Anna devolviΓ³ el abrazo en un gesto maternal. El cuerpo del chico resultaba pequeΓ±o entre sus brazos. EsperΓ³ a que el chico dejara de cantar, acompaΓ±Γ‘ndole de vez en cuando con algunas notas y melodΓas.
"Creo que deberΓamos prepararnos para la caza." Dijo, con voz calmada.
Ella sonriΓ³, las arrugas empezaban a marcarse en la cara de su madre.
"Bien dicho, me alegro de que hayas heredado las costumbres de tu familia."
Anna empezΓ³ a afilar su hacha con cuidado. Su ilusiΓ³n siempre habΓa sido tener un hijo, y allΓ estaba. No le importaba que no +