El feminismo me tiene confuso, un día te dicen que las mujeres pueden ir semidesnudas por la calle sin problema y al día siguiente que no, que la ropa de las atletas olímpicas es machista.
@Fachamaru15 Se puede ser de izquierda ,se puede ser de derechas pero cuando un gobierno transforma un país dándole la vuelta que le ha dado Bukele , poco más que añadir .
El que diga lo contrario no puede estar sano .
ElXokas habla de Ester Expósito. Irene Montero responde. Abby entra en escena y media España discute otra vez sobre machismo, patriarcado y feminismo.
Pero detrás de los insultos, los clips y los zascas hay una pregunta mucho más incómoda. Si la respuesta a todos nuestros problemas siempre es el patriarcado, quizás ha llegado el momento de empezar desde cero.
Dos sexos, dos formas de sufrir y una sola teoría
Cuando se ordenan los problemas de hombres y mujeres, aparece una paradoja. En la parte alta de ambas listas están los problemas materiales.
En las mujeres, la dependencia económica, la carga de los cuidados, la maternidad, la conciliación o la dificultad para abandonar relaciones dañinas.
En los hombres, los trabajos peligrosos, la obligación de proveer, la exposición histórica a la guerra y un valor personal demasiado ligado al salario, el estatus y la utilidad.
Más abajo comienzan los problemas culturales, como la presión estética sobre las mujeres, la obligación masculina de mostrarse fuerte, la expectativa de que ellas cuiden y comprendan o de que ellos resuelvan, produzcan y protejan.
Y finalmente aparecen los problemas más ideológicos, como la dificultad para definir la feminidad, la sospecha permanente sobre la masculinidad, la conversión de la mujer en víctima estructural y la del hombre en beneficiario estructural.
Resulta curioso que, cuanto más nos alejamos de la realidad, más segura parece estar la teoría del patriarcado de sí misma.
No hubo un reparto simple de privilegios
La historia no distribuyó privilegios a los hombres y cargas a las mujeres de una forma limpia. Distribuyó funciones, obligaciones, dependencias, riesgos y compensaciones diferentes.
La mujer dependía económicamente del marido, pero el marido estaba obligado a mantenerla. La mujer quedaba vinculada al cuidado y el hombre a la producción, la intemperie, la fábrica o la guerra.
También eran distintos los criterios con los que ambos eran valorados. La mujer por su capacidad familiar, reproductiva o estética y el hombre por su fuerza, patrimonio, utilidad o estatus.
En ambos casos existían limitaciones brutales para cualquier individuo que no quisiera o no pudiera representar el papel que le había correspondido.
Nada de esto convierte aquel mundo en justo ni obliga a ignorar las discriminaciones legales que padecieron las mujeres, pero sí hace intelectualmente pobre describir siglos de organización social mediante una única flecha de poder que siempre va del hombre hacia la mujer.
El poder de un rey, un empresario o un terrateniente no era el poder del campesino enviado a una guerra. Compartían sexo, no intereses, privilegios ni destino.
Dos métodos para medir el sufrimiento
El problema se vuelve más evidente cuando observamos cómo analizamos las desigualdades actuales. Cuando encontramos una desigualdad femenina, buscamos una estructura que lo explique todo. Cuando encontramos una desigualdad masculina, buscamos una conducta.
Si una mujer depende económicamente, hablamos de estructuras patriarcales.
Si un hombre siente que debe mantener económicamente a toda su familia, hablamos de un rol masculino que debe abandonar.
Si una mujer no consigue salir de una relación dañina, estudiamos sus condicionantes materiales, emocionales y sociales.
Si un hombre no pide ayuda, concluimos que debe aprender a pedirla.
Cuando las mujeres están infrarrepresentadas en un ámbito prestigioso buscamos barreras, sesgos y mecanismos de exclusión.
Cuando los hombres están sobrerrepresentados entre suicidas, presos, personas sin hogar o muertos en accidentes laborales, resulta mucho más fácil hablar de impulsividad, malas decisiones, violencia o resistencia a acudir a los servicios sociales.
Y cuando alguien pregunta por qué aplicamos métodos distintos aparece una explicación capaz de absorber cualquier objeción, que el patriarcado también perjudica a los hombres.
Es una teoría extraordinariamente cómoda. Si los hombres triunfan, confirma el patriarcado. Si fracasan, también.
Si dominan, es masculinidad; si se hunden, también.
Si hablan, ocupan el espacio; si callan, reprimen sus emociones.
El problema no es que la explicación sea siempre falsa. El problema es que corre el riesgo de no poder ser falsa nunca.
Lo que importa son los mecanismos
No necesitamos enfrentar una lista de sufrimientos masculinos contra otra de sufrimientos femeninos para decidir quién merece la medalla histórica de la opresión.
Tampoco necesitamos inventar un feminismo para hombres que copie exactamente el mismo esquema, cambie el sexo del sujeto y empiece a contar muertos, presos y suicidas como prueba de una conspiración femenina.
Necesitamos algo intelectualmente más serio, estudiar cada desigualdad según el mecanismo que la produce.
