Tal vez el colibrí es eso: un puente, un suspiro del alma, una visita que viaja desde el otro lado para recordarnos que el amor no termina, solo cambia de forma.
Y es en esos momentos en los que me pregunto¿Será que vienen a ver cómo estamos?¿Que en esos pequeños cuerpos alados que contienen tanta ternura, sean los que ya partieron al paraíso, escapándose solo para volver a encontrarse, aunque sea un instante, con quienes aún los esperan?
Volvemos a la esencia, a ese latido antiguo que es el mar… y a nosotros mismos.
Porque Yemayá nos llama,
y nosotros, por fin, escuchamos su reconfortante llamado.
Volvemos a los orígenes, al llamado suave y firme de nuestra madre.
Volvemos a sus brazos, a su abrazo cálido y a su amor incondicional.
A su protección que envuelve, que cura, que recuerda que siempre tendremos un lugar al cual regresar.
Mis sueños siempre me han forjado en lo que soy hoy en día,
y se asemejan a estrellas de papel: frágiles pero poderosas,
porque pueden almacenar deseos o esperanzas que en un futuro podemos recordar.
Esta obra es un tributo eterno a mis perritos, capturando la forma en que me miran, con esa ternura y amor incondicional que solo se encuentra en su mirar.