Un día como hoy, 25 de diciembre, murió George Michael, la voz de Wham, el dúo británico que convirtió el pop ligero en una confesión íntima. Tenía 53 años. Murió en Navidad, como si su propia canción más famosa hubiera decidido cerrarle el círculo.
George Michael no fue solo un cantante exitoso. Fue, sobre todo, un hombre en conflicto consigo mismo y con el mundo. Desde joven convivió con tensiones políticas -una educación cercana a ideas de izquierda, una rebeldía contra el orden establecido- y con una industria que lo quería sonriente. Él no lo era.
El éxito le llegó demasiado pronto y el exceso apareció.
Las drogas fueron una muleta constante: cocaína, marihuanaby calmantes usados como anestesia. Varias detenciones, encontronazos con la policía, episodios públicos de deterioro.
El talento le daba segundas oportunidades. El cuerpo, no.
En lo personal, asumió muy joven que era homosexual viviendo su identidad con la mezcla de orgullo y fragilidad con la que vivió.
Y, sin embargo, escribió “Last Christmas”.
Una canción luminosa, casi ingenua, que suena cada diciembre en millones de lugares donde nadie piensa en la soledad que la engendró. Navidad, para George Michael, no era solo celebración: era memoria, pérdida, repetición. El amor dado, el amor roto, el corazón entregado “la Navidad pasada”.
Su muerte, precisamente en Navidad, no fue poética. Fue coherente.
El exceso no mata de golpe: desgasta, insiste, cobra cuotas pequeñas hasta quedarse con todo. George Michael no murió joven por falta de talento, sino por demasiado silencio interior, demasiado ruido químico, demasiada huida.
Hoy su voz sigue sonando.
Pero su historia queda como advertencia: El brillo no salva, el éxito no cura, y el exceso -tarde o temprano- siempre pasa factura.
El CAL suspende a la asambleísta Mónica Palacios por 90 días sin sueldo, luego de que fuera señalada por alterar el orden en una comisión y lanzar acusaciones contra el presidente Noboa y la Primera Dama. https://t.co/4OIJNfcIp2
Terrible!!
En horas de la madrugada, en la Cdla Los Almendros, sur de Guayaquil, un delincuente en moto colocó una bomba a un vehículo que se encontraba estacionado, segundos después explotó destruyendo todo.
Podrá gustar o no gustar Bukele, pero cogió un país destrozado donde la policía pedía permiso para entrar en los barrios. Llegó e hizo todo esto. Son hechos.⬇️⬇️⬇️