Si depende de la clase social, hablar de clase. Si depende de la biología, admitir la biología. Si depende de incentivos económicos, analizar los incentivos. Si depende de leyes, cambiar las leyes. Si depende de costumbres, modificar las costumbres. Y si depende de decisiones personales, reconocer también la responsabilidad individual.
Si un problema afecta principalmente a mujeres, estudiarlo como problema femenino puede ser enormemente útil. Si afecta principalmente a hombres, deberíamos aplicar exactamente el mismo principio sin sentir que estamos traicionando ninguna causa política.
La igualdad no consiste en descubrir qué sexo ha sufrido más. Consiste en dejar de deformar cada sufrimiento para que encaje en una teoría previa. Porque hombres y mujeres pueden sufrir de maneras distintas y por mecanismos diferentes.
Lo que no tiene sentido es obligar a ambos a sufrir dentro de la misma explicación.
El esquema que lo explica todo
Buena parte del feminismo hegemónico ha terminado encerrada en un esquema extraordinariamente sencillo, donde el problema es el patriarcado, el síntoma es el machismo y la solución es más feminismo.
El patriarcado ocupa el lugar de la estructura profunda. Puede explicar la familia tradicional, el mercado laboral, la sexualidad, la educación, la estética, la violencia, los cuidados o el lenguaje.
El machismo sería su manifestación visible, donde se encuentra la conducta, el prejuicio o la desigualdad concreta mediante la que el patriarcado se muestra.
Y el feminismo aparece entonces no como una doctrina política sometida a discusión, sino como el único instrumento necesario para diagnosticar y corregir el sistema.
El esquema tiene una enorme potencia política porque tiende a cerrarse sobre sí mismo. Si una mujer denuncia una desigualdad, confirma la necesidad del feminismo.
Si una mujer niega sentirse oprimida, puede decirse que ha interiorizado el patriarcado.
Si un hombre se opone, es que protege sus privilegios.
Si se acepta la teoría, se reconoce la estructura.
Incluso los problemas masculinos pueden incorporarse al modelo como daños colaterales del propio patriarcado.
Así,cualquier resultado puede reinterpretarse como una nueva manifestación del mismo problema y, por tanto, como argumento para profundizar en la misma solución.
Aquí aparece la izquierda de nuestros días. Al perder peso la antigua arquitectura de clase, propiedad, producción y conflicto laboral, una parte de la izquierda encontró en el feminismo radical un sistema completo de interpretación moral de la sociedad.
Ya no necesita identificar mecanismos económicos concretos para cada desigualdad. Puede ordenar la realidad mediante categorías previas, como privilegio, opresión, estructura, socialización, víctima y agresor.
El resultado es políticamente perfecto. El patriarcado diagnostica, el machismo demuestra y el feminismo prescribe. La propia doctrina define el problema, identifica sus síntomas y certifica la necesidad de ampliar su influencia.
Por eso el debate resulta tan difícil. Ya no discutimos únicamente sobre discriminaciones concretas, leyes o estadísticas. Discutimos sobre un marco que ha aprendido a interpretar incluso sus contradicciones como pruebas de su propia validez.
Y una teoría que siempre termina recomendando más de sí misma debería, como mínimo, despertar nuestra curiosidad.
La teoría que no puede perder
En términos de Karl Popper, el problema aparece cuando una teoría deja de ser falsable. Es decir, cuando no podemos imaginar ningún resultado posible que obligue a reconocer que quizás esa teoría estaba equivocada.
Pensemos en frases como "El universo conspira para que seas feliz". Si consigues trabajo, el universo te estaba ayudando. Si te despiden, necesitabas abandonar ese empleo para encontrar tu verdadero camino. Si conoces al amor de tu vida, era el destino. Si te abandona, el universo estaba apartando de ti a quien no te convenía.
La teoría nunca pierde. No porque haya demostrado su verdad, sino porque cada acontecimiento es reinterpretado después para protegerla.
Algo parecido puede ocurrir con el patriarcado cuando se convierte en explicación universal. Si los hombres ocupan los puestos de poder, demuestra el privilegio masculino.
Si los hombres son mayoría entre los presos, los suicidas, las personas sin hogar o los muertos en accidentes laborales, demuestra que el patriarcado también perjudica a los hombres.
Si una mujer denuncia opresión, confirma la teoría. Si dice no sentirse oprimida, puede haber interiorizado el machismo. Si un hombre rechaza el feminismo, protege sus privilegios. Si lo acepta, reconoce finalmente la estructura que le beneficiaba.
¿Qué tendría que ocurrir para demostrar que el patriarcado no explica un fenómeno concreto?
Si la respuesta es que absolutamente nada, ya no estamos utilizando el concepto como una hipótesis que compite con otras explicaciones. Estamos utilizando un marco capaz de absorber cualquier resultado posible.
Eso no significa que el machismo no exista, que las mujeres no hayan sufrido discriminaciones históricas o que ninguna desigualdad actual pueda tener causas estructurales. Significa algo mucho más sencillo, que una explicación debe aceptar la posibilidad de no ser la explicación total.
La clase social, la biología, los incentivos económicos, las leyes, la educación, la personalidad o las decisiones individuales también existen.
