@MemoSalinas@lopezobrador_ A que mi memillo pasarisitillo, eres tan ignorante...
Eres un rico ( que no ganó ni un peso de esa riqueza ) tan pero tan pobre...
@Claudiashein
" estudia, superate, y cuando estés arriba, nunca te olvides de tus ideales " tú defendias esta máxima.
Que triste Dra, lo olvidaste por completo, que pena.
No entiendes, que no entiendes..
Que seas representante de enfermitos mentales y violadores, algo debes estar haciendo mal, querida..
Totalmente del lado incorrecto de la historia.
Banderita roja
Irán ha publicados este emotivo video.
Twitter se lo ha baneado.
A Elon Musk no le gustan las verdades a la cara.
Así que por favor, no compartas este video para que Elon Musk, Trump y Netanyahu no se enfaden.
La infame petición de 1977: contexto, firmas y realidad
¿Qué fue? Pues te lo cuento.
El 26 de enero de 1977, varios intelectuales franceses de la llamada élite cultural firmaron una carta abierta publicada en Le Monde dirigida al parlamento francés en pleno debate sobre la reforma del Código Penal y la edad de consentimiento sexual. La misiva cuestionaba la penalización de ciertas relaciones sexuales entre adultos y menores de edad y pedía, incluso, la liberación de tres hombres encarcelados por actos con menores de 12-15 años.
Entre los firmantes estaban figuras que hoy se venden como paladines del pensamiento «ético» o «feminista», entre otros:
Simone de Beauvoir
Jean-Paul Sartre
Michel Foucault
Roland Barthes
Jacques Derrida
Louis Aragon
Gilles Deleuze
Félix Guattari
Jean-François Lyotard
y unos 69 intelectuales, médicos y psicólogos que suscribieron ese texto.
El manifiesto afirmaba que tres años de prisión preventiva para hombres acusados de cometer actos sexuales con menores de 12-13 años resultaban «excesivos» y señalaba supuestas «incoherencias» en la ley que negaba a los menores la capacidad de consentir, aunque sí se les considerara responsables penalmente por otros actos a esa misma edad.
Este era un proyecto ideológico compartido. Sucio, denigrante, pero consensuado entre esa tribu de asquerosos pedófilos. La casi totalidad de los firmantes provienen de contextos alineados con la izquierda intelectual, la contracultura progresista o el marxismo crítico de la época.
Entre 1929 y 1943, De Beauvoir trabajó como profesora de educación secundaria. En ese período, específicamente en 1939, los padres de una de sus alumnas, Natalie Sorokine, denunciaron a la filósofa de seducir a su hija y contrariar las buenas costumbres. En consecuencia, fue suspendida como profesora durante un tiempo por incitación a la perversión de menores.
El segundo caso involucra a Bianca Lamblin, otra estudiante de la autora de La mujer rota. La joven mantuvo una relación con la pareja de filósofos, quienes en su correspondencia, revelada en una biografía póstuma de Beauvoir, se referían a Lamblin como Louise Védrine.
En respuesta a ese texto, Bianca Lamblin publicó sus memorias llamadas Un asunto vergonzoso, en las cuales acusa que fue una conquista programada de los filósofos y que Sartre la seducía constantemente, a pesar de que su interés siempre fue más por quien era su profesora.
El escritor y académico británico Andy Martin se refirió al tema en una columna en The New York Times, en 2013. «Está bien establecido que ella y Jean-Paul Sartre desarrollaron un patrón, al que llamaron el ‘trío’, en el que Beauvoir seducía a sus estudiantes y luego se las pasaba a Sartre», escribe.
Simone de Beauvoir. Pedófila, amante de menores de edad, filósofa del consentimiento selectivo
Otro referente asqueroso de la izquierda.
El mito es, supuestamente, intocable. Intelectual lúcida, madre del feminismo moderno, conciencia moral. La realidad es un lodazal, una fosa repleta de excremento humano. Simone de Beauvoir no fue una adelantada ética; fue cómplice, encubridora y apologista de lo inmoral con una doble vara que hoy huele a putrefacción.
Empecemos por lo que la izquierda intenta esconder bajo la alfombra académica. Beauvoir defendió públicamente la despenalización de relaciones sexuales entre adultos y menores. En 1977, firmó una petición dirigida a la Asamblea Nacional francesa pidiendo eliminar las leyes de edad de consentimiento. No fue un desliz juvenil ni un simple impulso sexual; fue una toma de posición. En el mismo saco iban otros «intelectuales comprometidos» que confundían, a sabiendas, libertad con abuso y rebeldía con depredación. La coartada era la misma de siempre. Consentimiento abstracto, poder ignorado, el niño convertido en concepto erótico. Repugnante. Sencilla y llanamente, repugnante.
Su relación con Jean-Paul Sartre fue una fábrica de miseria moral. Ambos se repartían amantes como fichas; menores incluidas en más de un caso documentado por testimonios y cartas. Beauvoir actuó de reclutadora, presentando alumnas jóvenes a Sartre. Cuando el escándalo explotó, mintió y protegió al macho sagrado. En 1943, perdió su puesto como profesora por acusaciones de abuso de una estudiante menor. No fue una persecución patriarcal; fue consecuencia directa de sus actos libidinosos.
La izquierda intenta salvarla con el truco habitual. Otro contexto histórico, una época distinta, la libertad sexual. Mentira. También entonces hacer eso era inmoral. También entonces existía la asimetría de poder. También entonces un adulto sabía perfectamente lo que hacía. Beauvoir lo sabía, pero le dio un marco teórico para esconder su pedofilia. Cuando no puedes defender el acto, relativizas a la víctima. Manual clásico.
Su feminismo fue selectivo y muy oportunista. Denunció la opresión cuando servía para atacar a la sociedad burguesa; calló o justificó cuando el abuso venía del bando correcto. Defendió a Sartre a capa y espada; defendió varias dictaduras; defendió lo indefendible. La mujer como sujeto moral desaparecía si estorbaba al proyecto ideológico. Simone fue un manojo de hipocresía en estado puro.
No fue jamás un faro ético; fue una intelectual mediocre sin límites morales, capaz de teorizar el abuso, encubrir al compañero y pedir leyes que dejaban indefensos a los menores. La izquierda la sigue citando porque si cae Beauvoir, también se les cae el relato, ese que siempre está pendiendo de un hilo tan endeble como la ideología misma que une a esta manada. Prefieren cancelar estatuas ajenas antes que mirarse en este espejo.
Lo de ella no fue liberación. Fue corrupción envuelta en filosofía. Y eso no lo limpia ningún prólogo ni ninguna cátedra.