Entonces no lo busqué y me di cuenta que la única aferrada era yo, que sin mí su vida seguía mientras la mía entraba en una pausa total, ahí comprendí que mientras él era mi mundo yo ni siquiera era parte de su vida.
Qué hermosa sensación de abrir un regalo y ver que es algo que mencionaste una vez de manera inconsciente y sentir que alguien te prestó atención como para recordarlo y hacerte feliz con eso.