40 años en medios me han enseñado una verdad que no falla: puedes perder dinero y recuperarlo. Puedes perder un trabajo y conseguir otro. Pero la reputación... esa se construye despacio y se puede destruir en segundos. Tu nombre es tu marca. Lo que dices, lo que cumples, cómo tratas a la gente cuando nadie te está mirando.
En la era digital todo se graba, todo se recuerda y todo se comparte. Por eso hoy más que nunca, vivir con integridad no es una opción. Es una estrategia.
Cuida tu reputación como el activo más valioso que tienes.
🚨Gustavo Petro tendrá que enfrentar las consecuencias de su patético accionar ilegal ante la justicia estadounidense.
Los colombianos están hartos de que un delincuente drogadicto esté en la Casa de Nariño.
¡Basta ya de impunidad!
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¡Hasta aquí el Hilo!
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🔥 Llevo probando Claude en Excel estos días y es una auténtica pasada, difícil volver atrás a un formato manual teniendo en cuenta la velocidad a la que se puede trabajar ahora mismo
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Teniente Coronel (Av) Guillermo Beltrán hace un llamado a la calma y señala que "cualquier foco subversivo en contra de la verdadera democracia que va a entrar a Venezuela" debe ser neutralizada. La FAN ya no está del lado del régimen. Deben entregar el poder Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello y Vladimir Padrino
¿WhatsApp prohíbe N8N?
Se acabó... ⛔
Meta actualiza sus términos y veta los chatbots de IA de propósito general dentro de WhatsApp Business (excepto el suyo)
Tiene todo el sentido, Meta no va a dejar que WhatsApp se convierta en el “frontend” gratuito de GPT.
A partir del 15 de enero, si tu bot actúa como secretario personal, recomendador o ayuda general, WhatsApp lo considerará fuera de política.
Aclaración: Esto afectaría solo a los bots de propósito general como por ejemplo Chatgpt, Copilot, etc y no a negocios que despliegan chatbots con LLMs para atender a clientes.
Así que si tienes tu bot con n8n u otro framework para temas especificos de tus clientes, "en teoría", no habrá problemas pero...
Moraleja: No construyas tu castillo en terreno ajeno. Las plataformas cambian reglas, suben precios o cierran.
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Los primeros en abandonar el Titanic
(La desbandada del régimen y el inicio del colapso)
Washington encendió la mecha.
La inclusión de Gustavo Petro, su entorno familiar y su ministro Armando Benedetti en la lista OFAC no es un gesto simbólico ni una represalia política: es la primera ficha de un dominó que amenaza con derribar el sistema de poder que se apoderó de Colombia bajo el disfraz del progresismo y la retórica moral.
En cuestión de horas, el país ha comenzado a presenciar un espectáculo predecible y patético: los primeros en abandonar el barco.
Los mismos que ayer aplaudían el verbo incendiario del presidente, hoy ensayan un nuevo lenguaje: el de la distancia prudente.
Ya no lo llaman “nuestro líder”, sino “el presidente de la República”.
Ya no invocan “ataques imperialistas”, sino “un momento complejo en las relaciones bilaterales”.
Y los comunicados que circulan desde los partidos del Pacto Histórico parecen escritos por relojeros del miedo: no lo defienden, lo lamentan; no lo acompañan, lo explican.
El naufragio político —como siempre— empieza en los silencios.
Primero callan los ministros, luego los embajadores, después los aliados que “no se pronuncian porque están reflexionando”.
Hasta que los partidos, expertos en la gramática de la cobardía, publican comunicados tibios, cubiertos de eufemismos, para decir sin decir, y defender sin comprometerse.
Así se desmorona un régimen: no con un estallido heroico, sino con el rumor cobarde de las ratas que huyen del barco.
Y mientras el capitán niega el impacto, los músicos afinan sus violines sabiendo que ya nadie baila.
Los músicos del Titanic
Mientras los oportunistas buscan botes salvavidas y los cortesanos corren a redactar sus renuncias preventivas, algunos permanecen en la cubierta.
