Muchas mujeres casadas se están acostando con sus jefes en el trabajo.
Hoy una colega médica entró a mi consultorio, cerró la puerta con seguro y me soltó esta frase con una sonrisa cómplice.
Ambas somos divorciadas, independientes y dueñas absolutas de nuestros deseos, por lo que hablar de la tensión sexual en el hospital es uno de nuestros pasatiempos favoritos.
Coincidimos en que la rutina del matrimonio apaga a muchas, y el morbo del poder y la autoridad dentro de las oficinas termina siendo el detonante perfecto para buscar el placer prohibido.
Mientras tomábamos un café, le confesé que no es ningún secreto. Le contaba cómo en las guardias nocturnas, cuando los pasillos quedan en penumbra y los jefes de departamento se quedan trabajando hasta tarde con llave, el silencio del hospital se rompe.
Si caminas con cuidado, se alcanzan a escuchar esos gemidos ahogados de mujeres casadas que dejan atrás la decencia en el escritorio; el eco sordo de los cuerpos chocando contra las paredes, jadeos acelerados y la urgencia de un encuentro rápido pero sumamente ardiente antes de volver a casa.
Ese contraste entre el uniforme impecable del día y la perversión absoluta que se desata a oscuras en una oficina es una fantasía que se vive cada noche en los pisos más altos.
Hombres, una pregunta para los que fantasean con el poder... ¿Qué les genera más morbo: la idea de ser el jefe imponente que domina a una mujer casada en su propia oficina a altas horas de la noche, o el peligro de ser descubiertos en pleno pasillo?
#OPINE😠. Conductor de plataforma en Armenia denunció que una pasajera lo intimidó durante el recorrido y se bajó SIN PAGAR, amenazándolo con acusarlo de “servicio ilegal”.
Hagámosla famosa por conchuda y descarada 🤬