Puedo entender que haya "republicanos" disgustados con el estilo de @JMilei, que no compartan el ritmo de las reformas que está llevando a cabo, estén molestos por ciertas presencias en su gobierno, o incluso dolidos en lo personal, si les tocó recibir algún ataque o crítica del presidente. Pero una cosa es disentir con algunas cosas, o estar dolido, y otra (muy distinta) es usar tus redes las 24 horas para repetir constantemente, como un loro drogado, que "Milei es lo mismo que el kirchnerismo"; "Milei es lo mismo que el kirchnerismo"; "Milei es lo mismo que el kirchnerismo". Lo único que puede concluirse sobre estos sommeliers de república, es que en realidad extrañan al kirchnerismo. O son pelotudos. O ambas cosas.
Y si no les gusta Milei, muchachos, armen un partido ustedes, ganen una elección presidencial ustedes, logren la reforma laboral ustedes, eliminen el déficit fiscal ustedes, combatan la ideología de género ustedes, capitalicen al BCRA ustedes, bajen el delito ustedes, y atraigan inversiones ustedes. Vamos que los esperamos, campeones del mundo, faros del pensamiento, todólogos patrios, regálennos su sapiencia!
Durante años, Argentina fue: un sistema más preocupado por narrarse que por funcionar. Un país que se explicaba mejor de lo que vivía. Después aparece Javier Milei, incómodo, desprolijo, inaceptable para el buen gusto del poder, pero con una virtud imperdonable: romper la escenografía. Y cuando se cae el decorado, se ve todo. Se ve que muchas certezas eran puro acting, que muchos “intérpretes de la realidad” en realidad eran sus dueños, que el sistema no estaba roto… estaba armado así. Entonces lo critican. Sin pausa, sin matices, con una obsesión que ya no es profesional… es personal. No quieren entenderlo, quieren que deje de existir. Porque el problema no es lo que hace, es lo que expone. Expone que se podía hacer distinto, que no eran imprescindibles, que el poder que tenían no era mérito, era contexto. Y eso duele. Por eso la crítica se vuelve ruido, ruido constante, ruido nervioso, ruido de fondo de algo que se está cayendo. Y cuando la crítica llega a ese punto, ya no es crítica. Es bronca, es miedo, es envidia. Pero no la envidia menor, la otra, la del que ve cómo alguien avanza y entiende que no lo va a alcanzar nunca. Entonces hace lo único que le queda: intentar frenarlo. No con argumentos, con desgaste. Porque cuando no podés competir, lo único que te queda es tratar de destruir. Y eso, aunque se disfrace de análisis, se nota demasiado.
@RashidAliGarcia Que divertido el Diego jaja pero igual gracias Macri por pensar en el club y elegir a Bianchi,los resultados responden cualquier cuestionamiento
@diegocabot La empresa que estaba a cargo(caminos del río Uruguay) ya estaba denunciada por abandono desde el gobierno de Alberto,se le dio una prórroga para regularizar la situación (sin solución)que venció el año pasado .