Son los verdaderos escuderos del naufragio: los que, por lealtad, por cálculo o por simple ceguera, seguirán tocando hasta el último minuto.
Ministros que todavía repiten el libreto oxidado de la “soberanía nacional”; asesores que juran que todo es un montaje orquestado por Washington; periodistas de nómina que improvisan teorías de conspiración para justificar lo injustificable.
Todos ellos forman la orquesta del hundimiento: una sinfonía de negaciones, discursos huecos y fidelidades tardías.
Quizás algunos sean dignos, pero están condenados.
Serán recordados no por su música, sino por haber tocado mientras el agua les subía a los tobillos y la patria se iba al fondo.
La historia está escrita: los primeros en abandonar el Titanic serán los más ruidosos en negar que alguna vez subieron a bordo.
Mañana los veremos en foros internacionales hablando de ética, transparencia y derechos humanos, blanqueando con palabras lo que ensuciaron con silencios.
Serán los mismos que, cuando el barco avanzaba hacia el iceberg, aplaudían el rumbo y brindaban por el capitán.
Pero los que se quedaron —los músicos del régimen, los guardianes del delirio— no tendrán escapatoria.
Ellos se hundirán junto al capitán, como símbolos de una lealtad sin razón y de una ceguera sin retorno.
Y en el silencio final, cuando el agua cubra las luces del Palacio, quedará solo el eco de una sinfonía desafinada:
la de un gobierno que confundió la revolución con el saqueo, la justicia con la venganza y el Estado con su propio espejo.
El crepúsculo del régimen
El régimen ya no puede defenderse ni con retórica.
Las sanciones no se discuten en asambleas ni en mítines, sino en tribunales financieros donde la ideología no sirve de excusa y los discursos no mueven cifras.
El discurso antiimperialista no abre cuentas bloqueadas, no desbloquea transferencias ni limpia nombres de listas negras.
La narrativa de la resistencia sirve para agitar multitudes, no para responder ante el sistema bancario internacional.
Por eso los comunicados de defensa son tan débiles: no buscan convencer a Washington, sino tranquilizar a la opinión nacional, como si el problema fuera de percepción y no de corrupción.
Pero ya nadie cree en un poder que confunde soberanía con complicidad, ni en un presidente que llama dignidad a la impunidad.
La verdad es más simple y más brutal: el poder se les acabó no porque alguien lo arrebatara, sino porque se vació de legitimidad.
Epílogo: el orgullo antes del agua
El Titanic no se hundió por el hielo, sino por el orgullo de creerse invencible.
Así también se hunden los gobiernos que confunden el poder con el destino y la autoridad con la impunidad.
Petro no cae por una sanción extranjera: cae porque ya nadie en su propio barco cree en el rumbo.
El naufragio comenzó el día en que el capitán decidió navegar contra la verdad.
Y cuando los primeros en huir sean también los primeros en pedir perdón,
la historia sabrá reconocer que los verdaderos culpables no fueron los músicos ni los marineros,
sino el capitán que juró que el océano obedecía sus órdenes,
y terminó ahogado por su propio reflejo.
Amen
Colombia's justice has prevailed as former President Uribe is absolved after years of the political witch hunt against him and his family. #UribeInocente
OpenAI acaba de admitir que los agentes de IA reemplazarán 92 millones de empleos para 2030
Pero ocultaron la verdadera historia:
Se están creando 170 millones de empleos NUEVOS
Pasé 6 meses investigando qué diferencia a los ganadores de los perdedores
Aquí están las 7 habilidades "a prueba de recesiones" que nadie te enseña: 🧵
Aún no se ha leído la condena. Pero para muchos de nosotros —ciudadanos, abogados, observadores de la política y del alma nacional— lo que viene es evidente. No por justicia plena ni por certeza probatoria, sino por un clima cuidadosamente ambientado desde que comenzó el día. Hoy no asistimos solo a una audiencia judicial: asistimos a la consolidación de una narrativa. A la formalización de un veredicto que, desde hace rato, venía escrito en el aire.
