Mi imperio romano es no saber su versión de la historia: si alguna vez me lloró, si le dolió, si me pensó; si me recuerda en canciones, si al pasar por ciertos lugares se le viene mi nombre a la cabeza, o si alguna vez se arrepintió de la decisión que tomó.
Si estás pensando en hablarle ó no; imagínate llegar a los 60 años y mirar atrás y arrepentirte de no haber hecho nada cuando aún estabas a tiempo, el rechazo dura un rato pero la duda es ETERNA.