Creer que "redistribuir la riqueza" acabará la pobreza, es como creer que promediar la nota del salón, acabará con la ignorancia del que no estudia. Esto solo es invento del socialismo.
Cumplir 40 es, de lejos, la etapa más aterradora.
Y no se trata de envejecer o de que te salgan canas, sino del brutal cambio que pega tu percepción del tiempo.
A los 40, la vida va tremendamente en serio.
Si tienes hijos y no te dejas la piel trabajando, pasarán hambre y tendrán una educación pésima.
También es cuando notas el inmenso abismo entre quienes le echaron huevos para salir adelante y quienes se conformaron con la mediocridad.
Ese contraste es tan bestia que te vuela la cabeza.
Alguien con potencial que llega a esta edad sin haber logrado nada, ha tirado a la basura los mejores años de su existencia.
Es bastante deprimente.
A los 40, las facturas de tu estilo de vida te llegan de golpe:
Si has maltratado tu cuerpo, te quedas calvo o canoso.
Si comes mal, sacas una barriga enorme.
Si huyes del ejercicio, arrastras fatiga todo el día.
Y pasa otra cosa más.
Tus padres empiezan a sufrir sustos de salud graves o directamente se van.
De pronto, asimilas que se irán para siempre y que ahora tú estás al mando de tu linaje. Esa responsabilidad te cae encima con todo su peso.
Lo más gracioso es que los imb*ciles del instituto que se reían de ti o se creían los reyes del mundo, hoy son auténticos fracasados.
Atrapados en trabajos sin salida, se tragan el deporte con una cerveza en la mano para anestesiar su miseria.
Ya no tienen los huevos de meterse contigo.
El pesimismo también empieza a acecharte.
Te obsesionas enfermizamente con la política y las noticias.
Esperas que papá Estado te solucione la vida y odias a los millonarios por atreverse a hacer exactamente lo que tú esquivaste.
La envidia se vuelve repulsiva. Termina funcionando como una triste válvula de escape.
El escaparate ideal para volcarla son las redes sociales.
Te dedicas a soltar bilis comentando que todo es humo, una estafa, tratando de hundir el prestigio de los demás.
Pero no cuela. Todos te ignoran porque saben que no eres más que un perdedor llorica.
Para gran parte de la gente, llegar a los 40 supone un punto de no retorno: o das un giro radical a tu vida, o comienzas a marchitarte lentamente.
Lo más bestial de todo no es soplar 40 velas.
Es ser consciente de la inmensa cantidad de tiempo que tiraste a la basura por vivir paralizado por el miedo.
Mi hijo tenía 16 años cuando lo atropelló un conductor ebrio. Estuvo en coma durante tres meses. El neurólogo nos hizo sentarnos en una sala de reuniones aséptica y nos mostró las imágenes. «El tronco cerebral está intacto», dijo con delicadeza. «Pero el resto... está oscuro. Si despierta, quedará en estado vegetativo. Nunca hablará, nunca os reconocerá, nunca podrá alimentarse por sí mismo. Tienen que plantearse un centro de cuidados a largo plazo».
Nos negamos. Lo trajimos a casa.
Montamos una cama de hospital en el salón. Le pusimos sus discos favoritos de Led Zeppelin. Le leímos cómics. Le hablamos durante 12 horas al día.
Seis meses después, le estaba afeitando la cara y contándole un chiste malo de papá.
No solo sonrió. Se rió. Una risa ronca y seca.
Entonces me miró y dijo: «Eso no tenía gracia, papá».
Hoy está terminando su carrera de ingeniería. Camina con un bastón, pero camina.
El médico lo llama una «anomalía». Yo lo llamo un luchador. Nunca dejes que una estadística determine tu destino.
¿Se puede evitar la muerte?
Ayer murió una paciente de 17 años por una apendicitis complicada.
Sí, por una apendicitis.
Una adolescente que durante aproximadamente 10 días recorrió cuatro centros de salud. Llegaba con dolor abdominal, distensión, secreción vaginal amarillenta y fétida. Era sexualmente activa, y probablemente en algún momento fue enfocada como un caso ginecológico.
Pero era abdomen agudo.
Cuando llegó a nuestro centro, llegó en shock.
Se le realizaron analíticas, pero antes de tener resultados completos, su condición colapsó. Fue llevada a UCI, estabilizada y trasladada a quirófano.
En cirugía se encontraron aproximadamente 3,000 cc de pus en cavidad abdominal. Una apendicitis perforada. Sepsis instaurada.
Dos días después, falleció.
Y aquí es donde me golpea la realidad.
Yo creo que la muerte, como destino final, es inevitable. Nacemos y algún día morimos. Pero lo que sí creo es que algunas causas de muerte pueden evitarse.
Una apendicitis no debería matar a una paciente de 17 años.
Dolor abdominal, fiebre, náuseas, vómitos, diarrea en una adolescente previamente sana. Ese diagnóstico no es complejo. No requiere ser cirujano. Requiere sospecha clínica.
