Uno de los tipos más exitosos del mundo decidió hablar no de él, sino de la importancia de armar equipos sólidos y trabajar juntos.
No es poco en esta época tan individualista.
♥️
En el día de su despedida de la Selección, el Capitán elige a un ex combatiente para cantar el Himno y recibe un Honoris Causa de la universidad pública más importante del país. Quien quiera oír que oiga.
Toca enfrentar el vacío que deja este volver inquebrantable al individuo por sobre el colectivo. Pocas cosas llenan como sentirse parte de algo más grande que uno. Gracias Selección por recordarnos que existe el plural y que es la forma definitiva de saberse más fuerte.
Uno acá dice “si de verdad cada 30 horas un varón se convierte en femicida, es como que vivis rodeado, puede ser cualquiera”. Exactamente, ese es el punto.
Hay palabras que no deberían poder decirse sin que algo se derrumbe y, sin embargo, se dicen.
Borrar una civilización entera como si fuera una pieza en el tablero. Se dice desde el poder, pero también desde una desmentida brutal de lo humano. Donald Trump nombra la desaparición y no pasa nada. No pasa nada.
Eso también inquieta. La velocidad con la que algo así atraviesa el lenguaje sin hacer estallar nada. Como si no hubiera cuerpos, historia, deseo, duelo, infancia, lengua, memoria… como si todo eso se pudiera borrar.
No hay palabra inocente. El lenguaje no es solo un medio, también es acto. Y cuando se enuncia la aniquilación, algo de eso ya empieza a operar.
Tal vez lo más violento no es solo la amenaza, sino lo rápido que se vuelve posible. Entonces ya no se trata solo de un hombre, ni de un país, ni de una guerra. Se trata de la caída de ciertos límites.
¿Qué pasa cuando el horror no hace ruido?
Escribir es también una forma de no ceder, de poner palabras donde el discurso empuja al borramiento, de sostener una pregunta donde todo quiere cerrarse en una certeza violenta. Porque el lenguaje puede destruir, pero también puede abrir.
Y hoy, más que nunca, se trata de no dejar que el pensamiento sea arrasado junto con todo lo demás.
Pero mirá si voy a gastar un minuto de mi vida en debatir con infradotados prejurásicos el derecho que tenemos las mujeres a elegir si tener o no un hijo.
Salgan de nuestras vidas, de nuestros úteros y de nuestras decisiones, idiotas.
El gobierno creyó que podía relativizar la historia.
Lo único que logró fue despertarla aún más.
Millones de personas movilizándose en todo el país, en uno de los 24 de marzo más multitudinarios de la historia.
#NuncaMás
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver muchos pañuelos. Envueltos en los cuellos, estampados en las remeras o pintados en el asfalto. Son para no olvidar que hubo un grupo de mujeres argentinas que se plantaron de pecho frente a una banda de asesinos y, caminando en círculos con un pañuelo en sus cabezas, los derrotaron.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver muchas columnas organizadas de gente con pecheras de su agrupación. Son para recordar que la política le pertenece al pueblo y que este nunca más va a aceptar que se la arrebaten o se la prohíban.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver las caras de los desaparecidos. Son para sentir, aunque no los hayamos conocido, el dolor de su ausencia. Porque se acerca el momento de que nuestras generaciones, las que no vivimos la dictadura, vamos a tener que hacernos cargo de encabezar esas banderas.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver muchas familias y grupos de amigos. Es para recordar que lo primero que la dictadura intentó cortar son los lazos sociales para instalar el individualismo extremo y el sálvese quien pueda. Y nosotros sabemos que nos salvamos entre nosotros, todos juntos como comunidad.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver muchas banderas argentinas. Son para que infles el pecho porque vivís en un país que se hizo cargo de su historia y condenó, con su justicia civil y sin necesidad de tribunales internacionales o cortes militares de los vencedores, a los responsables de su propia herida nacional.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver muchas veces el número 30.000. Es para recordarles a los soretes que le andan cuestionando la cifra a las familias de las víctimas, que lo que tienen que hacer es preguntarles a los asesinos, esos que saben bien a cuantos argentinos mataron y siguen ocultando la ubicación de sus restos.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver muchas consignas contra el Gobierno. Son para entender que la represión de los 70´ fue la forma de instalar un programa económico basado en principios muy similares a los que buscan imponer los que están ahora, que también lo hacen, en menor escala, con represión.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver muchas intervenciones artísticas. Son para homenajear a aquellos que desafiaron con su arte al sentido común establecido por la dictadura y enfrentaron, por eso, la desaparición o el exilio.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver a muchos periodistas cubriendo. Es para enterrar para siempre el silencio obligatorio impuesto desde el poder y para reivindicar la libertad de expresión como un valor esencial para el funcionamiento de la democracia.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ver muchas veces las palabras “Nunca Más”. Son para entender que, más allá de lo desesperanzadora que puede ser la coyuntura, tenemos un consenso amplio e inquebrantable como país que no van a poder torcer los que apenas se animan a provocar.
Hoy, cuando estés marchando, también vas a ver algo de tristeza. Es porque cada historia contiene un dolor desgarrador. Pero también vas a ver determinación, porque todavía falta mucho. Faltan 350 nietos con identidades falsas que no pudieron ser restituidas, faltan represores que están prófugos, faltan los juicios a los cómplices civiles.
Ya sea que marches hacia Plaza de Mayo, hacia Tribunales Federales en Córdoba, hacia el Monumento a la Bandera de Rosario, hacia la Casa de Gobierno de Mendoza, hacia la Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán, o hacia cualquiera de los cientos de puntos de destino por todo el país.
Hoy, cuando estés marchando, vas a ser parte de la historia grande de este país. Esa historia que a 50 años del horror, nos sigue hablando de amor.
Somos el país que condenó a los genocidas.
Que los obligó a morirse cagando en una cárcel.
Que busco y recupero a sus nietos.
Que siguió a las abuelas.
Que bajo los cuadros de Videla.
Que defendió siempre la memoria.
Somos mucho más que este momento histórico horrible.
Esto también pasará. De este horror también saldremos.