Abuso emocional encubierto. Abro hilo.
Hay una forma de violencia que no es sonora en sus golpes ni en sus palabras pero que resulta profundamente dañina porque supone un ataque ladino, pertinaz y tóxico a la línea de flotación de una persona. Y es muy difícil de desvelar.
Thanks for this. The critical argument is not an argument against helping people in crisis. It is a challenge to the tendency to locate problems primarily within individuals while neglecting the relational, social and material contexts in which those problems emerge.
Of course we must ask what can be done today. But we must also ask whether the frameworks we use to understand that suffering today accurately reflect the causes and whether the interventions, as such, do good. You see this as secondary, I see it as primary.
These debates matter because they shape what happens to people in consulting rooms, community teams and psychiatric wards. Continuing to do more of the failing same simply because it is the only option currently available is not a justification; it is an argument for complacency and preserving the status quo.
The fact that someone is suffering today does not absolve us of the responsibility to ask whether our explanations are correct or whether our interventions are genuinely beneficial, or whether there might be better ways. For me, it is a very dangerous idea to suggest it does.
Sección de obviedades 1.0: Mejor vivienda, menos pobreza o más estabilidad material suelen generar más salud que aumentar sin más determinadas partidas sanitarias. A veces la política más salubrista ni siquiera pasa por el hospital
@MJMaldoBelmonte Me parece que existe una sanción social mayor hacia la ira femenina en el ámbito laboral asistencial: reclamar se lee como “poco compromiso” o “falta de vocación”. Así, el sistema no solo explota el cuidado, sino que desarma la rebeldía necesaria para transformarlo.
la sanidad pública está feminizada. En salud mental sobre todo. Somos mujeres quienes sostenemos la escucha del trauma ajeno, las crisis, la cronicidad. Y se huele eso del “salario emocional”: moneda falsa con la que se paga la vocación para no pagar salarios ni condiciones.
@Sindicato_SATSE@sanidadgob Quizás alguien ha pensado que resulta demasiado escandaloso jubilar anticipadamente o parcialmente al personal de enfermería por sus horas nocturnas, sobre las que además hay un coeficiente reductor, cuando a los médicos se les amplia el horario sin derecho a nada ni pudor?🤔
Por eso, si eres mujer y trabajas en salud mental: tu fatiga no es fracaso personal. Es el síntoma de un sistema que se alimenta de tu empatía porque le sale gratis. Nombrarlo es el primer acto político.
Laurent lo clavaría: “El optimismo cruel no es el pesimismo. Es decirle a alguien que puede, cuando el sistema le asegura que no podrá”. Y en salud mental feminizada eso significa: tú puedes sostenerlo sola, tú puedes sanar lo que el estado abandona, tú puedes ser resiliente.
Te pagan con el privilegio de “ayudar”, con la sonrisa de un paciente, mientras tú asumes sola el desgaste. Porque luego vuelves a casa y ahí te espera la segunda jornada: la doméstica, la de cuidados, la que tampoco cobra. El sistema cuenta con tu culpa para que no protestes.
Exigir “autocuidado” sin cambiar ratios, salarios ni jornadas es violencia estructural con falda de flores. Las sanitarias de salud mental no necesitan más podcasts sobre gestión emocional.
El resultado? Psiquiatras y psicólogas con síndrome de burnout a los 35. Con insomnio por no poder derivar a una paciente que necesita ingreso y no hay camas. Con contracturas cervicales de tanto aguantar el llanto ajeno sin apoyo institucional. Y te dicen: “haz mindfulness”
El sistema te exige resolver más carga mental con menos tiempo, menos supervisión clínica y cero capacidad de sostener. Porque el problema no es técnico: es político. Y tiene género.
Por una asistencia en salud mental de calidad. Posicionamiento de la asociación Canaria de psicología clinica: defendemos con firmeza una garantía de calidad asistencial en la atención psicológica en el ámbito sanitario público.
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No he estado en el simposio y no voy a hablar de los contenidos pero si de un detalle de la forma... No sé... Que se quiera hacer una mesa sobre trastorno limite de personalidad en clave de género y no haya ni una mujer entre los ponentes... Me deja picueta.
Esto es un termómetro de cómo el feminismo académico se queda a veces en la etiqueta (poner “clave de género” en el título) sin tocar la estructura (quién habla, desde dónde, con qué voz).