anunciarlo.
Los que hacen lo que deben aunque nadie mire.
Los que no convierten la herida en bandera.
Los que tienen dentro un delta encendido, una cámara secreta, una orden antigua:
mantente erguido.
Aunque caiga la noche.
Aunque ladren los necios.
Aunque el siglo entero se ponga cursi.
Soporta.
Renuncia.
Y sigue.
Porque el último secreto, al final, era este:
la dignidad no se pide.
Se custodia.
Salud, fuerza y rectitud.
Sello del Escriba. ⚖️△
[✒︎△ | @D_S_Iglesias | ☕️🖋️♟️]
⭕️Círculø del Escribä📜
Lunes es.
Y el lunes no pregunta: empuja como esa puerta giratoria de un antiguo hotel.
Empuja la persiana, la agenda, el café, la camisa blanca, la calle todavía medio dormida.
Empuja como empujaban antes los motores fríos en las mañanas de montaña, cuando conducir no era comodidad sino carácter.
Hoy conviene recordar esto: hay mujeres que no pidieron permiso al mundo; arrancaron el motor y dejaron al mundo tragando polvo.
Catalina García González, leonesa de Puebla de Lillo, aparece como pionera del volante: primera mujer española en obtener el carné de conducir, primera conductora de autobuses y primera mujer con licencia para explotar una línea de autobús, la de Cofiñal-Boñar. En 1925 aprobó el examen en León, teniendo que superar incluso trabas como permiso marital y certificado de buena conducta. España, ya se sabe, siempre ha tenido una habilidad sobrenatural para pedir papeles al talento.
Para la otra figura femenina y perlada, tomo una referencia suiza documentada por la propia Posta Suiza: Anna Nater, señalada como la primera mujer en la Bahnpost, el servicio postal ferroviario; en 1974 entraron las primeras mujeres en ese ámbito de la PTT, considerado hasta entonces territorio masculino.
Diálogo improbable: Catalina García González y Anna Nater
La escena ocurre en una estación imposible en algún cantón suizo.
A un lado, un autobús de montaña con olor a gasoil, cuero viejo y nieve leonesa.
Al otro, un vagón postal suizo, exacto como un reloj, con sacas de cartas, sellos, horarios y una dignidad silenciosa.
Catalina García baja del autobús con las manos firmes y el pañuelo recogido.
Anna Nater ajusta unas cartas sobre una mesa metálica. Afuera, el lunes levanta su niebla como si descorriera un telón.
—Usted llevaba cartas —dice Catalina.
—Y usted llevaba personas —responde Anna.
Catalina sonríe.
—No hay tanta diferencia. Una carta también quiere llegar a alguna parte.
Anna asiente despacio.
—Y una persona también necesita que alguien crea en su destino.
El motor del autobús hace un ruido bronco, casi animal.
El tren, en cambio, espera con disciplina suiza, como si hasta el vapor hubiera firmado un contrato.
—Cuando yo empecé —dice Catalina—, algunos miraban más mis faldas que mis manos en el volante.
—A mí me miraban como si las cartas fueran a caerse del tren por ser mujer quien las ordenaba.
—Qué manía tienen algunos hombres con creer que el mundo se sostiene por sus bigotes.
Anna ríe. Poco. Lo justo. Como quien no malgasta munición.
—El mundo se sostiene por las que madrugan.
—Y por las que no se bajan.
Catalina mira la carretera que sube hacia Boñar.
Anna mira las vías que parten hacia una Suiza de relojes, bancos, montañas y sobres cerrados.
—A mí me gustaba conducir porque la carretera no pregunta de quién eres hija ni de quién eres esposa —dice Catalina—. La carretera pregunta si sabes tomar la curva.
—El correo tampoco pregunta demasiado —responde Anna—. Solo exige llegar. Hay algo noble en eso: cumplir sin hacer teatro.
—Cumplir —repite Catalina—. Palabra antigua.
—Y revolucionaria.
Se quedan calladas.
En la estación, una muchacha joven las observa desde lejos. Lleva una carpeta bajo el brazo. No sabe aún si será ingeniera, conductora, abogada, cartera, escritora o una mezcla peligrosa de todas esas cosas. Pero las mira y entiende algo.
Entiende que hubo mujeres que no rompieron techos de cristal con discursos.
Los rompieron con botas, horarios, barro, frío, sacas de correo, carnés examinados por funcionarios severos y motores que se calaban en cuesta.
Catalina vuelve a subir al autobús.
—Anna, ¿sabe qué le digo?
—Dígame.
—Que a veces basta una mujer al volante para que todo un país parezca menos atrasado.
Anna coloca la última carta en su sitio.
—Y a veces basta una mujer repartiendo destino para que un país aprenda a leer su propio futuro.
Catalina arranca.
El autobús vibra.
Anna levanta la mano.
El tren silba.
Y el lunes, que venía con cara de jefe de negociado, se queda un momento quieto, como avergonzado.
Porque dos mujeres acaban de recordarle que la historia no avanza por decreto.
Avanza cuando alguien se atreve a salir antes que los demás y con rostro fiable de mujer con hondura.
Que el lunes, queridos y amadísimas, les encuentre con las manos en el volante, la mirada en la curva y la plomada del alma bien recta.
[✒︎△ | @D_S_Iglesias | ☕️🖋️♟️]