Lo que se juzga es al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Pero lo que se condena —desde la emocionalidad, desde lo simbólico, desde cierta cultura jurídica con sesgo ideológico— es su figura, su pasado, su forma de entender el país. Es la primera instancia de un proceso que apenas comienza, sí. Pero también es el momento donde la historia se empieza a reescribir a fuego lento, y donde los símbolos se reordenan.
Porque hoy, más allá de lo jurídico, Álvaro Uribe se ha convertido en algo que hacía mucho no era: el centro emocional del país.
Durante años fue el jefe del Estado, el estratega, el caudillo, el opositor, el senador, el presidente más influyente de nuestra historia reciente. Pero también fue, por momentos, una figura desgastada, criticada, vilipendiada. Como toda figura de poder. Sin embargo, lo que ocurre hoy no lo derrumba: lo consagra. No como un político cualquiera, sino como un hombre que ha entregado incluso su libertad por el país que dice amar.
Uribe no se escondió. No huyó. No pidió asilo. No grabó un video desde una finca en el exterior. Uribe dio la cara, entró por la puerta, y ha enfrentado el proceso con la misma dureza estoica con la que gobernó. Ha hecho algo que pocos en este país hacen: someter su nombre, su pasado, su vida entera al escrutinio judicial y público, sin pedir compasión y sin ceder principios.
Y eso, tiene un poder inmenso. Porque en un país donde abundan los discursos y escasean los gestos reales, jugarse la libertad no es un gesto político: es un acto histórico. Estamos ante el acto más alto de entrega política en la historia reciente de Colombia.
No, Álvaro Uribe no es una víctima. No es alguien que haya buscado conmiseración. Lo que es ahora, más bien, es algo mucho más potente: un testigo de época. Un testimonio humano de lo que significa vivir con y para Colombia, incluso a costa de uno mismo.
La jueza, incluso, lo dijo con sus palabras: que ha sido estoico, respetuoso, presente. Y lo ha sido. Su figura, hoy, no se achica: se eleva. Como símbolo, como punto de convergencia de una indignación, y también como piedra angular de una recomposición política que ya se siente venir.
Porque este fallo —que aún no se ha firmado, pero que ya muchos leemos entre líneas— no debilita a la derecha. La reactiva. No aplasta al uribismo. Lo relanza. No divide. Reunifica.
Con Uribe condenado —y eso sí, hay que decirlo con toda la fuerza: injustamente condenado— el país no lo entierra. El país lo transforma. Y en ese giro, la derecha, si actúa con inteligencia, vuelve al centro del tablero político. Pero esta vez, no desde el gobierno, sino desde el relato.
Uribe no logró todo esto cuando tenía a Duque en la presidencia. Porque entonces tenía el poder, pero no el alma política. Hoy, en cambio, desde su condición de acusado, recupera algo mucho más difícil de conseguir: legitimidad simbólica. Vuelve a ser el punto alrededor del cual gira el sentimiento de injusticia, de persecución, de defensa del Estado, del orden, de lo que muchos sienten como “la Colombia que se nos fue”.
Y eso, cuando se encarna con dignidad, es más fuerte que cualquier oficina presidencial.
Es claro que la batalla judicial apenas comienza. Pero la política, la historia y la narrativa ya tomaron un rumbo nuevo. Lo que está en juego ahora no es solo la suerte de un hombre, sino la dirección emocional del país. Y Álvaro Uribe, como nadie, sabe caminar sobre esa línea invisible entre la fuerza y la fe.
Hoy Colombia no lo está viendo caer. Lo está viendo resurgir.
Atención 🇨🇴
Qué tal el olfato de Carlos Antonio Vélez y el macabro plan para que no existan elecciones en el 2026 ?
Será que tiene o no razón ?
Ustedes que dicen ?