Una teoría seria debe permitirnos descubrir cuándo interviene cada factor y, sobre todo, cuándo nuestra hipótesis inicial era incorrecta.
Porque una teoría que explica una cosa y también lo contrario de esa cosa no necesariamente ha comprendido mejor la realidad. Quizás simplemente ha aprendido a no perder nunca.
A los que piden que no hablemos del asesinato de Miguel Angel Blanco… haberlo pensado antes de matar como cobardes de mierda a un pobre chaval.
Toda España se volvio en contra vuestra y os dijo a la cara lo que sois: Terroristas, asesinos y cobardes.
Ni olvido, ni perdón.
⭕️ Españoles: si algún día van a DAKAR (Senegal) les recomiendo que visiten el “CARRIL BICI” en que @AECID_es supuestamente invirtió nuestros impuestos (unos 1,7 Millones €) y que vean cómo la Alcaldía de Dakar lucha contra el cambio climático también con sus impuestos (700K €)
Queridos seguidores, agradecería me informaran de “esos proyectos”…
Cualquiera pensaría que la angustia con la que se vive el acceso a la vivienda quizá se habría podido evitar con un gobierno progresista y a favor de la gente en los últimos 8 años…
Le pseudo reportera le llama «puto pringao», «nazi», le dice que le «quedan dos días».
Yo no he faltado el respeto así en la vida.
Luego algunos que compran esta basura dicen que lo mío no es periodismo.
Encima esta tipeja cobra de tus impuestos en RTVE. Es inaceptable.
Sorry if this offends you, but having been born and raised in a Muslim-ruled country with a deep knowledge of Islam, I would pick a Christian-majority country without hesitation.
A huge part of Western civilization and its values, freedom, individual rights, etc, stems directly from Christian principles.
If you want to fundamentally change that, then, respectfully, get out and move to a Muslim country.
Nadie fabricó la pobreza.
Durante 200 mil años de existencia humana, la condición universal fue la miseria absoluta.
Sin excepciones.
Cada generación nacía, sobrevivía lo que podía y moría joven, hambrienta y expuesta a los elementos.
Eso no fue culpa de ningún sistema económico, no había sistema económico.
La pobreza no se crea, y np se puede crear, es el punto de partida.
Lo que necesita explicación es exactamente lo contrario.
Cómo algunos dejaron de ser pobres.
Esa es la pregunta que la clase política no quiere que hagas, porque la respuesta la deja sin trabajo.
Todo el discurso redistributivo arranca de una premisa invertida.
Asume que la riqueza es el estado natural y que alguien la está robando.
Que si hay pobres es porque alguien les sacó algo, pero no podés sacarle algo a quien nunca lo tuvo.
Lo que sacó a la humanidad de la miseria no fue un plan, ni un decreto, ni fue un comité de politicos decidiendo quién recibe qué.
Fue algo mucho más simple y mucho más difícil de aceptar.
Fue gente ahorrando. Acumulando capital. Produciendo más de lo que consumía. Invirtiendo el excedente en herramientas, en máquinas, en procesos que multiplicaron lo que un solo par de manos podía hacer.
Eso solo ocurre bajo una condición: Que nadie te saque lo que producís.
Propiedad privada.
Sin eso no hay ahorro posible, porque cualquier excedente se lo lleva el más fuerte.
Y sin ahorro no hay capital, y sin capital no hay productividad.
Y sin productividad estás exactamente donde la humanidad estuvo durante 199 mil de sus 200 mil años de historia.
Antes de 1800 el ingreso promedio real de un ser humano era practicamente indistinguible del de subsistencia.
Lo que cambió no fue la inteligencia humana ni la disponibilidad de recursos naturales.
Lo que cambió fue el marco institucional, donde se respetó la propiedad y se limitó la confiscación, la riqueza apareció.
Donde no, la miseria siguió intacta.
No es tan complicado de entender.
El político necesita que creas que la pobreza tiene culpables, porque si los tiene, él se ofrece como salvador.
Su carrera entera depende de esa inversión causal.
Te convence de que la riqueza es un pastel fijo que alguien cortó mal, y que él va a cortar mejor.
Pero la riqueza no es un pastel fijo.
Se crea.
Y se crea únicamente cuando dejás a la gente producir, ahorrar e intercambiar sin que un tercero se quede con la mitad en el camino.
La izquierda es tan mamarracha y tan sinvergüenza que cuando se constata el desastre de sus políticas, te hablan como si fuera un desastre natural, algo totalmente ajeno a ellos y todo lo que defienden.
Una noche de niebla de 1853, un hombre oyó a su hija tocar el piano a lo lejos y notó algo rarísimo: las notas agudas se perdían en la bruma, pero las graves la atravesaban limpias. Esa observación acabaría salvando a miles de marineros en Galicia. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
Sin pasaporte retirado, Presidencia ordena viaje a Bahamas y allá va la escolta. Nada raro, acompañar y proteger. No intuyen que sea una fuga. Luego el VIP no vuelve y los policías nada pueden hacer.
No hagáis el juego al PSOE. El juez no lo expresó bien, pero tiene razón.