Las apariencias debían ser cautelosas, sobre todo en el contexto del mundo que los rodea y la gente que habitan en el. Sin embargo hay cosas que nunca cambian, entre ellas, el cariño familiar, aquel lazo que une a ambos.
— Que bien que adivinas y solo quiero hablar.
— Si fuera por el, ya estaría abrazando a su pequeña estrella, más sabe que debe guardar apariencias con la Expedición y el mismo también. —
Eso suena a que no puedes dormir, te conozco... ¿Quieres hablar de algo?
Sonrió amistosamente al ver a su padre y se acerco un poco mas, mas no lo suficiente, siempre tuvo una distancia mas prudencial.
— Si... Queria verte. Eso es todo.
— Raro era verla irse lejos del resto, más si le buscaba a el, quien era para prohibirla verle si además estaba ahí para protegerla.
No tardó mucho en verla y apartar la mirada del Monolito para dirigir su mirada a ella. —
. . . ¿No deberías estar con los demás?
— Eso le tranquiliza, en cierta manera que siga manteniendo costumbres de fuera.
Que lo haga cuando le parezca preciso, sabe que el siempre estará ahi por si le necesita. —
No es algo que haga con frecuencia (po obvias razones) pero dentro de todo, algunas costumbres nunca mueren.
En cuánto a la pintura... No es prudente. Almenos no de momento.
— Le sorprende que dentro del Canvas siga pintando e incluso toque el violín.
¿Le puede mostrar la pintura? Volvería a su forma real pero no esta seguro que con la Expedición sea lo más acertado. —
Dibujo una pintura y práctico con el violin que le regalo en navidad, por tanto la respuesta es no. ¿O tendrá algo sorpresa? De ser así, que diga. Ella lo escuchara como siempre.
Cuando llegué a la sala, vio el regalo y enseguida sonrió .
Se acerco más a la habitación y destapé el regalo rápidamente. Tomó el violín, pero luego lo dejó en el suelo y corrió hacia su padre para abrazarlo con fuerza.
— Risa pequeña suelta al verla correr, mientras se apoya levemente en el bastón que suele llevar.
La había escuchado hace un tiempo decir que necesitaba un violin nuevo y bueno, el tiene contactos. —
Por algo dice el dicho de " Tal palo, tal astilla." Quizás un gesto heredado de él y eso, sin duda, era una clara muestra de orgullo o de legado familiar.
Sea cual sea el caso, lo cierto es que ir ella vaya a dormir ya no es siquiera una opción a considerar.
— Podría, si.
— Podía comprender en cierta manera aquello, le pasaba lo mismo antaño cuando pintaba, sin embargó a día de hoy podría pasarse horas en el atelier sin darse cuenta entre lienzos. —
¿Has pensado en pintar algo? Quizás te vendría bien.
— Si, pero...
Las horas pasaban como segundos cuando se concentraba en aquella actividad, perdiéndose en las melodías que ella misma producía con el instrumento, y sin embargo, no se encontraba agotada. Antes podría haber dicho que sí, pero ahora distaba mucho de ser el caso.
¿No has ensayado con el violin hoy?
— Preguntó con curiosidad, era raro el oir que no había hecho nada agotador cuando de por si era una alma inquieta. —
Se acerca al sillón y se sienta en él, y una sonrisa aparece en su rostro.
— Oh no...— O quizás si. Puede ser, igual no hizo mucho en el día que agotase sus energías y requiera un descanso previo.
— Ha señalado un sillón a su lado, por si quiere sentarse, mientras el mismo se incorpora en el propio un poco.
Ni sabe cuanto llevaba cerca de la chimenea con Monoco y Noco. —
¿Puedo saber porque? ¿Es porque no estas cansada o hay algo más?
— Auch, ni sabe a que ha venido eso, menos mal que no fue fuerte ni de lejos.
Ya ha dejado la pipa apoyada en la mesa con cuidado antes de mirarla. —
¿No puedes dormir?