Pero lo que usted ignora es cuánto la soledad aumenta el ardor de los deseos. Ya no tengo sino una sola idea; en ella pienso por el día y sueño de ella por la noche.
Choderlos de Laclos en «Amistades Peligrosas».
Solo entonces le dije la verdad: no la había olvidado nunca, pero su despedida había sido tan brutal que me cambió el modo de ser.
Gabriel García Márquez en «Vivir para contarla».
Colombia, como se repitió casi todos los días en notas editoriales, en la calle, en los cafés, en las conversaciones familiares, era una república invivible.
Gabriel García Márquez en «Vivir para contarla».
Todo lo que suena es música, incluidos los platos y los cubiertos en el lavadero, siempre que cumpla la ilusión de indicarnos por dónde va la vida.
Gabriel García Márquez en «Vivir para contarla».
Era de una pobreza absoluta y una timidez de codorniz, que trataba de contrarrestar con una altanería insoportable y una franqueza brutal.
Gabriel García Márquez en «Vivir para contarla».
¿Por qué lloras? ¿por qué fluyen de tus ojos esos arroyos de lágrimas? Si buscas remedio a tu mal preciso es que descubras la herida.
Boecio en «La consolación de la filosofía».
745. Si nos pusiéramos en el lugar de otras personas, desaparecerían esa envidia y ese odio que con tanta frecuencia nos inspiran, y si pusiéramos a otros en nuestro lugar disminuirían mucho el orgullo y la presunción.
Johann Wolfgang Goethe en «Miscelánea».
472. Tienen los botánicos una sección de plantas, que llaman incompletas; pues también podría decirse que hay hombres incompletos, deficientes. Son aquellos cuyas aspiraciones y afanes no guardan proporción con su actuación y rendimiento.
Johann Wolfgang Goethe en «Miscelánea»
412. Pero el verdadero mediador es
el arte. Hablar sobre arte equivale a querer servir de medianero al mediador, y, sin embargo, de ahí se derivan para nosotros muchas cosas valiosas.
Johann Wolfgang Goethe en «Miscelánea».
La obligación de una película y de un libro es entretenerme. Si viéndola o leyéndolo, me distraigo, cabeceo o me quedo dormido, han faltado a su deber y son un mal libro o una mala película.
Mario Vargas Llosa en «Los cuadernos de Don Rigoberto».