La apendicitis la operamos los quirúrgicos.
Pero la deben diagnosticar todos los clínicos.
Esta paciente buscó ayuda. Sus familiares buscaron ayuda. Fue despachada una y otra vez. Llegó sin referimiento. Llegó cuando ya la sepsis estaba instaurada.
Y sí, quizás su muerte era inevitable en ese mismo día. Pero no tenía que ser por una apendicitis.
Eso es lo que duele.
Eso es lo que me choca.
Eso es lo que no debería pasar.
Porque cuando el diagnóstico se retrasa, no es solo un error. Es una oportunidad perdida de salvar una vida.
Cuando las FARC me secuestro, uno de mis violadores me marcó el cuerpo, convencido de que así me condenaba a recordarlo toda la vida. Y sí… lo hizo. Durante años llevé en la piel el peso del horror, del abuso y de la crueldad más inhumana.Hoy, esa marca ha sido transformada. Donde hubo violencia, hoy hay fuerza. Donde hubo silencio, hoy hay verdad.
El nombre “Leo” es el latido eterno de mi madre, una mujer valiente que luchó hasta el final por sus hijos secuestrados.
La mariposa 🦋 es mi renacer, la certeza de que incluso después de la oscuridad más profunda, se puede volver a volar.
Y el número 18677 es memoria colectiva: niños y niñas que no pueden ser reducidos a cifras, vidas que claman justicia.
Este tatuaje no es solo mío.
Es de todos los que ya no están.
De los que aún esperan justicia.
De un país que no puede darse el lujo de olvidar.
Porque olvidar es permitir que se repita.
Y nosotros estamos aquí para recordar.
Gracias al artista Edwin Gómez, quien con su talento convirtió una marca de dolor en una verdadera obra de arte, llena de memoria, dignidad y fuerza. https://t.co/iU7kCu6VGD
DEBE SER LEY:
Toda clínica privada debe estar obligada a atender de inmediato a cualquier persona accidentada o en estado grave si es el centro médico más cercano, aun cuando no tenga SOAT, seguro ni identificación.
¡Primero la vida. Después los trámites!
Cuando escuchemos a quienes aspiran a la presidencia, no olvidemos tomar en cuenta: ¿qué propone para la salud mental? Gobierno tras gobierno, este tema queda en segundo plano y hoy vemos las consecuencias. La salud mental no es un asunto menor.
A los niños desde bien pequeños se les debe enseñar que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste.
Que si apuntas con tu mano derecha al este tu cara mira al norte y tu espalda al sur,y viceversa si cambia la orientación.
Que la dirección del agua en un río es la dirección hacia el mar la mayoría de las veces.
Que la Luna sale por el Este y se pone por el Oeste.
Que si no hay luna existe una estrella que indica el norte y tu latitud.
Que mientras más al horizonte veas la Estrella Polar más cerca estás del Ecuador.
Que si ves un ave en medio del mar es que hay tierra hacia donde vuela.
Enséñale todo eso antes de regalarle un celular porque el celular se agota y la señal se pierde...
El conocimiento permanece y es útil en un momento de sobrevivencia.
Yo era de esos hombres que juraban no querer tener hijos.
A los 23 años intenté hacerme la vasectomía. El médico, un hombre mayor, me miró con ojos de mil años y me preguntó:
—¿Tienes hijos?
—No.
—¿Te has casado?
—No.
—¿Has vivido con una mujer?
—Tampoco.
Guardó silencio unos segundos, se recargó en su escritorio y me dijo con calma:
—Vuelve en diez años si sigues pensando igual.
Diez años después, mientras sostenía a mi hijo recién nacido —toda inocencia y vulnerabilidad entre mis brazos—, en silencio le di las gracias a aquel médico cuyo nombre ni recordaba por haber tenido más visión que yo… y la sabiduría y la ética de no dejarse llevar por mi impulso.
Porque de haberlo hecho, me habría perdido una de las experiencias más increíbles de la vida: ser papá.
Hoy entiendo, como psicólogo y como hombre, que las mejores decisiones no nacen de las heridas de la infancia, sino de lo que el alma logró sanar con los años, la madurez y la experiencia.
Porque a veces, la vida sabe mejor que uno cuándo es el momento de soltar.
Siempre recuerdo la vez que fui a Misa y le dije a Jesús: “Nunca me dejes”. Al terminar la misa me percaté que tenían una Biblia abierta a un costado del altar, me acerqué con curiosidad y leí asombrado en Hebreos 13, 5: “Nunca te dejaré ni te abandonaré”.
Cuanto más inteligente te vuelves como hombre, más te das cuenta de que un minuto de ira, avaricia o lujuria puede arruinar DÉCADAS de tu arduo trabajo.
La Universidad de Lima otorgó el grado de doctor honoris causa al presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Julio Velarde, en una ceremonia en el auditorio central de dicha casa de estudios.